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lunes, 7 de junio de 2021

SERIE PASEOS Y JARDINES DE MADRID XLII: LA CASTELLANA DE PUENTE A PUENTE (ZANCADA 1ª de 2)

La línea que hoy marcan los Paseos de la Castellana, Recoletos y Prado tiene su origen en las sucesivas expansiones de Madrid, desde 1911 las tres juntas recibieron el nombre único de Avenida de la Libertad; tras un nuevo plan de desarrollo y prolongación ejecutado desde 1929, se cambiaría la denominación varias veces, la primera fue Avenida de la Unión Proletaria en 1936 y hasta el final de la Guerra Civil, la segunda como Avenida del Generalísimo, nombre que perduró hasta 1980. No es cuestión de describir la historia del origen de cada tramo, que ya veremos en otros paseos, pero refiriéndonos al Paseo de la Castellana, en el momento que nos situamos alcanzaba hasta el Real Hipódromo (actuales Nuevos Ministerios), ocupando el espacio por donde corría un arroyo. En 1834 creció hacia el norte bajo el nombre de Paseo Nuevo de las Delicias de la Princesa, refiriéndose a la futura Isabel II, y llegaba solamente hasta el Obelisco que se levantó en honor de la princesa en la actual plaza de Gregorio Marañón, al cual se le denominó Fuente de la Castellana (es el mismo que hoy día, tras una serie de traslados, ha acabado en el Parque de Arganzuela, dentro de Madrid Río y que vimos aquí).


El actual Paseo de la Castellana conserva algunos de los varios Palacios que se crearon en su momento, como joyas arquitectónicas, aunque se han perdido casi todos (sobre estas líneas fotos de algunos que hay en el tramo que hoy vemos). La razón de estas construcciones la encontramos en el deseo de las personas adineradas y nobles de la época, por tener unas residencias que se identificaran con su situación social cerca de los futuros centros de decisión y desarrollo que inclinaba la ciudad al expandirse por este lado. Así, conoceremos dos construcciones en las que nos vamos a detener: los Nuevos Ministerios y el Museo Nacional de Ciencias Naturales, cerca del puente que une las calles Raimundo Fernández Villaverde con la de Joaquín Costa, que es donde dejamos el paseo la vez pasada y que nos llevará hasta el siguiente puente que une sobre la Castellana, las calles de Eduardo Dato y de Juan Bravo. Vamos allá.

Por cierto y hablando de este puente, hay que mencionar que bajó él por la parte de Raimundo Fernández Villaverde, encontramos un mural y una estructura muy curiosas, ambas en unión visual realizadas por el pintor, escultor y grabador Jesús Núñez Fernández, nacido en Betanzos en 1927. El conjunto fue inaugurado en 1987 por el alcalde Juan Barranco y se encuadra dentro de las obras que pretendían mejorar la calidad ambiental y paisajística de la ciudad en los pasos subterráneos; se ve que la idea no llegó muy allá, pues en la parte opuesta de los bajos del puente, calle Joaquín Costa, enfrente, no hay nada. El mural multicolor se alza en el muro de apoyo del puente, describe mediante siluetas y tubos rectilíneos insertados que se alzan e incluso sobresalen de la pared, el contorno de una ciudad, cuenta con un pequeño estanque que lo separa de la acera y a la vez pretende darle un aire natural; al mural abstracto lo acompaña una estructura similar pero en horizontal, sin colores, ubicado en una base de obra, a base de tuberías entrecruzadas.

Podemos aprovechar, si no los conocemos, para entrar a conocer los jardines de los Nuevos Ministerios, recorrer la galería que lo separa de la Castellana, ver alguna exposición en la Galería que con ese destino tiene... en cualquier caso, si queréis conocer la historia de esta edificación, hay una zancada en exclusiva dedicada a ellos, que se publicará en breve. Sólo si habéis entrado, salimos ahora a la Plaza de San Juan de la Cruz, amplia, luminosa y dotada en el paso de la Castellana de una vistosa fuente del mismo nombre y La Mano de Botero.


La fuente fue construida hacia 1964 por el ingeniero catalán Carlos Buigas Sans (1898-1979) en colaboración con el arquitecto municipal Manuel Herrero Palacios, siendo primero un juego de luz y agua pero luego reconvertida en algo fijo, como es ahora, pues debido al tráfico constante no se apreciaba bien el efecto. Hacia los años 80 se reforma el ajardinamiento acoplándolo a las necesidades de la circulación de vehículos. El pilón circular está construido con hormigón y piedra artificial, con luces que iluminan el césped circundante y con un efecto ideado por su constructor que hace que parezca tener más caudal, siendo el movimiento del agua más dinámico y con un dibujo más espectacular. Consta de 396 proyectores subacuáticos y 80 de candileja fluorescente en el exterior (los del césped). En el centro hay un surtidor que alcanza los 14 metros de altura al que acompañan 8 chorros emitidos por surtidores encastrados en peces que convergen el agua a mitad de altura; 12 chorros verticales en el anillo más extremo del pilón se intercalan con otros que echa el agua en parábola hacia el interior desde la boca de clásicos delfines de piedra artificial. Carlos Buigas es autor también de las cascadas y fuentes de Montjuich realizadas para la Exposición Internacional de 1929. Manuel Herrero es autor de la reforma del Prado de 1952, los jardines de la Hispanidad (hoy JARDINES DEL DESCUBRIMIENTO) en la plaza de Colón, los jardines del Cuartel de la Montaña o el estanque de la Estatua de Isabel La Católica, del cual luego hablaremos.


En cuanto a La Mano de Fernando Botero, decir que fue una donación por diez años que hizo la Fundación Telefónica al Ayuntamiento de Madrid para su exposición pública en 1998 (o yo no sé sumar o se ha pasado el período). El caso es que lo hizo tras la muestra de varias de sus obras expuestas por el Paseo del Prado en 1994, esta es la 3 de 3 de la serie de dicho nombre. Está realizada en bronce y es característica de su autor, Fernando Botero, natural de Medellín y que ha dejado obras a la vista por todo el mundo: París, Madrid, Nueva York, Méjico, Florencia, etc. aunque sus mayores colecciones se encuentra en Bogotá y Medellín. La Mano es muy fotografiada y de hecho, me he permitido jugar con la perspectiva simulando que cogía entre los dedos pulgar e índice, la torre de El Corte Inglés.

 En un lateral de dicha plaza se alza el Museo Nacional de Ciencias Naturales, del cual vamos a conocer lo que podamos. El 17 de Octubre de 1771, Carlos III creó el Real Gabinete de Historia Natural a partir de las colecciones del comerciante criollo Pedro Franco Dávila (Guayaquil, 1711 - Madrid, 1786), las cuales tenía en París, donde residía, y que eran inmensas e impresionantes; Franco Dávila pertenecía a diversas Sociedades y Academias internacionales y su capacitación era tan alta, que se le ofreció la presidencia del Real Gabinete, que ocupó hasta su fallecimiento. La compra de la colección que poseía Dávila, corrió a cargo de otras Sociedades y nobles españoles, la primera residencia la tuvo en el Palacio de Goyeneche en la calle Alcalá, que compartió con la Academia de Bellas Artes de San Fernando siguiendo un postulado ilustrado en el cual ciencia y arte se unían (ver foto actual debajo). La exposición abrió sus puertas el 4 de noviembre de 1776, sin distinción de procedencia o clase social de sus visitantes. A partir de ahí comienza una gran labor de captación de restos por todas las provincias, compra de colecciones privadas, intercambio con otros países, etc. hasta que el edificio se queda pequeño y se programa otro que elaboraría Juan de Villanueva a partir de 1785, el que hoy conocemos como Museo del Prado. Con la invasión napoleónica, el Real Gabinete se cerró, lo que no impidió el saqueo de sus tesoros, en parte rescatados posteriormente. En 1895, Antonio Cánovas como Presidente del Gobierno, ordena el traslado inmediato de todo el material en dos días a los bajos de la actual Biblioteca Nacional y Museo de Arqueología, lo que obligó a un desaforado trabajo que, no obstante, duró meses, previa protesta de eminentes científicos como Ramón y Cajal.

En 1901, con el nuevo director del Real Gabinete, Ignacio Bolívar, las colecciones encuentran sede en el Palacio de Exposiciones y la Industria construido en 1887 en los Altos del Hipódromo, donde nos encontramos, compartiendo sede con la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales. El ritmo de crecimiento se acelera con nuevas colecciones y expansión de departamentos, obras y actividades divulgativas, alcanzando cierto prestigio internacional. Al llegar la Guerra Civil, parte del material sale en aras de su protección, aunque el Museo nunca llega a cerrar; tras la contienda, decae tanto su actividad como la cantidad de personal trabajando, es la época más negra de su historia. Hasta que en 1984 el CSIC lo declara "Centro Singular" y lo restituye a su estado anterior a la Guerra, a partir del año siguiente comienza a recibir fondos, reestructuraciones, personal especializado, se crea la Sociedad de Amigos del Museo, etc. y recobra su actividad investigadora y difusora. Con la llegada de los 90 se incrementa el número de profesionales y la actividad, se vuelve a salir por Europa, por el mundo..., se potencia ante la ciudadanía con exposiciones temporales que complementan las fijas, ordenadas para que el público pueda disfrutar el conocimiento y, por supuesto, se adecúa arquitectónicamente el viejo edificio a las nuevas necesidades.

En cuanto a la construcción en sí, se comenzó a levantar en 1882, tal  como se ha dicho, en los Altos del Hipódromo, por el arquitecto Fernando de la Torriente, al que auxilió Emilio Boix y Merino, sobre una estructura de hierro y ladrillo, columnas de fundición, suelo de viguetas metálicas y armaduras de cubierta, ornamentado con motivos cerámicos y carpintería de acero, hoy prácticamente desaparecidos. El 21 de mayo de 1887 la reina regente María Cristina inauguró la primera Exposición Nacional de Bellas Artes que seguirían hasta 1899, luego el edificio quedo algo abandonado. El Director Bolívar consiguió en 1910 que se remodelara para trasladar allí las colecciones desperdigadas por otros edificios, pero solo lo consiguió en parte, pues debió convivir con un cuartel de la Guardia Civil, el Instituto "Torres Quevedo", la Escuela de Ingenieros y el Museo del Traje. 


https://youtu.be/BEoYyPqZuRQ

Llegando en sucesivas transformaciones a lo que hoy podemos visitar, al que se ha añadido un Jardín Mediterráneo con especies botánicas procedentes en su gran mayoría en la Comunidad de Madrid, que rodea el edificio por el lateral de la calle Vitruvio y a su espalda, por cierto, que si hacemos el camino y subimos hasta el final, hay una puerta que da a la Residencia de Estudiantes justo a un extremo del canal de agua que fue la Acequia del Este y del que dimos referencia en el artículo correspondiente (ver aquí).


El paseo por el Jardín consiste en un camino y diversas derivaciones en las que iremos descubriendo numerosas especies con su nombre y en unos paneles tendremos una descripción más amplia. Hay un merendero debajo de un pino enorme y una fuente, la silueta de una salamandra hecha en piedra en uno de los caminos, un pequeño lago con un par de tortugas, un riachuelo que baja desde la Residencia de Estudiantes, puentes que lo cruzan, un reloj de sol,... y una zona de paneles preparada para recibir a los colegios que lo visitan para dar una clase al aire libre. No todo son plantas, también las piedras tienen su representación, aunque más breve. Y un hotel de insectos (¿sabéis para qué se hacen? pues a grandes rasgos os diré que no todos los insectos viven en colonias, ni siquiera ciertas variedades de abejas, también los hay "lobos solitarios" que viajan y viajan, como "las mariquitas", así que les viene muy bien un pequeño hogar temporal, el cual se construye con diferentes materiales naturales y de distintos tamaños). Veamos unas cuantas fotos del jardín:


También nos vamos a encontrar con un busto a Luis Benedito (1882-1955) sobre una peana cuyas letras apenas se pueden leer. Nacido en Valencia y dedicado, como toda su familia, a trabajos de naturalización, es llamado al Museo en 1910 por su hermano José María que trabajaba allí. Gracias al apoyo del director Ignacio Bolívar, obtuvo una beca de estudios para viajar por toda Europa conociendo a los mejores profesionales de su campo y las técnicas más avanzadas. Desde 1912 hasta 1954 trabajó en el museo, sustituyendo a su hermano José María como jefe de Taxidermistas en 1943. Especializado en mamíferos, a él se deben la mayor parte de los dioramas que existen en el museo y los regalados por Alfonso XIII a museos de Londres, Lisboa y Estocolmo.


Delante del Museo, salvando la cuesta del promontorio donde se construyó, hay unos jardines que contienen dos monumentos singulares, el primero está dedicado a la Constitución Española de 1978. Obra realizada en 1982 según el concurso para tal fin convocado por el Ayuntamiento y que ganó el arquitecto Miguel Angel Ruíz Larrea y que inauguró el Presidente de las Cortes y el Alcalde, entonces el inolvidable Enrique Tierno Galván. Tuvo su polémica, por el lugar de la instalación y por la escasa ambición artística con algunas insinuaciones de plagio a una obra de Max Bill para el Soldado Desconocido de 1952 (primer artista que se inspira en otro anterior ¿verdad?); elaborado en hormigón recubierto de mármol de Macael, con todas las caras visibles y apiramidadas hacia el interior, el centro es hueco, formando un cubo con las aristas y lados, asentado sobre una base especialmente preparada dada la cuesta en que se instaló. Carece de iluminación, pero gana en utilidad a la hora de sentarse como en un teatro ¿ves?, en la Constitución hay hueco para todos, lo mismo ese es el significado.


Un poco más abajo, ya cerca del propio acerado de la Castellana, se asienta la Fuente con el monumento a la Reina Isabel I de Castilla. Si venimos desde arriba, podemos ver sobresalir el conjunto entre los altos árboles que la circundan como si estuvieran al cabo del camino esperándonos:


El conjunto es obra de Manuel Oms Canet, modelado en yeso durante su último año de pensionado en Roma con el título "La apoteosis de Isabel la Católica marchando a la realización de nuestra unidad nacional" (a saber ¿qué le ocupó más, el título o el modelado?) donde representa a la reina acompañada de El Gran Capitán Gonzalo Fernández de Córdoba y del Cardenal de España Pedro González de Mendoza. El director de la Academia Española de Bellas Artes de esa capital, José Casado del Alisal, propuso pasarla a bronce, Alfonso XII vio la oportunidad perseguida de realizar un gran monumento a la reina y el Ayuntamiento aceptó la propuesta y puso los dineros. El 30 de noviembre de 1883 se inauguró con la asistencia de la familia real al completo, instalándola con una reja que la aislaba y que se retiró en 1958 al tener que moverse el conjunto debido a la ampliación de la calle por necesidades del tráfico. Se instaló en los jardines diseñados por Celedonio Rodrigáñez (1860-1913) frente al Museo, en el centro del estanque donde antes había una gruta de rocalla que fue sustituida por un pedestal. Celedonio fue el número uno de su promoción como ingeniero agrícola en 1880 e ingresó en el Ayuntamiento de Madrid, cinco años después es nombrado director del departamento de Jardines y Plantíos, implicándose en los problemas urbanísticos  promovió los proyectos del Parque del Oeste y la Dehesa de la Villa, influyó desde la política al ser diputado y senador en diferentes épocas y dejó un gran legado escrito en artículos y tratados de agricultura y desarrollo. Vamos, un ecologista cuando aún no los había, no sé si llevaría el pelo largo pero según algunas fotos, parece que sólo se dejó crecer el bigote.


Manuel Oms (Barcelona, 1842-1889) era hijo de otro conocido escultor, estudió en su ciudad natal donde creó los cuatro monstruos alados de la Cascada del parque de la Ciudadela, en Madrid la obra escultórica de la Sala de Baile de la actual sede de la Cámara de Comercio, entonces Palacio de los duques de Santoña. En 1878 se traslada como pensionado a Roma. Consigue algunas medallas por sus trabajos, pero es esta su obra más aclamada. De bronce, descansa sobre una cornisa y pedestal de granito sobre los que hay una placa con el escudo de Madrid y la leyenda correspondiente en honor a la reina y los acompañantes dichos, escrita con letra gótica sobre una lápida de piedra caliza. En las esquinas achaflanadas están los escudos de Castilla, Aragón, Granada y León, también en bronce. Todo ello se levanta sobre el estanque del que ya hablamos, obra del arquitecto municipal Manuel Herrero que ya citamos más arriba por su contribución a la fuente de la Plaza de San Juan de la Cruz.


Bien y como ya llevamos un ratito, vamos a darnos un respiro para continuar por la Castellana hasta el segundo puente que desvía el tráfico elevado sobre ella, salvando la diferencia de altura entre distintas calles a un lado y otro; no olvidemos que cuando no existía la Castellana como vía, ya existía un arroyo horadando el fondo. Así que aquí lo dejamos y ya visitaremos las dos plazas que nos separan del Museo al Aire Libre, fin del paseo en dos etapas "de puente a puente, caminando por la Castellana".


P.D.- Llévate el texto completo en la GUÍA BÁSICA del Paseo de la Castellana adquiriéndola en Amazon.es.




@ 2021, by Santiago Navas Fernández


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