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viernes, 2 de septiembre de 2022

SERIE PASEOS POR PARQUES Y JARDINES DE MADRID XCIII: UNA ZANCADA POR LAVAPIÉS.





Pocos jardines vamos a ver aquí, solo algunas placitas y un par de iniciativas de los vecinos, una de ellas arrancada por iniciativa municipal al día siguiente de hacer este artículo (espero no haber tenido nada que ver). El barrio de Lavapiés no existe administrativamente hablando a pesar de que es uno de los más tradicionales y castizos de Madrid, forma parte del barrio de Embajadores encuadrado en el Distrito Centro y creció con gentes humildes que se asentaron en este arrabal cuyos terrenos descienden en cuesta hacia el río. Su origen supera los 500 años según vestigios y menciones en planos antiguos, sobre el nombre existen varias teorías. Una de ellas dice que era un barrio judío nacido del agrupamiento de los creyentes de esta religión siguiendo las órdenes reales de que debían organizarse en barrios propios, esta teoría se basa en los restos encontrados de una sinagoga ubicada donde ahora está la parroquia de San Lorenzo (casualmente el santo que murió torturado en la parrilla por su fe, ver foto debajo del párrafo) y del cementerio hallado en la lindante calle del Salitre, hasta ahí el núcleo poblacional. Ahondando en esa teoría, cuando los monarcas españoles ordenan la expulsión de los judíos, el barrio comienza a adaptarse a los nuevos tiempos y de ahí nombres de calles como "de la Fé", "Amor de Dios", etc. que lo mismo valían para un cristiano que para un judío que para un musulmán (que tal vez también se refugiaron por aquí) y ambos con una costumbre común: lavarse antes de la oración, para lo cual se piensa que se instaló la Fuente que ahora veremos. Cualquier cristiano que visitara el barrio debía lavarse los pies al salir por haber pisado la impureza de un territorio donde vivían infieles. Sin embargo hay quien atribuye su existencia a la obligación de lavarse los pies de los viajeros y el uso que para ello se hacía de la Fuente situada hasta que no se levantó la cerca de Felipe IV en los arrabales exteriores de Madrid. La teoría menos comprometida es la que dice que como el terreno era pura escorrentía los días de lluvia, allí se mojaban quiera que no, todo el mundo los pies. A partir del siglo XVIII parece ser que algunas personas como Ramón de la Cruz o Mesonero Romanos, comienzan a denominar Avapiés al lugar debido a que la composición de dicho nombre no distinguía en el castellano antiguo la separación de palabras, pero esto ya son discusiones un tanto técnicas.