domingo, 13 de junio de 2021

SERIE PASEOS Y JARDINES DE MADRID XL: DE PUENTE A PUENTE, CAMINANDO POR LA CASTELLANA (y 2 de 2)

En nuestro anterior paseo, nos quedamos admirando el monumento a la reina Isabel I de Castilla, nuestro fin hoy es llegar hasta el Museo al Aire Libre de la Castellana que está cerca del metro de Ruben Darío, nombre por el que se le conoce también. Así que vamos bajando por esta magnífica avenida totalmente ajardinada y con gran riqueza arquitectónica como no hay casi igual. Numerosos detalles la hacen singular, como la fuente que vemos en la foto del encabezamiento, o la farola y el detalle en la esquina del inicio de la calle del Pinar y López de Hoyos junto a la embajada de Portugal, debajo de este texto.


El Paseo de la Castellana no es solo una calle, es un lugar para relajarse, un lugar también para hacer algo de deporte, parase a disfrutar de las sombras o tomar algo, gracias a las numerosas terrazas que existen desde hace años en su largo recorrido, algunas de ellas incluso, con historia y, otras por desgracia, desaparecidas. No olvidaros que desde más allá de la Plaza de Castilla, dibuja una arteria verde hasta llegar a la Plaza de Colón. El último tramo hasta allí, ya lo veremos otro día. Vamos ahora a la...

Plaza Doctor Marañón

Como ya dije, este fue el final del Paseo de la Castellana durante un tiempo. Ahora dedicada al ilustre doctor Gregorio Marañón y Posadillo, madrileño (1887-1960), popularmente conocido como el médico de Alfonso XIII (al cual acompañó en el famoso viaje a Las Hurdes), alumno y admirador de Santiago Ramón y Cajal hasta el punto de dedicarle su discurso de entrada en la Academia de Ciencias y publicar un trabajo sobre él titulado "Cajal, su tiempo y el nuestro"; no fue el único personaje histórico sobre el que escribió, también lo hizo de: Enrique IV, el Conde Duque de Olivares, Luis Vives, Antonio Pérez, El Greco, Juan Maragall, etc. siempre relacionado con la medicina o el desarrollo del ser humano; incluso se atrevió con el mito de Don Juan. Comenzó en el área de la Endocrinología, pero abarcó muchos campos más, destacando sus estudios sobre la sexualidad, su confluencia con Freud, al que trató y con el que se relacionó de forma activa le influyó notablemente. No fue ajeno a su tiempo, liberal de ideología, durante la dictadura de Primo de Rivera pasó un mes en la cárcel, en 1931 salió elegido como diputado, sin abandonar sus investigaciones y labor difusora, ocupó la cátedra de Endocrinología, tras la Guerra Civil se exilió a París aunque pudo volver en 1943 y en 1945 recuperó su función docente, un año después ingresaba como vocal del Pleno del Consejo Superior de Investigaciones Científicas en representación del Patronato "Santiago Ramón y Cajal". Hoy podemos encontrar su nombre en un afamado Hospital no muy lejos de aquí, en el que sirvió como médico de beneficencia, entre otros lugares. A su fallecimiento vivía al lado de esta plaza y el Ayuntamiento decidió dedicársela con su nombre.

En el centro de la plaza encontramos el monumento al marqués del Duero. Inaugurada el 27 de junio de 1885, es una trabajo de Andrés Aleu, que también diseñó del pedestal y los relieves que lo adornan a cada lado, aunque los realizara Pablo Gilbert, y que representan uno la entrada del marqués en Oporto (30 de junio de 1847, en defensa del trono a favor la reina María II de Portugal) y otro la batalla en el pueblo navarro de Montemuro (27 de junio de 1874) donde por culpa de una bala perdió la vida el marqués, en la tercera guerra carlista. Había nacido en 1808 en la ciudad argentina de Córdoba de Tucumán, su cuerpo está enterrado en el Panteón de Hombres Ilustres de Madrid, cercano a la Iglesia de la Virgen de Atocha (lo visitamos cuando hicimos el recorrido del Pasillo Verde Ferroviario, segunda parte, ver aquí).

Manuel Gutiérrez de la Concha e Irigoyen, que es como se llamaba, fue un destacado militar español, hijo del Almirante y Gobernador de Córdoba de Tucumán fusilado en la revuelta de 1810, lo cual marcó su vida. La familia se trasladó a vivir a Madrid y el futuro marqués comenzó su carreta militar ingresando en el bando isabelino y acudiendo con diferentes grados y muchos éxitos a las guerras carlistas. Se implicó en política en el Partido Moderado e incluso participó con Narváez, O'Donell y Diego de León en la tentativa de levantamiento contra la regencia de Espartero. Y, curiosamente, años más tarde participaría en sofocar la revuelta del cuartel de San Gil. Debido a su tradición militar y sus contactos, estuvo en la primera línea de la actividad social y política del país, llegando a ser Presidente del Senado durante varios años, coincidiendo con su hermano, destacado militar y también muy activo políticamente. El marquesado fue creado por Isabel II en su beneficio el 30 de julio de 1848 para engrandecerle por su entrega en las guerras carlistas y el auxilio a la reina de Portugal. Destacó también en los negocios, entre ellos, cabe destacar la finca agrícola de San Pedro de Alcántara, dotada con los mayores adelantos de la época y cuyo desarrollo daría lugar a la localidad malagueña que hoy conocemos con dicho nombre. Tal vez ese carácter de ordeno y mando se refleje en la actitud que tiene la estatua ecuestre, que parece decir "¡allá vamos!".


Se abre en esta plaza la calle Miguel Angel que hace esquina con un moderno edificio que resalta el nombre de la empresa propietaria "La Caixa", es admirable el olivo centenario que conserva junto a un jardín de la entrada, donde su logo colorido emerge entre el césped justo al lado. La citada calle se encuentra repleta de castaños muy crecidos y a la trasera, hay un pequeño jardín bien cuidado y visitable (no como muchos otros de esta avenida, inaccesibles) que aprovechan los vecinos para pasear a sus mascotas, pero lo interesante es observar algunas especies que te sorprenderán por su presencia. Tras andar un poco llegaremos a nuestro siguiente destino.

Plaza de Emilio Castelar

La monumental composición que ocupa el centro de esta plaza, fue encargada al célebre escultor valenciano Mariano Benlliure Gil (1862-1947) que ya había realizado numerosos trabajos similares; se abrió una suscripción popular para su realización que alcanzó un monto superior a su coste y donde hubo participaciones incluso de fuera de España. En principio se iba a colocar en Cibeles, pero luego se pensó que mejor en la plaza de Cánovas del Castillo y, al final, el 6 de julio de 1908, Antonio Maura la inauguró con la asistencia de más de 2.000 personas entre las que había políticos, cargos representantes de otros municipios, el Alcalde de Madrid, prensa y los curiosos a los que dejaron acercarse todos estos figurantes de postín. ¿Y qué hicieron con el dinero sobrante? pues si recordáis, aquí era donde se ubicaba el Obelisco de la Fuente Castellana, así que les vino bien para trasladarla con mucho mimo (que era en honor de la futura reina) a la plaza de Manuel Becerra (de sus viajes posteriores ya hablamos, no voy a repetirme, tranquilos). A poco se rodeó de jardines y verja, que sería retirada así como reducida la zona verde, en cesión al creciente tráfico; durante el período franquista desapareció la alusión al lema de la República Francesa que contenía el monumento, aunque se recuperaría tras la llegada de la Democracia. De la escultura del político existe una copia más reducida en el Congreso de los Diputados.

Emilio Castelar y Ripoll (Cádiz, 07/09/1832 - San Pedro del Pinatar, 25/05/1899), levantino de raíz y gaditano por accidente debido a que su padre fue desterrado por cuestiones políticas durante la Década Ominosa (de raza le viene al galgo), fue político, catedrático, escritor, orador, periodista, etc. La vida de Castelar es tan intensa como lo fueron los tiempos en los que vivió: idealista, cristiano y racionalista, europeísta y españolista... vivió la política con pasión, destacando por su discurso, su pronunciación y entonación, su contenido también por supuesto. Entre los hechos más destacables, encontramos su oposición a la Monarquía y la decidida apuesta por la República, de hecho, criticó duramente la actitud de Isabel II (y dicen que hasta provocó su derrocamiento cuando denunció el timo de la venta de las joyas) por lo que fue destituido, lo cual a su vez dio pie a revueltas estudiantiles ("noche de San Daniel") y a que participase en los hechos del cuartel de San Gil (los que reprimió el marqués vecino de la otra plaza que acabamos de ver, dice la leyenda que me acabo de inventar, que por eso su dedo le señala y se oye una voz acallada por el fuerte tráfico de la Castellana, que dice de una plaza otra "¡voy por ti, Castelar!", os recomiendo poner voz tétrica al decirlo para mayor impacto). Tras la abdicación de Amadeo I, don Emilio participó en la proclamación de la I República, de la que ocupó varios cargos (disfrutó cuando ordenó la eliminación de los títulos nobiliarios y la abolición de la esclavitud en Puerto Rico). Primero el general Pavía, luego el general Serrano y por último, el general Martínez Campos infligieron golpes de Estado uno tras otro, los cuales al final desembocarían en el regreso y reinado de Alfonso XII, a lo que Castelar se avino pensando que desde el interior del régimen podría conseguir cierta democratización, pero se ve que no lo consiguió y en 1893 abandonó la política aconsejando a los suyos que se integraran en el Partido Liberal de Sagasta. Os recomiendo leer una amplia biografía suya en Real Academia Historia.


Justo al lado de la plaza se encuentra la embajada de EEUU, pero no tengo fotos porque no quise intentar hacerla, que la cosa está my seria y no vaya a ser que me pase como a Mecano en el viaje a Nueva York. Lo que sí os dejo es una foto del precioso edificio de al lado, llamado Castelar precisamente, y a cuya inauguración acudí hace muchos años. Enfrente nos encontramos con la Fundación Abertis, en el número 39 casi entrando ya en el último punto de nuestro paseo de hoy, unos pequeños jardines donde predominan los magnolios casi ocultan un mural en el lateral con el edificio de al lado, pero pegadito a la acera:


Museo al Aire Libre de Rubén Darío

La princesa está triste… ¿qué tendrá la princesa?

Los suspiros se escapan de su boca de fresa,

que ha perdido la risa, que ha perdido el color.

...

Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro
y a veces lloro sin querer

...

¡Ya viene el cortejo!
¡Ya viene el cortejo! Ya se oyen los claros clarines,
la espada se anuncia con vivo reflejo;
ya viene, oro y hierro, el cortejo de los paladines.

...

He aquí el inicio de tres poemas que nos sonarán a todos, tal vez con efluvios del colegio, muy representativos del autor nicaragüense al que también rendimos homenaje jugando con los colores de la bandera de su país. Nacido en Metapa el 18 de enero de 1867 está considerado como el mayor representante literario del modernismo en español. Su nombre artístico proviene de una mezcla del suyo propio: Felix Ruben García Sarmiento, con el mote de su familia: "los Darío". Comienza a destacar muy joven, a los 14 años escribe en varios periódicos, a los 15 es acogido en El Salvador por su presidente y se relaciona con poetas y periodistas. Regresa a Nicaragua, pero a los 19 marcha a Chile donde estará tres años y publicará su primer libro "Abrojos" trabajando como periodista en principales diarios del país. Al año siguiente publica "Azul" considerado el primer poema modernista y se dedica a viajar como periodista por varios países de América hasta que en 1892 viaja a Europa, contactando con los ambientes literarios de Madrid y París. Su vida transcurrirá entre ambos continentes, publicando aquí y allá, desarrollando cargos políticos en su país y como representante desplazado a otros, participa en actividades administrativas integrado en delegaciones internacionales, mientras su relación con poetas y escritores se refuerza (Juan Ramón Jiménez le edita "Cantos de Vida y Esperanza"), hasta que comienza a redactar sus memorias y sus libros. En 1914 se instala en Barcelona pero al estallar la Guerra Mundial, regresa a Guatemala y luego a León, Nicargaua, donde fallece el 6 de febrero de 1916. En realidad, la plaza de Rubén Darío está más arriba del Museo, pero como hay una estación de metro con su nombre que tiene una salida aquí, por eso lo incluimos ¡y por que lo merece, claro!

El puente bajo el cual se encuadra este Museo, es obra de los ingenieros Alberto Corral López Dóriga, José Antonio Fernández Ordóñez y Julio Martínez Calzón que en 1968 se inició con la perspectiva de unir dos áreas separadas de Madrid pero agilizando la creciente circulación de vehículos y la mejor forma era hacer un paso elevado y además, conformar el entorno para hacerlo amable. Son 320 metros lineales por 16 de ancho, de materiales ligeros (hormigón y acero corten) que se apoyan en pilares que simulan ser columnas con su fuste y capitel; las barandillas son obra de Eusebio Sempere (foto sobre este párrafo), realizadas en hierro en dos planos, juega con las formas rectas y curvas en forma de "S" que en la zona de unión del puente con las calles a que dan acceso, se convierten en círculos jugando con la sensación de movimiento que percibe el paseante. Se inauguró en 1970. Actualmente dicho puente se conoce como Paso elevado de Enrique de la Mata Gorostiza en honor al político del período de la transición así llamado, que ocupó diferentes cargos incluido el de ministro de Relaciones Laborales y alcanzó en 1981 la Presidencia de la Cruz Roja Internacional y de la Media Luna Roja, fallecido repentinamente en el Estadio de Roma en 1987; un monolito conmemorativo fue inaugurado por el alcalde José Barranco.

Volvamos al Museo. A los ingenieros y a Sempere les surgió elaborar un plan de aprovechamiento de los espacios creados. Ya existía por todo el mundo la idea de los museos al aire libre, pero en España aún no se habían ensayado como tal. El problema era económico, pues el Ayuntamiento no podía adquirir las obras de artistas reconocidos, así que la intervención de Sempere fue decisiva, consiguió la donación de las obras a cambio de que el municipio asumiera el transporte e instalación. Así quedó aprobado en 1971 y al año siguiente ya estaba a disposición del público; pero como siempre, surgió la polémica: el alcalde de turno, Arias Navarro, no vio seguro ni con buenos ojos que la Sirena Varada de Chillida (ver foto encima de este texto) colgase de la estructura del puente, politizando así el asunto de la estatua, la cual no se instaló hasta que el siguiente Alcalde, José Luis Álvarez, en 1978 lo autorizó con sus seis mil y pico quilos de peso (la estatua, no el alcalde ¿eh?). En total son 4.200 m2 de exposición que desciende en tres niveles desde la calle Serrano hacia el Paseo de la Castellana, con bandas ajardinadas a los lados, quedando protegido por los tableros del puente. Ocupa lo que fue la antigua calle Martínez de la Rosa, que con su forma sinuosa cubría el desnivel, lo único que queda es un tramo final llegando ya casi arriba, en una terraza mirador que contiene la Plaza-escultura de Gustavo Torner, concebida como una especie de fuente que al final quedó en lo que es, y en el jardín, vemos la Estela de Venus de Amadeo Gabino, tótem de acero inoxidable con remaches de hierro (ver abajo).


Bajando por dicha antigua calle (o subiendo, que también sirve para eso) nos encontramos en el muro con el Tríptico, obra de Manuel Rivera, corresponde a la serie Los Espejos y está hecha a base de la superposición de mallas metálicas de distinta trama sobre una estructura de barras de hierro, que al observarlas nos van dando diferentes imágenes. A continuación, fotos del muro y del tramo de calle.

El primer tramo se identifica por su inicio en el muro de contención de la calle Serrano y el mural de agua que lo ocupa diseñado por Sempere, trazado en forma nudosa hace como si el agua ondulase y cae sobre un estanque también diseñado por él, así como los bancos de alrededor. En el centro sobresale la estatua Mediterránea de Martín Chirino con su espectacular rojo, es la primera escultura de este autor en la que usa el color, representa el mar y el sol mediante unas placas de acero soldadas y pintadas al horno (ver ambas debajo). 


En el siguiente escalón encontramos tres estatuas: Estructura premutacional de Francisco Sobrino, crea diferentes figuras geométricas inacabadas entrecruzando láminas de acero inoxidable cuadradas, creando un gran dinamismo; Estructura hiperpoliédrica del espacio de Rafael Leoz en el centro, realizada en acero inoxidable representa un cubo que contiene el poliedro de Kelvin (formado por seis cuadrados y ocho hexágonos que en su interior tiene un octaedro regular, pero repetido hasta dos veces ¡pà vennos matao mirando!)  y Un món per a infants de Andreu Alfaro, "un mundo para niños", de la serie Generatrices, compuesto de barras de acero inoxidable que giran por su eje formando una especie de abanico de hasta 180º, anclados sobre el pedestal para dar sensación de giro.


Seguimos bajando y nos encontramos otras tres más: Al otro lado del muro de José María Subirachs, realizada en hormigón con unas bolas que eran de acero pero que al ser vandalizadas se sustituyeron por otras de piedra caliza, Móvil de Eusebio Siempre (en el centro), compuesta por dos estructuras verticales y paralelas a 20 cm una de otra, las varillas de cada una forman una estructura distinta creando un efecto óptico curioso, y Proalí de Marcel Martí, réplica en bronce del original en mármol blanco que se puede visitar en el Museo Municipal de Madrid.


En el siguiente tramo están las obras que más tarde llegaron al museo. Preside el mural Volumen-Relieve-Arquitectura de Gerardo Rueda en el centro, obra realizada con los mismo materiales de construcción del entorno y formando estructuras geométricas de forma que queda integrado y se hace casi invisible, acompañado a los lados por Proyecto para un monumento IV B de Pablo Palazuelo, realizado en acero corten, de él dijo el propio autor que refleja "el dinamismo de lo aparentemente estático" y Mére Ubu de Joan Miró que representa a la mujer-pájaro de la obra "Ubú rey" de Alfred Jarry, por cierto que Miró se negó a la donación hasta que no se resolviese el problema de la Sirena Varada de Chillida. Una advertencia, a la fecha de hoy en el mapa guía multicolor que hecho por el Ayuntamiento a la entrada, tiene intercambiado el orden de las estatuas de Rueda y Palazuelo.


Bajando está la famosa obra de Chillida ya citada, cuyo nombre se cree que es un sarcasmo en atención al tiempo que pasó esperando a exponerse pues al principio su título era "Lugar de Encuentros III", juega con la gravedad y está realizada en hormigón armado en el que se pueden observar las marcas del encofrado. Lo acompañan a cada lado los Toros Ibéricos de Alberto Sánchez, ampliación en bronce de la obra original propiedad de la familia, y la figura La petite faucille de Julio González, donada por su hija, es una ampliación en bronce de la obra "la pequeña hoz" de 1937 conocida también por "la hoz y el martillo". También aquí debía estar una fuente diseñada por François Baschet, en forma circular contaría con unos pájaros de acero inoxidable y unos curiosos mecanismos que convertirían el movimiento del agua en sonidos musicales, pero no está y punto.

Al otro lado del Paseo se encuentra la escultura Unidades-Yunta de Pablo Serrano, pertenece a la serie del mismo nombre y representa las fuerzas opuestas del universo, que podrían llegar a unirse y formar una yunta perfecta que es lo que insinúan ambas estructuras enfrentadas y listas para encontrarse. Y falta un mural de la artista Alicia Penalba que nunca llegó. 

Sin duda alguna una gran representación del arte español del siglo XX que buscó integrar la vanguardia histórica de los años 20 con las diferentes tendencias de los años 50, herederas de aquella, pero de notable presencia a nivel internacional en la abstracción, el informalismo, constructivismo, etc. Siempre faltarán nombres como el de Picasso, por decir uno, pero su riqueza es indudable y su presencia imprescindible. El museo carece de horarios y consta de luces para que pueda disfrutarse incluso de noche, aunque eso ya os lo dejo para vosotros. Y para relajaros, un pequeño vídeo del mural fuente de Sempere.


Aquí lo dejamos por hoy, no sin antes invitaros a ver una curiosa estatua en el jardín que hay delante del edificio de metal y cristal que hay al lado por la esquina con Eduardo Dato. No pertenece al Museo, pero lo parece por la cercanía.



2021, by Santiago Navas Fernández

lunes, 7 de junio de 2021

SERIE PASEOS Y JARDINES DE MADRID XXXIX: DE PUENTE A PUENTE, CAMINANDO POR LA CASTELLANA (1 de 2)

La línea que hoy marcan los Paseos de la Castellana, Recoletos y Prado tiene su origen en las sucesivas expansiones de Madrid, desde 1911 las tres juntas recibieron el nombre único de Avenida de la Libertad; tras un nuevo plan de desarrollo y prolongación ejecutado desde 1929, se cambiaría la denominación varias veces, la primera fue Avenida de la Unión Proletaria en 1936 y hasta el final de la Guerra Civil, la segunda como Avenida del Generalísimo, nombre que perduró hasta 1980. No es cuestión de describir la historia del origen de cada tramo, que ya veremos en otros paseos, pero refiriéndonos al Paseo de la Castellana, en el momento que nos situamos alcanzaba hasta el Real Hipódromo (actuales Nuevos Ministerios que ahora veremos), ocupando el espacio por donde corría un arroyo. En 1834 creció hacia el norte bajo el nombre de Paseo Nuevo de las Delicias de la Princesa, refiriéndose a la futura Isabel II, y llegaba solamente hasta el Obelisco que se levantó en honor de la princesa en la actual plaza de Gregorio Marañón, al cual se le denominó Fuente de la Castellana (es el mismo que hoy día, tras una serie de traslados, ha acabado en el Parque de Arganzuela, dentro de Madrid Río y que vimos aquí).