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jueves, 1 de enero de 2026

DIANA Y ENDIMION SOBRE LA GRAN VÍA.



Caminaban el Principito y la Osa callados desde hacía un buen rato, ambos sin mirarse, concentrados en sus respectivos pensamientos. Era raro que el niño de cabello de oro permaneciera en silencio tanto tiempo, pero Osa no quería interrumpirle, así que aprovechó para meditar también. Los humanos creen que lo importante es hablar, pero hay veces que el silencio compartido, también une y tiene su lenguaje secreto.

- Tienes razón -dijo el Principito, como si la hubiera escuchado hablar. Tal vez, pensó la Osa, lo había hecho y dijo su pensamiento en realidad, pero...- No Osa, no has hablado, pero sé lo que pensabas porque yo también escucho el silencio.

- ¿Y tú, en qué pensabas?

- Me acordaba de mi Zorro. De la amistad, de cómo nos conocimos y de lo que compartimos. Puede que ahora esté triste porque hace mucho que no nos vemos. Y pensaba en mi Rosa, con ella nunca hablé, pero la conocía bien y sabía qué pensaba en cada momento.

- La amistad es una de las cosas más grandes para los seres vivos, pero el amor es mucho más, porque también implica amistad, la mayor de todas.

El niño se detuvo, se quedó pensando y miró a la Osa ¿era ahora su amiga tanto como lo era el Zorro?

- ¿Qué es el amor, Osa?

¡Uf! suspiró, cómo explicar una cosa así. Era difícil, tal vez era lo que el Principito sentía por su Rosa, pero no sería ella quien lo dijera, debía deducirlo él mismo.

- Es difícil de decir, es algo tan íntimo... Pero mira, te voy a contar una historia de amor aprovechando que estamos en la Gran Vía, cerca de donde nos encontramos ¿te acuerdas?. Aprovechando este hermoso atardecer sobre los edificios ¿ves allí arriba una figura que se recorta sobre el amarillo del cielo? ¿y enfrente otra con un arco de flechas entre las manos? -El Principito alzó la vista y afirmó con la cabeza.

"Un día, una hermosa joven que vagaba por los cielos acompañada de varios perros, descubrió a un pastor joven y tan hermoso como ella misma. Estaba dormido y ella lo contempló hasta que comenzó a sentir un gusanillo recorrerle todo el cuerpo. No lo sabía, pero se acababa de enamorar.

Había un problema, la joven había hecho lo que los humanos llaman voto de castidad. Ella era hija del dios Zeus, ella era la inmortal diosa de la Caza, y él tan sólo era un pobre mortal, un pastor de ovejas que nunca debía conocer el amor de una diosa, por eso Diana descendía a su lado cada noche cuando él dormía. Se llamaba Endimión.

Zeus enfureció al saber de este comportamiento de su hija y se dispuso a acabar con la vida del joven pastor. Pero Diana le rogó que no lo matara, si no que lo dejase dormido eternamente para ella disfrutar de contemplarlo siempre, simplemente."

- ¿Y entonces porqué Diana está disparando flechas? ¿Y porqué Endimión viaja sobre un pájaro?

- Bueno, no es un pájaro solamente, es el Ave Fénix, pero de él te hablaré otro día. El caso es que Zeus no se conformó con el sueño eterno de Endimión y ordenó al Ave que se lo llevara en sus alas. Diana lo descubrió y así se nos muestra lanzando sus flechas para evitar que el ave levante el vuelo, pero como pasa a veces en el amor, las saetas que lanza no son suficientemente potentes y caen inofensivas al suelo, mira, las puedes ver sobre la acera por donde pisan los seres humanos. Bueno, quizá otro día, hoy hay demasiada gente y apenas vemos el suelo ¿verdad?

El Principito se quedó mirando a la Osa y sonrió. Él ya sabía lo que era el Amor, su Rosa, ¿cómo estaría sin él?


@ 2026, by Santiago Navas Fernández

lunes, 17 de noviembre de 2025

ATARDECER DESDE CALLE COSMOS.


- Mira Principito ¡nos han colocado unas sillas para ver el atardecer!

- En mi planeta tengo una silla, sólo una silla, no cabrían más -explicó con lógica-. Si un amigo viniera a visitarme, no tendría una silla para él. Vosotros en la Tierra, tenéis mucho espacio.

La Osa miraba al Principito, pero no quiso decirle que a veces los humanos tampoco reciben amigos, por que no los tienen, carecen de amigos. A veces los seres humanos salen, entran, conocen a decenas de otros humanos con los que salen y entran, pero no tienen ningún amigo. A veces los seres humanos tienen casi amigos a través de unos pequeños aparatos donde aparece su imagen...

- ¿Y cómo se llaman esas cosas? ¿Aparatos los has llamado? -inquirió el pequeño niño, siempre curioso. Parecía como si hubiera leído la mente a la Osa.

- Teléfonos, tablets, ordenadores, pc's, iphone... tienen muchos nombres que tu no conoces. Y los seres humanos dependen de ellos. Pero no tienen amigos.





El Principito se acordó de su zorro, él era su amigo, pero lo había dejado muy lejos y quién sabe cuándo podría volver a visitarle. "Si el zorro viniera a mi asteroide -pensaba- se podría sentar a mi lado, él no necesita de sillas... ¡y veríamos atardecer juntos!"

- Ven, Principito, te quiero enseñar uno de los atardeceres más hermosos, apenas hay gente que lo conoce. Y mucha de la que lo conoce es por un amigo mío que se lo enseñó... por cierto, gracias a esos "aparatos"

- ¿Y eso cómo es?

- Mira, figúrate que tu estás en tu pequeño planeta y tienes uno de esos aparatos. Yo podría mandarte desde aquí imágenes que tu verías a través de él. Tu ahora podrías capturar las imágenes y guardarlas en ese aparato y cuando vuelvas a tu planeta, podrías volver a verlas y sí sentirías que estamos juntos otra vez.

El Principito se quedó pensando muy serio y respondió:

- Osa, en un viaje anterior conocí a alguien que me dibujó un cordero ¿eso es una imagen? -Ante la afirmación de su compañera, quedó pensativo mirando cómo el sol se escondía detrás de las nubes- Una imagen no es nada. Una imagen no se puede acariciar. Si yo tuviera una imagen de mi zorro, no la miraría, sería como una traición porque mientras tanto él estaría en su lugar echándome de menos. No, no me parece una buena idea ¿Por qué los seres humanos de la Tierra inventáis cosas para sustituir a la realidad? 

Era una buena pregunta que la Osa no sabía contestar, porque ella tampoco usaba las cosas que usaban los humanos, tampoco comprendía su pasión por "los aparatos", aunque sabía porque y para qué los usaban, tantas veces se habían parado ante su pedestal y se hacían fotos a sus pies, que ya lo entendía como algo cotidiano. 

Por suerte, el atardecer estaba llegando a su máximo esplendor y eso entretendría al Principito que, normalmente nunca hacía una pregunta para que no se la contestaran. La repetía una y otra vez hasta obtener una solución a su duda. Así que la Osa prefirió obviar el tema y dijo:

- Mira, Principito, el atardecer ha llegado. -Y los dos se sentaron en las sillas.



@ 2025, by Santiago Navas Fernández

miércoles, 11 de diciembre de 2024

ATARDECER EN PIRÁMIDES.


Las calles vacías invitan a pasear tranquilamente. El atardecer en Madrid tiene tantos puntos que incluso a nivel de suelo, nos sorprende un día un sol brillante que comienza a declinar. Sin llegar a ocultarse tras el horizonte, su luz ya se presenta lánguida.

- ¿Qué es aquello, Osa?

- Es un Obelisco, un monumento en recuerdo de algo que levantan los seres humanos de la Tierra.

- ¡Ah!, se parece a un faro como el que tenía el farero en un asteroide que visité una vez.

- En realidad, es una pirámide pero no como las de Egipto que tu conoces.

El Principito se quedó mirando y con cierta melancolía evocó los atardeceres que veía desde su propio planeta. Pronto tendría que regresar, la Rosa le echaba de menos, sentía su nostalgia como sólo se sienten las cosas que uno vive con alma y corazón, más allá de lo que los ojos ven.


@ 2024, by Santiago Navas Fernández

viernes, 20 de septiembre de 2024

EL PRINCIPITO EN LA GRAN VIA.


La Osa se bajó de su pedestal y fue tras El Principito que estaba buscando su reflejo en los cristales de la salida del intercambiador de Sol. Lo tomó de la mano y ambos subieron por la calle de la Montera sin soltarse una del otro, atardecía, la gente pasaba alrededor suyo sin verlos, porque de otra forma se habrían sorprendido de la forma de vestir del pequeño niño rubio y hubieran huido asustados de la Osa.

sábado, 6 de enero de 2024

ATARDECER Nº 19: SOBRE LAS 4 TORRES.



El Principito caminaba tras la Osa sin decir nada, observaba. Sus pensamientos volvían a cada momento hacia su planeta, estaba preocupado por los volcanes, hacía ya tiempo que no los deshollinaba y temía que entraran en erupción. También le preocupaban las semillas que el viento hacía volar, podían posarse en su pequeño planeta y germinar, sus raíces dividirían las rocas, las separarían y el planeta podría desaparecer ¡hacía ya tanto que viajaba! Cuando quiso darse cuenta se encontró ante unos rascacielos que brillaban contra el sol del atardecer. Y se acordó de sus atardeceres, de lo fácil que le resultaba disfrutarlos, con solo mover su silla un poco. Iba a preguntar a la Osa porqué los seres humanos hacían casas tan altas, no tenía mucho sentido, salvo que buscaran el lugar desde el que ver ponerse el sol una vez tras otra, pero su amiga y guía había desaparecido de su lado, como siempre ocurría cada vez que llegaba el ocaso. Sin embargo vio la figura de un hombre sobre un pedestal, como el de la Osa pero mucho más alto, así que se dirigió hacia él para saber el por qué de aquellos edificios pues parecía el guarda o portero.

lunes, 3 de abril de 2023

EN EL 80 ANIVERSARIO DE LA PRIMERA EDICIÓN DE EL PRINCIPITO.






Érase una vez que se era que un pequeño Príncipe salió de su mundo perdido en el espacio y voló entre las estrellas y los planetas recorriendo el Universo. Érase y fue que un aviador avezado y soñador lo conoció y adquirió toda su sabiduría... y lo contó. Con motivo del 80 cumpleaños, participé con "mi colección de principitos" en el Cultural de Rtve, no dura ni 2 minutos, pero si quieres verlo, pulsa aquí. Y posteriormente fui entrevistado para la revista Uppers junto con otros fieles a El Principito, puedes leerlo pinchando aquí.


martes, 10 de enero de 2023

ATARDECER Nº 18: EL SUEÑO DE SAN ISIDRO

 


Del Capítulo V de El Principito:

"... El principito no lograba explicarse para qué podían servir, en algún lugar del cielo, en un planeta sin casa ni población, un farol y un farolero..."

"Posiblemente este hombre es absurdo. Sin embargo es menos absurdo que el rey, que el vanidoso, que el hombre de negocios y que el bebedor. Al menos, su trabajo tiene un sentido. Cuando enciende su farol, es como si hiciera nacer una estrella más, o una flor. Cuando apaga su farol, se duermen la flor o la estrella..."

"- Tengo un oficio terrible. Antes sí era razonable. Apagaba a la mañana y encendía a la noche. Tenía el resto del día para reposarme, y el resto de la noche para dormir..."

"- ...ahora que da una vuelta por minuto no tengo ni un segundo de reposo. ¡Prendo y apago una vez por minuto !

- ¡Tiene gracia ! ¡Los días acá duran un minuto !"

"El Principito lo miró y se sintió cautivado por ese farolero que era tan fiel a la consigna. Recordó las puestas de sol que él mismo iba antes a buscar, corriendo su silla."

"Ése es el único que podría haber sido mi amigo. Pero su planeta es, a decir verdad, demasiado pequeño. No hay en él lugar para dos..."


El farolero representa, quizá, la constancia en el trabajo, la fidelidad a la consigna que debe cumplirse, pero ¿para qué? El Principito, que todo lo razona, se pregunta para qué sirve su trabajo, incluso le propone que para no tener que apagar y encender el farol cada minuto, camine siempre mirando al sol y así será de día hasta que decida pararse... pero el farolero lo que quiere es dormir, es descansar y tener tiempo para sí mismo. El farolero es una metáfora de nosotros mismos, de la entrega al trabajo por el trabajo, todos necesitamos trabajar para vivir, pero no podemos vivir únicamente para trabajar, necesitamos descansar y tener tiempo para nosotros mismos, para amarnos, para cuidarnos, para crecer. Y tal vez ahí radica el contraste con "el sueño de San Isidro", el ideal de todos, que alguien nos haga el trabajo mientras nosotros dormimos. Cuyo monumento de dicho nombre permanece al lado del farol recién iluminado cuando llega el anochecer de nuevo.


Seguramente El Principito pasaría por los Jardines de San Francisco haciéndose estas u otras reflexiones similares al ver la estatua citada del durmiente San Isidro, que visitamos en la Zancada que podéis ver pinchado aquí. Y para terminar concluiría tal y como lo hace el capítulo V:

"Lo que el Principito no se atrevía a confesarse, es que extrañaba ese planeta bendito, debido principalmente ¡a las mil cuatrocientos cuarenta puestas de sol por cada veinticuatro horas !"



Desde los Jardines de San Francisco, antiguo Daliedo, pegado al lateral de San Francisco el Grande y con el Parque de la Cornisa a los pies, despedimos un nuevo atardecer con El Principito.

@ 2023 by Santiago Navas Fernández.

P.D.- Para ver más atardeceres con El Principito, pincha aquí o en la pestaña "Atardeceres", para conocer LOS 43 ATARDECERES DE EL PRINCIPITO EN MADRID.

sábado, 22 de enero de 2022

LOS 43 ATARDECERES DE EL PRINCIPITO EN MADRID.

 

 


- ¡Hola! ¿Qué haces ahí subido?

 

Giró su cabeza sorprendida por la interrogación, nadie hasta ahora le había hablado, y menos con ese tono inquisitorial, urgente, curioso. Ante ella, un niño rubio de pelo revuelto y grandes ojos, vestido de una extraña forma… o, mejor dicho, de una manera nada habitual, porque ella estaba acostumbrada a ver todas las extrañezas del mundo moverse a su lado.

 

- “¿Subido?” ¿no será más correcto decir “subida”?

 

- ¡Ah, perdón!, no sabía. ¿Qué haces ahí subida?

sábado, 12 de diciembre de 2020

ALBA Y EL PRINCIPITO

 





ALBA Y EL PRINCIPITO

 

– ¡Hola!

 

Alba acababa de abrir los ojos y se encontró directamente con la mirada azul y tranquila de un niño de rizos dorados, vestido de una forma extraña, con una capa que le cubría los hombros. Aunque lo más raro de todo es que estaba sentado en el borde de la cesta y no parecía tener miedo.

 

– ¿Quién eres? – le preguntó.

 

– Yo.

 

– Quiero decir ¿cómo te llamas y cómo has llegado hasta aquí?

 

El niño rubio le miró con sus ojos azules, no parecía entenderla muy bien. Así que Alba pensó que tal vez fuera un extranjero y no la comprendía.