viernes, 27 de mayo de 2022

SERIE PASEOS, PARQUES Y JARDINES DE MADRID LXXXIII: EL JARDIN DE SAN FRANCISCO.

 


El grupo escultórico "El sueño de San Isidro" con el que abro este paseo, representa a San Isidro dormitando sobre un yugo de yunta de bueyes, algo tan típico en un agricultor, con un ángel que lo custodia y protege a su cabecera mientras agarra con fuerza el arado; de esta forma se quiere referir el atribuido milagro del Santo que se encontró todo el trabajo hecho mientras rezaba, un gran incentivo para orar, claro que sí, aunque efectivo parece ser que sólo le fue a Isidro. La ubicación del conjunto escultórico hace que las figuras resalten sobre el cielo de Madrid precisamente dando la espalda al lugar donde se ubica la Ermita del Santo al otro lado del río Manzanares, hacia el que desciende el talud que se crea tras la valla. Obra realizada en piedra caliza por el escultor Santiago Costa i Vaqué (Mora de Ebro, Tarragona, 02/08/1895 – Tolosa, 03/02/1984) que en compañía del arquitecto Víctor D'Ors (Madrid, 1909 -1994), hijo del filósofo Eugenio D'Ors, ganaron el concurso para realizar en 1943 la fuente en conmemoración del doscientos aniversario del nacimiento de Juan de Villanueva, la cual podemos admirar hoy en el Paseo de Camoens en el PARQUE DEL OESTE (la vimos aquí). A dicha fuente la acompañaban cuatro grupos escultóricos cuya inspiración debía ser la historia y espíritu de Madrid, todo el conjunto estuvo en la Glorieta de San Vicente hasta 1994, cuando se instala allí la réplica de la famosa puerta de Sabatini (de la que hablamos aquí).


En ese momento y debido al deterioro sufrido en los cuatro grupos escultóricos, se decidió que no acompañaran a la fuente a su nuevo destino. Pero dado que el de San Isidro no estaba tan mal, se reparó lo imprescindible y se ubicó donde la vemos ahora, allá por el 2007, tras la construcción del antiguo DALIEDO DE SAN FRANCISCO, levantado en el solar del antiguo Convento que está pegado a la Basílica de San Francisco el Grande en cuyo diseño y resolución tuvo tanto que ver el arquitecto e ingeniero de Carlos III, Francesco Sabatini (1721-1797). La demolición del antiguo convento fue provocada por su abandono a mediados del siglo XX. Una vez plantadas las Dalias que suministraba el Invernadero de Arganzuela, se comprobó que no se adaptaban bien, así que se decidió en 2016 sustituirlas por Rosales, mucho más aptos para un clima como el de Madrid y de floración más prolongada, sumándose este espacio a las diversas rosaledas que se encuentran por la capital.

Por supuesto también se le cambió el nombre por el sencillo de JARDIN DE SAN FRANCISCO, sumando a su nómina otras plantas y árboles que ofrecieran un espacio con sombras y paseos. Y aunque en realidad uno y otro son lo mismo, yo lo distinguiría del PARQUE DE LA CORNISA, donde se integra, entendiendo que la antigua Dalieda forma un conjunto en sí mismo únicamente con los actuales rosales y delimitado por la valla instalada, mientras el resto del Parque está enlazando únicamente por un pasillo vegetal que se inicia en la Gran Vía de San Francisco y baja paralela por la calle del Rosario, tal y como señala la propia web municipal en el mapa descriptor, ver aquí.



La web municipal nos da los datos más destacados de sus instalaciones, que siempre pueden variar, visto lo visto:

  • Superficie: 4.242 m2

  • Árboles.
      total : 72
    Liquidambar 24%
    Magnolio 21%
    Forsitias 14%
    Cerezo silvestre 11%
    Arbustos  total : 4 
    Juniperos 100%
    Macizos arbustivos: 1.082 m2 
    Escalonia 17%
    Juniperos 17%
    Forsitias 12%
    Cotoneaster horizontal 11%

Contamos pues, con 21 variedades de rosales que podemos ver florecidos en determinadas épocas en los macizos en que se ordena la Rosaleda, incluidos el espacio circular central y el que rodea al grupo escultórico citado; la denominación de cada agrupamiento floral responde a los nombres de Alberta, Bet Figueras, Julio Iglesias, Bluebell, Coral Drift, Gold Simphonie, Knock Out, Sevillana, Leonardo da Vinci, Tequila, Jardins de France, Orange Symphonie, etc. según vemos en las correspondientes placas que hay en cada macizo. Es inevitable pensar en los personajes o lugares a que hacen referencia.


La Real Basílica tiene un nombre oficial que es Nuestra Señora de los Ángeles, nombre por el que bien pocos la conocen, el más común de San Francisco de Asís le viene por que en este lugar descansó el santo en su peregrinar hacia Santiago de Compostela en el año 1214, dicen. La denominación real no es gratuita, en 1216 San Francisco obtuvo del papa Honorio III indulgencia plenaria para todo aquel que visitara la iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles de Porciúncula, privilegio que muy pocos lugares disfrutaban. En estos terrenos se levantaron hasta tres templos distintos, no fue hasta la llegada de Sabatini cuando se resolvió el problema del edificio quedando tal como lo vemos realizado entre 1776 y 1784, con una facha en curva y la cúpula más grande de la Península y cuarta del mundo, tras la Basílica de San Pedro y el Panteón en Roma ambas y la de Santa María del Fiore en Florencia. Tiene 33 metros de diámetro y 58 de altura, 72 metros sobre la planta de la iglesia que es circular. Pasó por diferentes usos como hospital y cuartel, incluso hubo un proyecto para convertirlo en lugar de Asamblea de Cortes por su forma circular; tras la desamortización de Mendizábal los franciscanos fueron expulsados y se proyectó un panteón de hombres ilustres en su lugar llegando a albergar varios de ellos. Hubo una gran remodelación propuesta por Antonio Cánovas del Castillo y realizada entre 1880 y 1889 que consiguió su ornamento interior; en 1926 Alfonso XIII devolvió el templo a los Franciscanos. Consta de un altar principal frente al palco real y seis capillas en torno a la base, cada una de ellas con una cúpula independiente. En la de San Bernardino está el único cuadro de Goya, donde aparece el propio autor. En la capilla de Santiago, con cuadro central de Casado del Alisal, vemos las cruces de las órdenes militares: Calatrava, Alcántara, Malta, Montesa y Santiago junto a la de los Padres Franciscanos. La capilla de Carlos III está presidida por un cuadro de Casto Plasencia donde la Inmaculada Concepción impone la Medalla de la Orden de su nombre al propio Rey en 1771. Por no alargarnos, decir que podemos admirar obras de Goya, Zurbarán, Casto Plasencia, Jover, Martínez Cubells, José del Castillo, Moreno Carbonero, Eugenio Oliva, Menéndez Pidal, González Velázquez, Gregorio Ferro, Gaspar Crayer, Carducci, Antonio Carnicero, Alonso Cano o Lucas Jordán, así como estatuas realizadas por  Jerónimo Suñol, Justo de Gandarias, Mariano Benlliure, Ricardo Bellver, Juan Samsó y Antonio Moltó, y otros varios detalles indispensables que ver como las figuras en relieve de la cúpula, los suelos y paredes en mármol, la sillería del altar, el coro, las vidrieras, "el museo interior", etc. ¡ya que estás ahí al lado viendo rosas, acércate!




@ 2022 by Santiago Navas Fernández

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