miércoles, 18 de marzo de 2020

LA MADRE ENOJADA




"El brujo se presentó ante la tribu y dijo: la Madre está enojada y ha temblado". Así comenzaba la historia que Ro se disponía a leer. Era el libro que le regaló su amiga María, estaba enamorado de ella, por tanto, cualquier cosa que viniera de sus manos, la tomaría con pasión, a pesar de que ella se hiciera la loca ante sus insinuaciones.

Ro estaba en el hospital desde hacía unos días. Era inmunodeficiente y había sufrido un brote, por lo que le habían aislado, como otras veces. Pero no en casa, esta vez en el hospital. Estar aislado no era para él un problema, de hecho tenía elaborada una guía "El camino de las musarañas". Puede que lo hiciera público cuando le mandaran a casa, para que sirviera de ayuda a los que ahora entraban en aislamiento.




Ro pensó en "el brujo", un tipo que sin medios, sólo observando, probando y deduciendo, asumía el cuidado de toda la tribu. Sus experiencias no sólo eran físicas, sino también lógicas. "...la Madre está enojada y ha temblado", siguió leyendo, el jefe quiso saber cuál era la ofensa y el brujo, por una deducción basada en sus sueños y en su lógica, dijo que no le habían dado los diezmos que ella necesitaba, esquilmaban los lugares por los que pasaban, dejaban el fuego abandonado, herían sus venas... Es difícil comprender, pensó Ro, a qué se refería en comparación con el mundo actual, claro, donde se quemaban bosques, se excavaban pozos que secaban la tierra sobre la superficie, se extinguían animales y plantas cada día, se explotaban hasta la saciedad el mar y los ríos, se contaminaba el cielo, el agua y la tierra... ¿qué diría hoy la Madre?

Ro levantó la vista y vio ante sí al "brujo", no se lo podía creer ¿estaba soñando? Puede, seguramente, pero el brujo le miraba desde los pies de la cama. A él y a la habitación, a los aparatos de respirar, a los muebles... Seguro que él tampoco se explicaba qué hacía allí. Sin embargo, mirándole a los ojos, entendió su mensaje.

"La Madre está enojada. La Madre ha temblado, ha lanzado el mar sobre las costas, se ha adentrado en islas y continentes, ha derribado vuestras casas y ha rajado la tierra. Ha derramado lluvia donde no hacía falta, cuando no tocaba, o la ha hecho desaparecer de donde debía estar. Y sin embargo, no hacéis caso, Ro"

El muchacho lo escuchó a pesar de que los labios del "brujo" no se movían.

"La Madre está enojada. Sus hijos del mar, mueren en ríos y lagos por miles. Otros se arrojan sobre vuestras playas. Muchos de sus hijos más salvajes en tierra, sólo sobreviven ya tras las rejas que construisteis para poderlos ver de cerca, pero ya no tienen casa donde volver, porque habéis ocupado su territorio para saquearlo. Las aves del cielo, también hijos de la Madre todos, no anidan donde ella les mandó, porque vosotros os los lleváis de un sitio a otro o los cazáis. Los bosque que la Madre creó, son quemados para haceros refugios que llamáis casas, carreteras, etc. Robáis el agua de las reservas que guarda la Madre en sus entrañas. Inundáis los ríos, lagos y el mar de desperdicios y basuras, pero también el cielo y hasta el universo de las estrellas.

"La Madre está enojada. Os ha castigado con nuevas enfermedades, a ver si así lo entendíais. Ha mandado terremotos, maremotos, pandemias... pero no reaccionáis. Vuestros brujos lo han dicho, pero nada existe más allá de vuestra ambición. Hacéis explotar bombas y modificáis la naturaleza de las plantas, de las moléculas, para ganar más y más dinero, a pesar de lo cual, millones de vuestros semejantes mueren de hambre, de la violencia que generáis, de las armas que inventáis. ¿Cómo no va a enojarse la Madre?

"Los antiguos os dejamos un legado: la vida, el respeto a la Madre, la capacidad de crecer y saber más y más. Pero el egoísmo os está llevando al horror. Y la Madre no va a aguantar mucho más, porque su hijo más favorecido, el ser humano, no sabe comportarse y respetar al resto de sus hermanos."

Ro abrió los ojos que había cerrado para limpiarse las lágrimas. Ante él volvió a ver la cara y los ojos del "brujo", pero ya no estaba vestido con su atávico aspecto, sino con una bata blanca.

- Soy tu nuevo doctor, Ro. Buenos días.



@ by Santiago Navas Fernández

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