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sábado, 17 de enero de 2026

PASEOS POR LOS PARQUES Y JARDINES DE MADRID CCXVIII: EL MUSEO AL AIRE LIBRE DE LA CASTELLANA.


La princesa está triste… ¿qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa,
que ha perdido la risa, que ha perdido el color...

Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro
y a veces lloro sin querer...

¡Ya viene el cortejo!
¡Ya viene el cortejo! Ya se oyen los claros clarines,
la espada se anuncia con vivo reflejo;
ya viene, oro y hierro, el cortejo de los paladines....


He aquí el inicio de tres poemas que nos sonarán a todos, tal vez con efluvios del colegio, muy representativos del autor nicaragüense al que también rendimos homenaje jugando con los colores de la bandera de su país en esa composición de versos. Nacido en Metapa el 18 de enero de 1867 está considerado como el mayor representante literario del modernismo en español. Su nombre artístico proviene de una mezcla del suyo propio: Félix Rubén García Sarmiento, con el mote de su familia: los Darío. Comienza a destacar muy joven, a los 14 años escribe en varios periódicos, a los 15 es acogido en El Salvador por su presidente y se relaciona con poetas y periodistas. Regresa a Nicaragua, pero a los 19 años marcha a Chile donde estará tres años y publicará su primer libro "Abrojos" trabajando como periodista en los principales diarios del país. Al año siguiente publica "Azul" considerado el primer poema modernista y se dedica a viajar como periodista por varios países de América hasta que en 1892 viaja a Europa, contactando con los ambientes literarios de Madrid y París. Su vida transcurrirá entre ambos continentes, publicando aquí y allá, desarrollando cargos políticos en su país y, como representante desplazado, participa en delegaciones internacionales, mientras su relación con poetas y escritores se refuerza (Juan Ramón Jiménez le edita "Cantos de Vida y Esperanza"), hasta que comienza a redactar sus memorias. En 1914 se instala en Barcelona pero al estallar la Guerra Mundial, regresa a Guatemala y luego a León, Nicaragua, donde fallece el 6 de febrero de 1916. En realidad, la plaza de Rubén Darío está más arriba del Museo, pero como hay una estación de metro con su nombre que tiene una salida aquí, así se le conoce popularmente. 

Como ya expliqué en el paseo por la Castellana a la altura del Museo, se decidió hacer el primero al Aire Libre en este espacio, para lo cual fue imprescindible la intervención de Eusebio Sempere empeñado en sacar el proyecto adelante (para conocer más al artista, os aconsejo este enlace a la web municipal de Madrid, pincha aquí), el cual tuvo que enfrentarse a una polémica política más allá del arte: el alcalde del momento, Arias Navarro, no vio seguro ni con buenos ojos que la Sirena Varada de Chillida colgase de la estructura del puente, politizando así el asunto de la estatua, la cual no se instaló hasta que su sucesor, José Luis Álvarez, en 1978 lo autorizó con sus seis mil y pico quilos de peso (la estatua, no el alcalde ¿eh?). En total son 4.200 m2 de exposición que asciende en tres niveles desde el Paseo de la Castellana a la calle Serrano, con bandas ajardinadas a los lados, quedando protegido bajo los tableros del puente. 


Ocupa lo que fue la antigua calle Martínez de la Rosa, que con su forma sinuosa cubría el desnivel, lo único que queda es un tramo final llegando ya casi arriba, en una terraza mirador que contiene la Plaza-escultura de Gustavo Torner, concebida como una especie de fuente que al final quedó en lo que es, una estructura oscura que parece esperar a contener algo entre sus cuatro garras, y en el jardín vemos la Estela de Venus de Amadeo Gabino, tótem de acero inoxidable con remaches de hierro.


Bajando por dicha antigua calle (o subiendo, que también sirve para eso) nos encontramos en el muro con el Tríptico, obra de Manuel Rivera, corresponde a la serie Los Espejos y está hecha a base de la superposición de mallas metálicas de distinta trama sobre una estructura de barras de hierro, que al observarlas nos van dando diferentes imágenes. A continuación, fotos del muro y del tramo de calle.

El primer tramo del museo propiamente dicho, se identifica por su inicio en el muro de contención de la calle Serrano y el mural de agua que lo ocupa diseñado por Sempere, trazado en forma nudosa hace como si el agua ondulase y cae sobre un estanque también diseñado por él, que también diseñó los bancos de alrededor. En el centro sobresale la estatua Mediterránea de Martín Chirino con su espectacular rojo, es la primera escultura de este autor en la que usa el color, representa el mar y el sol mediante unas placas de acero soldadas y pintadas al horno. 



En el siguiente escalón encontramos tres estatuas: Estructura premutacional de Francisco Sobrino, la cual crea diferentes figuras geométricas inacabadas entrecruzando láminas de acero inoxidable cuadradas, creando un gran dinamismo; Estructura hiperpoliédrica del espacio de Rafael Leoz en el centro, realizada en acero inoxidable representa un cubo que contiene el poliedro de Kelvin, formado por seis cuadrados y ocho hexágonos que en su interior tiene un octaedro regular, pero repetido hasta dos veces. La tercera a continuación:


Un món per a infants de Andreu Alfaro, "un mundo para niños", de la serie Generatrices, compuesto de barras de acero inoxidable que giran por su eje formando una especie de abanico de hasta 180º, anclados sobre el pedestal para dar sensación de giro. Seguimos bajando y nos encontramos otras tres más: Al otro lado del muro de José María Subirachs, realizada en hormigón con unas bolas que eran de acero pero que al ser vandalizadas se sustituyeron por otras de piedra caliza, es la primera.


Le acompañan en ese tramo Móvil de Eusebio Sempere (en el centro), compuesta por dos estructuras verticales y paralelas a 20 cm una de otra, las varillas de cada una forman una estructura distinta creando un efecto óptico curioso, y Proalí de Marcel Martí, réplica en bronce del original en mármol blanco que se puede visitar en el Museo Municipal de Madrid.


En el siguiente tramo están las obras que más tarde llegaron al museo. Preside el mural Volumen-Relieve-Arquitectura de Gerardo Rueda en el centro, obra realizada con los mismo materiales de construcción del entorno y formando estructuras geométricas de forma que queda integrado y se hace casi invisible, acompañado a los lados por Proyecto para un monumento IV B de Pablo Palazuelo, realizado en acero corten, de él dijo el propio autor que refleja "el dinamismo de lo aparentemente estático". 


También en esa condición de las dos anteriores, encontramos Mére Ubu de Joan Miró que representa a la mujer-pájaro de la obra "Ubú rey" de Alfred Jarry, por cierto que Miró se negó a la donación hasta que no se resolviese el problema de la Sirena Varada de Chillida. Una advertencia, a la fecha de hoy en el mapa guía multicolor que hecho por el Ayuntamiento a la entrada, tiene intercambiado el orden de las estatuas de Rueda y Palazuelo.


Bajando está la famosa obra de Chillida ya citada, cuyo nombre se cree que es un sarcasmo en atención al tiempo que pasó esperando a exponerse pues al principio su título era "Lugar de Encuentros III", juega con la gravedad y está realizada en hormigón armado en el que se pueden observar las marcas del encofrado. En l a foto de entrada a esta zancada se ve con más detalle desde otra perspectiva.


Lo acompañan a cada lado los Toros Ibéricos de Alberto Sánchez, ampliación en bronce de la obra original propiedad de la familia, y la figura La petite faucille de Julio González, donada por su hija, es una ampliación en bronce de la obra "la pequeña hoz" de 1937 conocida también por "la hoz y el martillo". También aquí debía estar una fuente diseñada por François Baschet que, en forma circular, contaría con unos pájaros de acero inoxidable y unos curiosos mecanismos que convertirían el movimiento del agua en sonidos musicales, pero no está y punto.


Al otro lado del Paseo, en la acera de enfrente que diríamos, se encuentra la escultura Unidades-Yunta de Pablo Serrano, pertenece a la serie del mismo nombre y representa las fuerzas opuestas del universo, que podrían llegar a unirse y formar una yunta perfecta que es lo que insinúan ambas estructuras enfrentadas y listas para encontrarse. Y falta un mural de la artista Alicia Penalba que nunca llegó.

Sin duda alguna una gran representación del arte español del siglo XX que buscó integrar la vanguardia histórica de los años 20 con las diferentes tendencias de los años 50, herederas de aquella, pero de notable presencia a nivel internacional en la abstracción, el informalismo, constructivismo, etc. Siempre faltarán nombres como el de Picasso, por decir uno, pero su riqueza es indudable y su presencia imprescindible. El museo carece de horarios y consta de luces para que pueda disfrutarse incluso de noche, aunque eso ya os lo dejo para vosotros.


@ 2026, by Santiago Navas Fernández

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