lunes, 7 de junio de 2021

SERIE PASEOS Y JARDINES DE MADRID XXXIX: DE PUENTE A PUENTE, CAMINANDO POR LA CASTELLANA (1 de 2)

La línea que hoy marcan los Paseos de la Castellana, Recoletos y Prado tiene su origen en las sucesivas expansiones de Madrid, desde 1911 las tres juntas recibieron el nombre único de Avenida de la Libertad; tras un nuevo plan de desarrollo y prolongación ejecutado desde 1929, se cambiaría la denominación varias veces, la primera fue Avenida de la Unión Proletaria en 1936 y hasta el final de la Guerra Civil, la segunda como Avenida del Generalísimo, nombre que perduró hasta 1980. No es cuestión de describir la historia del origen de cada tramo, que ya veremos en otros paseos, pero refiriéndonos al Paseo de la Castellana, en el momento que nos situamos alcanzaba hasta el Real Hipódromo (actuales Nuevos Ministerios que ahora veremos), ocupando el espacio por donde corría un arroyo. En 1834 creció hacia el norte bajo el nombre de Paseo Nuevo de las Delicias de la Princesa, refiriéndose a la futura Isabel II, y llegaba solamente hasta el Obelisco que se levantó en honor de la princesa en la actual plaza de Gregorio Marañón, al cual se le denominó Fuente de la Castellana (es el mismo que hoy día, tras una serie de traslados, ha acabado en el Parque de Arganzuela, dentro de Madrid Río y que vimos aquí).


El actual Paseo de la Castellana conserva algunos de los varios Palacios que se crearon en su momento, como joyas arquitectónicas, aunque se han perdido casi todos (sobre estas líneas fotos de algunos que hay en el tramo comprendido entre ambos puentes). La razón de estas construcciones la encontramos en el deseo de las personas adineradas y nobles de la época, por tener unas residencias que se identificaran con su situación social cerca de los futuros centros de decisión y desarrollo que inclinaba la ciudad al expandirse por este lado. Así, conoceremos dos construcciones en las que nos vamos a detener: los Nuevos Ministerios y el Museo Nacional de Ciencias Naturales, cerca del puente que une las calles Raimundo Fernández Villaverde con la de Joaquín Costa, que es donde dejamos el paseo la vez pasada y que nos llevará hasta el siguiente puente que une sobre la Castellana, las calles de Eduardo Dato y de Juan Bravo. Vamos allá.

Por cierto y hablando de este puente, hay que mencionar que bajó él por la parte de Raimundo Fernández Villaverde, encontramos un mural y una estructura muy curiosas, ambas en unión visual realizadas por el pintor, escultor y grabador Jesús Núñez Fernández, nacido en Betanzos en 1927. El conjunto fue inaugurado en 1987 por el alcalde Juan Barranco y se encuadra dentro de las obras que pretendían mejorar la calidad ambiental y paisajística de la ciudad en los pasos subterráneos; se ve que la idea no llegó muy allá, pues en la parte opuesta de los bajos del puente, calle Joaquín Costa, enfrente, no hay nada. El mural multicolor se alza en el muro de apoyo del puente, describe mediante siluetas y tubos rectilíneos insertados que se alzan e incluso sobresalen de la pared, el contorno de una ciudad, cuenta con un pequeño estanque que lo separa de la acera y a la vez pretende darle un aire natural; al mural abstracto lo acompaña una estructura similar pero en horizontal, sin colores, ubicado en una base de obra, a base de tuberías entrecruzadas.

Los Nuevos Ministerios

Seguro que si eres de Madrid o lo conoces relativamente, cuando te dicen "Nuevos Ministerios" los localizas mentalmente: "si, hombre, unos así grises, cuadriculados, que hay en el Paseo de la Castellana..." y cualquier otro detalle más que te haya llamado la atención como la estación del Renfe, del Metro, la cercanía a AZCA y determinados centros comerciales, etc. Pero seguro que no te has fijado en que, a pesar de su aparente planta rectangular, el frente que da a la plaza de San Juan de la Cruz está totalmente ocupado por dependencias mientras su opuesta, la que da a la calle Raimundo Fernández Villaverde sólo es edificio en parte, el resto es un muro. En cuanto a los otros dos lados, en el de Castellana unos jardines y soportales separan el edificio de la calle y en el de la calle de Agustín de Betancourt, son aparcamientos y varios patios lo que aísla la calle del edificio principal, salvo un buen tramo ya llegando a la calle Raimundo Fernández Villaverde, donde el trazado del edificio se vuelve hacia la calle y de ahí sigue esta última. Y esto tiene un porqué que algunos autores achacan a la intencionalidad ideológica del arquitecto, luego os explico.

Tras la proclamación de la II República, el Ministro de Obras Públicas Indalecio Prieto (foto arriba: estatua más oscura, en la esquina con la Plaza de San Juan de la Cruz, la otra es de Largo Caballero, delante de los arcos en el Paseo de la Castellana. La trayectoria de ambos íntimos enemigos y compañeros a pesar de ello, está muy bien explicada en el siguiente artículo, por si quieres ampliar conocimientos elsaltodiario.com/historia), estaba muy preocupado dándole vueltas a cómo crear trabajo para que la gente tuviera ingresos, basándose en la construcción, que entonces figuraos la cantidad de mano de obra que necesitaba. En eso que se presentó el arquitecto Secundino Zuazo Ugalde con un viejo proyecto suyo y le propuso reunificar los Ministerios en un campo abandonado, el antiguo Hipódromo Real, ahora que se estaba desarrollando la Castellana como futuro centro de residencia y negocios de Madrid, donde construir entre otras cosas, viviendas donde se mezclarían ricos y pobres. Al Ministro le hizo tilín y una cosa con otra, la construcción se inició en 1933 eso sí, con tan poco presupuesto que se ciñó al ministerio nada más; tras la salida de Prieto, continuaría el proyecto el siguiente Ministro y así hasta el golpe militar que dio lugar a la Guerra Civil, cuando ya estaba levantada la estructura metálica y el recubrimiento de ladrillo y mampostería, que hubo que proteger de los bombardeos. Franco se lo encontró y dijo que siguieran las obras según R.D. de 26 de abril de 1939, eso sí, por otros arquitectos más afines al régimen y que aportaron ligeras modificaciones, pues el tal Secundino resulta que en 1933 se le había ocurrido fundar la Asociación de Amigos de la Unión Soviética ¡por Dios! y era socialista declarado ¡además!. El caso es que el edificio se acabó en 1942 y constituyó un hito de estilo Herreriano, en un equidistante guiño a El Escorial, sobrio y rectilíneo, por eso mucha gente ha creído durante años que se trataba de una construcción del austero, gris y triste franquismo.

Zuazo era de la cosecha bilbaína de 1887, con un hermano jugando con los leones del Atleti; acabó su carrera en Madrid en 1912, viajó y se hinchó de las nuevas tendencias. Es autor en 1926 de El Palacio de la Música en Madrid y en 1927 del de Correos en Bilbao. Participó en el concurso internacional de 1929 convocado por el Ayuntamiento de Madrid para la ampliación de la Castellana, en el que recibe una mención especial y aunque su proyecto no gana, algunos aspectos llegan a realizarse como el llamado eje ferroviario Atocha-Chamartín conocido hoy como "túnel de la risa" (el origen del nombre es muy simple: lo equipara a la atracción de feria donde te metes por un túnel y te van dando escobazos ¡ya ves qué risa!). En 1932 diseña la Casa de las Flores (en Argüelles) y en 1935 colabora con Eduardo Torroja (conocido por sus actuaciones en la Ciudad Universitaria, que ya vimos aquí) en la construcción del desparecido Frontón Recoletos. La Guerra Civil y el franquismo posterior, interrumpen su carrera y se exilia, aunque posteriormente volvería pero considerado personal a vigilar por su ideología, a pesar de lo cual en 1946 es nombrado miembro de la Academia de Bellas Artes de San Fernando. Entre sus trabajos posteriores destaca la colonia San Cristóbal, las viviendas para los empleados de la EMT. En 1953 firmó el Manifiesto de la Alhambra junto a numerosos arquitectos muy conocidos. Fallece en 1971. Y ahora sí, su proyecto oculto de los Nuevos Ministerios es que si tomamos el edificio que da a la Plaza de San Juan de la Cruz como una unidad y el edificio central como otra, ambos son perpendiculares y su forma figurada sería un martillo; de la misma forma, el edificio que da a Raimundo Fernández Villaverde y sigue por Agustín de Betancourt gira hacia dentro para encontrarse con el edificio central, formando un cuadrado pero con un lado sin cerrar, es decir, la hoja de una hoz, por ejemplo, y el trozo del edificio central sería su mango. Así, mango de martillo y mago de hoz estarían unidos por las bases y, por tanto, todo lo que haya dentro de sus dependencias, se ubican dentro de "la hoz y el martillo" ¡menudo recuerdo dejó el arquitecto comunista a la posteridad! (mirar el dibujo en la foto de abajo, más o menos, porque es un poco difícil de pintar sin avión:)

Además de todo esto, los Nuevos Ministerios contienen en sus 93.000 m2 muchas cosas. Las dos plazas al Paseo de la Castellana recibieron el nombre de la República y del Pueblo, pero tales nombre son se conservan. En cuanto a la Arquería decir que se abre a una Sala de Exposiciones. Y en entre dicha arquería y los edificios, hay unos jardines públicos desde 1963, con horario limitado, que esconden parte de la historia viva de las Obras Públicas, además de diversos arbustos y árboles como pinos, castaños, liquidambar, encinas, tejos, álamos, madroños, gingo, magnolios, majuelos, espliego, abetos, hayas, rosales, etc. y varios estanques, aunque están vacíos. Vamos a recorrerlos, pero antes, mira este corto vídeo.


La entrada a los jardines se hace por diferentes lugares de la Castellana, incluido uno junto al centro de Exposiciones que contiene la arquería por su parte más cercana al intercambiador de metro y renfe, que fue inaugurada en 1983 con 2.400m2 donde se han concentrado numerosas exposiciones. Incluye varios pisos, uno de ellos, a estilo búnker por debajo del nivel de la calle.


Los jardines fueron abiertos al público en 1963 tras la inauguración oficial de los Nuevos Ministerios realizada por el dictador, un acontecimiento que había sido posible tras el cambio de proyecto, pues en un principio dichos jardines eran una zona asfaltada de suelo liso. En la plaza norte encontramos un estanque de 50 cm de profundidad, rodeado de un jardín de rosas y en uno de los laterales, vieja maquinaria de Obras Públicas, cuenta con dos grupos de diez surtidores de baja potencia. Antes de llegar a este punto, a un lateral hay unos jardines cerrados pues corresponden a la guardería que ocupa todo el muro que da a Fernández Villaverde. Una amplia plaza está a continuación, con un estanque redondo en el centro. Esta fuente cuenta con diez surtidores que forman un penacho acuático.



Cerca está el conjunto RED FERROVIARIA ARTERIAL, compuesta de una piedra de señalización usada en los trazados ferroviarios, una estructura de hormigón que simula el túnel y, sobre ella, un panel descriptivo de la línea para uso de videntes e invidentes, aunque está muy deteriorada. Desde este lugar, unas escaleras bajan al resto del recinto y nos ofrecen unas magníficas vistas.


Justo abajo descubrimos LA RUEDA DE LOCOMOTORA y la escultura titulada FOMENTO. La primera es lo que dice ser el título. La segunda se trata de unas planchas de acero corte de 1600 kilos de peso, apoyadas sobre una peana de igual material y elevada en un pedestal de obra, tiene un corte que simula una figura humana que parece traspasarla, es muy interesante el efecto si la observas desde distintos ángulos. Es obra del escultor y pintor Agustín Ibarrola Goicoechea, natural de Basauri que en abril de 2001 recibió la medalla al Trabajo y al cual se encargó una escultura para la conmemoración de los 150 años de la creación del Ministerio de Fomento en octubre de 1851; el resultado fue el presente diedro que inauguró el Príncipe de Asturias y el ministro del ramo, entonces Alvarez-Cascos, se instaló una placa al respecto que se encuentra desaparecida desde 2007 cuando se reinstaló la estatua que hubo que retirar para ejecutar las obras de remodelación subterránea. 


Enfrente se encuentran dos estanques rectangulares de similares características, rodeados de jardines y rosas multicolores, adornados de otros elementos, abajo podéis ver dos fotos con fondo hacia el sur y hacia el norte, respectivamente, ambos son iguales y contiene cada uno tres grupos de diez surtidores orientados en círculo (teóricamente los tienen) sobre una lámina de agua que debería estar y ser de una profundidad de 50 cm. En un lateral, cara al edificio del Ministerio de Trabajo, se encuentra la estatua a tamaño natural de Eduardo Dato sobre pedestal, Presidente del Consejo de Ministros en dos ocasiones (19113-15 y 1920-21) y fundador del citado ministerio en el segundo periodo, para intentar acoplar los tiempos a las revueltas obreras y unificar la numerosa legislación que surgía en ese momento en el mundo laboral; político conservador de origen gallego nacido en 1856, ocupó diferentes cargos políticos entre los que se encuentra la Alcaldía de Madrid y varios ministerios, además de la citada Presidencia, se enfrentó a Cánovas y optó por separarse del partido para ir junto a Francisco Silvela; la aversión de Alfonso XIII por Maura, promovió a la presidencia a Dato, cuyo logro mayor fue evitar la entrada en la Primera Guerra Mundial. La tremenda y violenta inestabilidad social le pasó la injusta factura de ser asesinado mientras regresaba hacia el Senado en 1921.


Cerca de uno de los estanques se encuentra el monolito levantado en mayo de 2019 para honrar "a los españoles deportados y fallecidos en Mauthausen y en otros campos y a todas las víctimas españolas del nazismo", por desgracia, la incultura y la falta de sensibilidad, junto con la crispación política que determinados elementos y partidos generan para obtener los votos que sus inexistentes ideas no les dan, ha provocado varios daños vandálicos que se han podido recuperar. Un minuto de silencio en honor a los muertos, por favor.


Vamos a fijarnos ahora en un LEGUARIO instalado en el centro del brazo del edificio central, al otro lado del estanque anterior. Se trata de una pequeño obelisco de estilo clásico egipcio elevado sobre un cuadrado de hormigón, actualmente situado dentro de una jardinera con flores de temporada en la que se han marcado los puntos cardinales; originalmente era un monolito que indicaba las distancias y que, en este caso, estaba situado en determinada lugar, de hecho, grabado en letras clásicas se puede leer en tres de sus caras (con un poco de atención) "Madrid 54 leguas", "Valladolid 20 leguas" y "León 4 leguas", ¡ea! ¿dónde estaba?  



Pero vamos a hablar de los frondosos jardines por los que aparecen discriminados varios recuerdos de las Obras Públicas, entre arbustos y árboles, sobre el jardín, en plazoletas o en mitad del camino, como por ejemplo el árbol de levas, la turbina hidráulica, una grúa, la apisonadora... ¡un ancla! ¡una hélice!... en fin, una muestra curiosa y amena:


Y ya para rematar, al fondo podéis ver la señalización usada en diferentes épocas no tan lejanas:


Si tenéis ganas de andar, salid y dar la vuelta al conjunto, que sepáis que en días laborables se puede andar por los patios interiores y atravesarlos, no es práctico pero una vez como curiosidad está bien. Dichos patios se usan como aparcamiento, igual que la parte de atrás y es que el arquitecto Zuazo no pensó en su día que alguna vez habría coches como para llenar todos los huecos y no pensó en hacer subterráneos, claro, que tampoco cayó en la cuenta ninguno de sus sucesores en el proyecto. Suelen rematar los patios, edificios más bajos con una galería superior, arcos y ladrillo visto, lo que hace pensar en añadidos al eje central. Salimos ahora a la Plaza de San Juan de la Cruz, amplia, luminosa y dotada en el paso de la Castellana de una vistosa fuente del mismo nombre y La Mano de Botero.



La fuente fue construida hacia 1964 por el ingeniero catalán Carlos Buigas Sans (1898-1979) en colaboración con el arquitecto municipal Manuel Herrero Palacios, siendo primero un juego de luz y agua pero luego reconvertida en algo fijo, como es ahora, pues debido al tráfico constante no se apreciaba bien el efecto. Hacia los años 80 se reforma el ajardinamiento acoplándolo a las necesidades de la circulación de vehículos. El pilón circular está construido con hormigón y piedra artificial, con luces que iluminan el césped circundante y con un efecto ideado por su constructor que hace que parezca tener más caudal, siendo el movimiento del agua más dinámico y con un dibujo más espectacular. Consta de 396 proyectores subacuáticos y 80 de candileja fluorescente en el exterior (los del césped). En el centro hay un surtidor que alcanza los 14 metros de altura al que acompañan 8 chorros emitidos por surtidores encastrados en peces que convergen el agua a mitad de altura; 12 chorros verticales en el anillo más extremo del pilón se intercalan con otros que echa el agua en parábola hacia el interior desde la boca de clásicos delfines de piedra artificial. Carlos Buigas es autor también de las cascadas y fuentes de Montjuich realizadas para la Exposición Internacional de 1929. Manuel Herrero es autor de la reforma del Prado de 1952, los jardines de la Hispanidad en la plaza de Colón, los jardines del Cuartel de la Montaña o el estanque de la Estatua de Isabel La Católica, que vemos aquí debajo y del que luego hablaremos.


En cuanto a La Mano de Fernando Botero, decir que fue una donación por diez años que hizo la Fundación Telefónica al Ayuntamiento de Madrid para su exposición pública, en 1998 (o yo no sé sumar o se ha pasado el período). El caso es que lo hizo tras la muestra de varias de sus obras expuestas por el Paseo del Prado en 1994, esta es la 3 de 3 de la serie de dicho nombre. Está realizada en bronce y es característica de su autor, Fernando Botero, natural de Medellín y que ha dejado obras a la vista por todo el mundo: París, Madrid, Nueva York, Méjico, Florencia, etc. aunque sus mayores colecciones se encuentra en Bogotá y Medellín. La Mano es muy fotografiada y de hecho, me he permitido jugar con la perspectiva simulando que cogía entre los dedos pulgar e índice, la torre de El Corte Inglés.

Museo Nacional de Ciencias Naturales

El 17 de Octubre de 1771, Carlos III creó el Real Gabinete de Historia Natural a partir de las colecciones del comerciante criollo Pedro Franco Dávila (Guayaquil, 1711 - Madrid, 1786), las cuales tenía en París, donde residía, y que eran inmensas e impresionantes; pertenecía a diversas Sociedades y Academias internacionales y su capacitación era tan alta, que se le ofreció la Presidencia del Real Gabinete, que ocupó hasta su fallecimiento. La compra de la colección que poseía Dávila, corrió a cargo de otras Sociedades y nobles españoles, la primera residencia la tuvo en el Palacio de Goyeneche en la calle Alcalá, que compartió con la Academia de Bellas Artes de San Fernando siguiendo un postulado ilustrado en el cual ciencia y arte se unían (ver foto actual debajo). La exposición abrió sus puertas el 4 de noviembre de 1776, sin distinción de procedencia o clase social de sus visitantes. A partir de ahí comienza una gran labor de captación de restos por todas las provincias, compra de colecciones privadas, intercambio con otros países, etc. hasta que el edificio se queda pequeño y se programa otro que elaboraría Juan de Villanueva a partir de 1785, el que hoy conocemos como Museo del Prado. Con la invasión napoleónica, el Real Gabinete se cerró, lo que no impidió el saqueo de sus tesoros, en parte rescatados posteriormente. En 1895, Antonio Cánovas como Presidente del Gobierno, ordena el traslado inmediato de todo el material, en dos días, a los bajos de la actual Biblioteca Nacional y Museo de Arqueología, lo que obligó a un desaforado trabajo que, no obstante, duró meses, previa protesta de eminentes científicos como Ramón y Cajal.

En 1901, con el nuevo director del Real Gabinete, Ignacio Bolivar, las colecciones encuentran sede en el Palacio de Exposiciones y la Industria construido en 1887 en los Altos del Hipódromo, compartiendo sede con la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales. El ritmo de crecimiento se acelera con nuevas colecciones y expansión de departamentos, obras de instrucción y actividades divulgativas, alcanzando cierto prestigio internacional. Al llegar la Guerra Civil, parte del material sale en aras de su protección, aunque el Museo nunca llega a cerrar; tras la contienda, decae tanto su actividad como la cantidad de personal trabajando, es la época más negra de su historia. Hasta que en 1984 el CSIC lo declara "Centro Singular" y lo restituye a su estado anterior a la Guerra, a partir del año siguiente comienza a recibir fondos, reestructuraciones, personal especializado, se crea la Sociedad de Amigos del Museo, etc. y recobra su actividad investigadora y difusora. Con la llegada de los 90 se incrementa el número de profesionales y la actividad, se vuelve a salir por Europa, por el mundo..., se potencia ante la ciudadanía con exposiciones temporales que complementan las fijas, ordenadas para que el público pueda disfrutar el conocimiento y, por supuesto, se adecúa arquitectónicamente el viejo edificio a las nuevas necesidades.

En cuanto a la construcción en sí, se comenzó a levantar en 1882, tal  como se ha dicho, en los Altos del Hipódromo, por el arquitecto Fernando de la Torriente, al que auxilió Emilio Boix y Merino, sobre una estructura de hierro y ladrillo, columnas de fundición, suelo de viguetas metálicas y armaduras de cubierta, ornamentado con motivos cerámicos y carpintería de acero, hoy prácticamente desaparecidos. El 21 de mayo de 1887 la reina regente Maria Cristina inauguró la primera Exposición Nacional de Bellas Artes que seguirían hasta 1899, luego el edificio quedo algo abandonado. El Director Bolívar consiguió en 1910 que se remodelara para trasladar allí las colecciones desperdigadas por otros edificios, pero solo lo consiguió en parte, pues debió convivir con un cuartel de la Guardia Civil, el Instituto "Torres Quevedo", la Escuela de Ingenieros y el Museo del Traje. 


https://youtu.be/BEoYyPqZuRQ

Llegando en sucesivas transformaciones a lo que hoy podemos visitar, al que se ha añadido un Jardín Mediterráneo con especies botánicas presentes en su gran mayoría en la Comunidad de Madrid, que rodea el edificio por el lateral de la calle Vitruvio y a su espalda, por cierto, que si hacemos el camino y subimos hasta el final, hay una puerta que da a la Residencia de Estudiantes justo a un extremo del canal de agua que fue la Acequia del Este y del que dimos referencia en el artículo correspondiente (ver aquí).


El paseo por el Jardín consiste en un camino y diversas derivaciones en las que iremos descubriendo numerosas especies con su nombre y en unos paneles tendremos una descripción más amplia. Hay un merendero debajo de un pino enorme, fuente, la silueta de una salamandra hecha en piedra, un pequeño lago con un par de tortugas, un riachuelo que baja desde la Residencia de Estudiantes, puentes que lo cruzan, un reloj de sol,... y una zona de paneles y aprendizaje. No todo son plantas, también las piedras tienen su representación, aunque más breve. Y un hotel de insectos (¿sabéis para qué se hacen? pues a grandes rasgos os diré que no todos los insectos viven en colonias, ni siquiera ciertas variedades de abejas, también los hay "lobos solitarios" que viajan y viajan, como "las mariquitas", así que les viene muy bien un pequeño hogar temporal, el cual se construye con diferentes materiales naturales y de distintos tamaños). Veamos unas cuantas fotos del jardín:


También nos vamos a encontrar con un busto a Luis Benedito (1882-1955) sobre una peana cuyas letras apenas se leen bien. Nacido en Valencia y dedicado, como toda la familia, a trabajos de naturalización, es llamado al Museo en 1910 por su hermano José María que trabajaba allí. Gracias al apoyo del director Ignacio Bolívar, obtuvo una beca de estudios para viajar por toda Europa conociendo a los mejores profesionales de su campo y las técnicas más avanzadas. Desde 1912 hasta 1954 trabajó en el museo, sustituyendo a su hermano José María como jefe de Taxidermistas en 1943. Especializado en mamíferos, a él se deben la mayor parte de los dioramas que existen en el museo y los regalados por Alfonso XIII a museos de Londres, Lisboa y Estocolmo.


Delante del Museo, salvando la cuesta del promontorio donde se construyó, hay unos jardines que contienen dos monumentos singulares, el primero está dedicado a la Constitución Española de 1978. Obra realizada en 1982 según el concurso para tal fin convocado por el Ayuntamiento y que ganó el arquitecto Miguel Angel Ruíz Larrea y que inauguró el Presidente de las Cortes y el Alcalde, entonces el inolvidable Enrique Tierno Galván. Tuvo su polémica, por el lugar de la instalación y por la escasa ambición artística con algunas insinuaciones de plagio a una obra de Max Bill para el Soldado Desconocido de 1952 (primer artista que se inspira en otro anterior ¿verdad?); elaborado en hormigón recubierto de mármol de Macael, con todas las caras visibles y apiramidadas hacia el interior, el centro es hueco, formando un cubo con las aristas y lados, asentado sobre una base especialmente preparada dada la cuesta en que se instaló. Carece de iluminación, pero gana en utilidad a la hora de sentarse como en un teatro ¿ves?, en la Constitución hay hueco para todos, lo mismo ese es el significado.


Un poco más abajo, ya cerca del propio acerado de la Castellana, se asienta la Fuente con el monumento a la Reina Isabel I de Castilla. Si venimos desde arriba, podemos ver sobresalir el conjunto entre los altos árboles que la circundan como si estuvieran al cabo del camino esperándonos:


El conjunto es obra de Manuel Oms Canet, modelado en yeso durante su último año de pensionado en Roma con el título "La apoteosis de Isabel la Católica marchando a la realización de nuestra unidad nacional" (a saber ¿qué le ocupó más, el título o el modelado?) donde representa a la reina acompañada de El Gran Capitán Gonzalo Fernández de Córdoba y del Cardenal de España Pedro González de Mendoza. El director de la Academia Española de Bellas Artes de esa capital, José Casado del Alisal, propuso pasarla a bronce, Alfonso XII vio la oportunidad perseguida de realizar un gran monumento a la reina y el Ayuntamiento aceptó la propuesta y puso los dineros. El 30 de noviembre de 1883 se inauguró con la asistencia de la familia real al completo, instalándola con una reja que la aislaba y que se retiró en 1958 al tener que moverse el conjunto debido a la ampliación de la calle por necesidades del tráfico. Se instaló en los jardines diseñados por Celedonio Rodrigáñez (1860-1913) frente al Museo, en el centro del estanque donde antes había una gruta de rocalla que fue sustituida por un pedestal. Celedonio fue el número uno de su promoción como ingeniero agrícola en 1880 e ingresó en el Ayuntamiento de Madrid, cinco años después es nombrado director del departamento de Jardines y Plantíos, implicándose en los problemas urbanísticos  promovió los proyectos del Parque del Oeste y la Dehesa de la Villa, influyó desde la política al ser diputado y senador en diferentes épocas y dejó un gran legado escrito en artículos y tratados de agricultura y desarrollo. Vamos, un ecologista cuando aún no los había, no sé si llevaría el pelo largo pero según algunas fotos, parece que sólo se dejó crecer el bigote.


Manuel Oms (Barcelona, 1842-1889) era hijo de otro conocido escultor, estudió en su ciudad natal donde creó los cuatro monstruos alados de la Cascada del parque de la Ciudadela, en Madrid la obra escultórica de la Sala de Baile de la actual sede de la Cámara de Comercio, entonces Palacio de los duques de Santoña. En 1878 se traslada como pensionado a Roma. Consigue algunas medallas por sus trabajos, pero es esta su obra más aclamada. De bronce, descansa sobre una cornisa y pedestal de granito sobre los que hay una placa con el escudo de Madrid y la leyenda correspondiente en honor a la reina y los acompañantes dichos, escrita con letra gótica sobre una lápida de piedra caliza. En las esquinas achaflanadas están los escudos de Castilla, Aragón, Granada y León, también en bronce. Todo ello se levanta sobre el estanque del que ya hablamos, obra del arquitecto municipal Manuel Herrero que ya citamos más arriba por su contribución a la fuente de la Plaza de San Juan de la Cruz.


Bien y como ya llevamos un ratito, vamos a darnos un respiro para continuar por la Castellana hasta el segundo puente que desvía el tráfico elevado sobre ella, salvando la diferencia de altura entre distintas calles a un lado y otro; no olvidemos que cuando no existía la Castellana, ya había un arroyo horadando el fondo. Así que aquí lo dejamos y ya visitaremos las dos plazas que nos separan del Museo al Aire Libre, fin del paseo en dos etapas "de puente a puente, caminando por la Castellana".




@ 2021, by Santiago Navas Fernández


No hay comentarios:

Publicar un comentario