Caminaban el Principito y la Osa callados desde hacía un buen rato, ambos sin mirarse, concentrados en sus respectivos pensamientos. Era raro que el niño de cabello de oro permaneciera en silencio tanto tiempo, pero Osa no quería interrumpirle, así que aprovechó para meditar también. Los humanos creen que lo importante es hablar, pero hay veces que el silencio compartido, también une y tiene su lenguaje secreto.
- Tienes razón -dijo el Principito, como si la hubiera escuchado hablar. Tal vez, pensó la Osa, lo había hecho y dijo su pensamiento en realidad, pero...- No Osa, no has hablado, pero sé lo que pensabas porque yo también escucho el silencio.
- ¿Y tú, en qué pensabas?
- Me acordaba de mi Zorro. De la amistad, de cómo nos conocimos y de lo que compartimos. Puede que ahora esté triste porque hace mucho que no nos vemos. Y pensaba en mi Rosa, con ella nunca hablé, pero la conocía bien y sabía qué pensaba en cada momento.
- La amistad es una de las cosas más grandes para los seres vivos, pero el amor es mucho más, porque también implica amistad, la mayor de todas.
El niño se detuvo, se quedó pensando y miró a la Osa ¿era ahora su amiga tanto como lo era el Zorro?
- ¿Qué es el amor, Osa?
¡Uf! suspiró, cómo explicar una cosa así. Era difícil, tal vez era lo que el Principito sentía por su Rosa, pero no sería ella quien lo dijera, debía deducirlo él mismo.
- Es difícil de decir, es algo tan íntimo... Pero mira, te voy a contar una historia de amor aprovechando que estamos en la Gran Vía, cerca de donde nos encontramos ¿te acuerdas?. Aprovechando este hermoso atardecer sobre los edificios ¿ves allí arriba una figura que se recorta sobre el amarillo del cielo? ¿y enfrente otra con un arco de flechas entre las manos? -El Principito alzó la vista y afirmó con la cabeza.
"Un día, una hermosa joven que vagaba por los cielos acompañada de varios perros, descubrió a un pastor joven y tan hermoso como ella misma. Estaba dormido y ella lo contempló hasta que comenzó a sentir un gusanillo recorrerle todo el cuerpo. No lo sabía, pero se acababa de enamorar.
Había un problema, la joven había hecho lo que los humanos llaman voto de castidad. Ella era hija del dios Zeus, ella era la inmortal diosa de la Caza, y él tan sólo era un pobre mortal, un pastor de ovejas que nunca debía conocer el amor de una diosa, por eso Diana descendía a su lado cada noche cuando él dormía. Se llamaba Endimión.
Zeus enfureció al saber de este comportamiento de su hija y se dispuso a acabar con la vida del joven pastor. Pero Diana le rogó que no lo matara, si no que lo dejase dormido eternamente para ella disfrutar de contemplarlo siempre, simplemente."
- ¿Y entonces porqué Diana está disparando flechas? ¿Y porqué Endimión viaja sobre un pájaro?
- Bueno, no es un pájaro solamente, es el Ave Fénix, pero de él te hablaré otro día. El caso es que Zeus no se conformó con el sueño eterno de Endimión y ordenó al Ave que se lo llevara en sus alas. Diana lo descubrió y así se nos muestra lanzando sus flechas para evitar que el ave levante el vuelo, pero como pasa a veces en el amor, las saetas que lanza no son suficientemente potentes y caen inofensivas al suelo, mira, las puedes ver sobre la acera por donde pisan los seres humanos. Bueno, quizá otro día, hoy hay demasiada gente y apenas vemos el suelo ¿verdad?
El Principito se quedó mirando a la Osa y sonrió. Él ya sabía lo que era el Amor, su Rosa, ¿cómo estaría sin él?
@ 2026, by Santiago Navas Fernández















