Los suspiros se escapan de su boca de fresa,
que ha perdido la risa, que ha perdido el color...
Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro
y a veces lloro sin querer...
¡Ya viene el cortejo!
¡Ya viene el cortejo! Ya se oyen los claros clarines,
la espada se anuncia con vivo reflejo;
ya viene, oro y hierro, el cortejo de los paladines....
He aquí el inicio de tres poemas que nos sonarán a todos, tal vez con efluvios del colegio, muy representativos del autor nicaragüense al que también rendimos homenaje jugando con los colores de la bandera de su país en esa composición de versos. Nacido en Metapa el 18 de enero de 1867 está considerado como el mayor representante literario del modernismo en español. Su nombre artístico proviene de una mezcla del suyo propio: Félix Rubén García Sarmiento, con el mote de su familia: los Darío. Comienza a destacar muy joven, a los 14 años escribe en varios periódicos, a los 15 es acogido en El Salvador por su presidente y se relaciona con poetas y periodistas. Regresa a Nicaragua, pero a los 19 años marcha a Chile donde estará tres años y publicará su primer libro "Abrojos" trabajando como periodista en los principales diarios del país. Al año siguiente publica "Azul" considerado el primer poema modernista y se dedica a viajar como periodista por varios países de América hasta que en 1892 viaja a Europa, contactando con los ambientes literarios de Madrid y París. Su vida transcurrirá entre ambos continentes, publicando aquí y allá, desarrollando cargos políticos en su país y, como representante desplazado, participa en delegaciones internacionales, mientras su relación con poetas y escritores se refuerza (Juan Ramón Jiménez le edita "Cantos de Vida y Esperanza"), hasta que comienza a redactar sus memorias. En 1914 se instala en Barcelona pero al estallar la Guerra Mundial, regresa a Guatemala y luego a León, Nicaragua, donde fallece el 6 de febrero de 1916. En realidad, la plaza de Rubén Darío está más arriba del Museo, pero como hay una estación de metro con su nombre que tiene una salida aquí, así se le conoce popularmente.
Como ya expliqué en el paseo por la Castellana a la altura del Museo, se decidió hacer el primero al Aire Libre en este espacio, para lo cual fue imprescindible la intervención de Eusebio Sempere empeñado en sacar el proyecto adelante (para conocer más al artista, os aconsejo este enlace a la web municipal de Madrid, pincha aquí), el cual tuvo que enfrentarse a una polémica política más allá del arte: el alcalde del momento, Arias Navarro, no vio seguro ni con buenos ojos que la Sirena Varada de Chillida colgase de la estructura del puente, politizando así el asunto de la estatua, la cual no se instaló hasta que su sucesor, José Luis Álvarez, en 1978 lo autorizó con sus seis mil y pico quilos de peso (la estatua, no el alcalde ¿eh?). En total son 4.200 m2 de exposición que asciende en tres niveles desde el Paseo de la Castellana a la calle Serrano, con bandas ajardinadas a los lados, quedando protegido bajo los tableros del puente.
El primer tramo del museo propiamente dicho, se identifica por su inicio en el muro de contención de la calle Serrano y el mural de agua que lo ocupa diseñado por Sempere, trazado en forma nudosa hace como si el agua ondulase y cae sobre un estanque también diseñado por él, que también diseñó los bancos de alrededor. En el centro sobresale la estatua Mediterránea de Martín Chirino con su espectacular rojo, es la primera escultura de este autor en la que usa el color, representa el mar y el sol mediante unas placas de acero soldadas y pintadas al horno.
Lo acompañan a cada lado los Toros Ibéricos de Alberto Sánchez, ampliación en bronce de la obra original propiedad de la familia, y la figura La petite faucille de Julio González, donada por su hija, es una ampliación en bronce de la obra "la pequeña hoz" de 1937 conocida también por "la hoz y el martillo". También aquí debía estar una fuente diseñada por François Baschet que, en forma circular, contaría con unos pájaros de acero inoxidable y unos curiosos mecanismos que convertirían el movimiento del agua en sonidos musicales, pero no está y punto.
Al otro lado del Paseo, en la acera de enfrente que diríamos, se encuentra la escultura Unidades-Yunta de Pablo Serrano, pertenece a la serie del mismo nombre y representa las fuerzas opuestas del universo, que podrían llegar a unirse y formar una yunta perfecta que es lo que insinúan ambas estructuras enfrentadas y listas para encontrarse. Y falta un mural de la artista Alicia Penalba que nunca llegó.
Sin duda alguna una gran representación del arte español del siglo XX que buscó integrar la vanguardia histórica de los años 20 con las diferentes tendencias de los años 50, herederas de aquella, pero de notable presencia a nivel internacional en la abstracción, el informalismo, constructivismo, etc. Siempre faltarán nombres como el de Picasso, por decir uno, pero su riqueza es indudable y su presencia imprescindible. El museo carece de horarios y consta de luces para que pueda disfrutarse incluso de noche, aunque eso ya os lo dejo para vosotros.
@ 2026, by Santiago Navas Fernández























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