jueves, 30 de septiembre de 2021

SERIE PASEOS, PARQUES Y JARDINES DE MADRID LIV: VICÁLVARO, DEL CERRO ALMODÓVAR A VALDEBERNARDO.



Vamos a empezar nuestro paseo por el emblemático CERRO ALMODÓVAR, cuyo nombre parece ser de origen árabe y viene a significar algo así como "el redondo". Seguramente has pasado junto a él sin verlo, o si sí lo has visto, te hayas preguntado qué es esa formación que casi parece un trapecio invertido perfecto. No es un vestigio mágico de tenebrosas culturas, ni tiene leyendas que hablen de un tesoro oculto en su interior, tampoco se trata de una pista de aterrizaje para extraterrestres... entonces ¿qué es? pues simplemente una formación singular y característica de un tipo de paisaje, el resultado de la erosión sobre unas mesetas formadas por materiales débiles, que se van deshaciendo y dejan como recuerdo estos montículos. Similares son el Cerro de San Juan del Viso en Alcalá de Henares o el Cerro de los Ángeles, todos visibles desde la cúspide del de Almodóvar.

lunes, 20 de septiembre de 2021

SERIE PASEOS, PARQUES Y JARDINES DE MADRID LIII: NUEVO PROYECTO A LA VISTA: BRAVO MURILLO AMABLE.

 


Como colofón a la serie sobre Tetuán, nada mejor que asomarnos al futuro, o al menos a una propuesta de futuro que nos afecta a los vecinos directamente: BRAVO MURILLO AMABLE. No es el único; según anunció la JMD, en octubre o noviembre se iniciará una remodelación de La Remonta (que buena falta le hace, como ya vimos), aunque desconocemos en qué consistirá dicha reforma, de cualquier manera, como nos dicen que no está presupuestado para 2021 podemos aplicar aquello de "¡si tan largo me lo fías, echa vino tabernero!". Así que vamos a la propuesta que nos ocupa.

martes, 7 de septiembre de 2021

TRILOGIA DE LAS TRES PRIMAS, NÚMERO 3: BLANCAFLOR Y LOS TRASTÁMARA

 


Cuenta nuestro investigador Anacleto Matero, de la Academia de la Historia Jamás Demostrada que hay una tierra en la Península Ibérica rodeada de altísimas montañas donde ni los godos, visigodos y ostrogodos que llegaron por allí, ni los romanos, hollaron jamás con sus embarradas sandalias. Testigo fue aquella inhóspita tierra en los tiempos anteriores incluso al hilo negro, de un hecho insólito e irrepetible que acabó en una celebración espectacular y cuyas consecuencias aún se sufren. De hecho, costó una dinastía entera de nobleza, reyes y reyas (perdón, reinas).

 

Cuenta el sabio investigador que aquel potente pueblo virgen de sangre extranjera, vivía entre dichas altísimas montañas, casi inexpugnables, al norte de la península con el gélido mar del norte a sus pies. Apenas labraba la tierra porque sandías, cebollas, uvas y demás piezas redondas, rodaban ladera abajo cuando estaban maduras, perdiéndose en los inmensos ríos y en el mar, a poco que se descuidaran. Así que se acostumbraron a los frutos secos, el escaso vino de alguna cepa enana y el pescado que podían pillar desde la orilla pues no se adentraban en el agua ya que habían llegado a la conclusión casi científica, de que haciéndolo, se mojaban. La carne la obtenían cazando algún jabalí que no corría lo suficiente. También en los inclinados huertos y con mucho ingenio obtenían algunas verduras de hoja y criaban vacas perfectamente adaptadas a las cuestas de las montañas: las había paticortas del lado derecho y paticortas del lado izquierdo, lo cual que unas miraban siempre al norte y otras siempre al sur.