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sábado, 11 de abril de 2026

PASEOS POR LOS PARQUES Y JARDINES DE MADRID CCXXII: LA PLAZA DE COLÓN Y SU ENTORNO, 1ªparte.


 

Y como continuación de nuestras zancadas por el paseo de la Castellana (cuya serie comenzó aquí en 2021) llegamos a la plaza de Colón que es un amplio espacio de luz y ventilación en un punto de mucho tráfico de Madrid, aunque como os podéis figurar, no siempre fue así. Destaca por muchas cosas que vamos a ver, pero en lo referente al nombre sólo decir que es en honor de Cristóbal Colón y su aventura culminada en 1492, del cual creo que no debo hacer un resumen de sus méritos o deméritos, mejor se lo dejo a la Real Academia de la Historia, que ellos sí saben contarlo bien, en todo caso, me reservo la ocasión por si el profesor Anacleto Matero, de la loca Academia de la Historia Jamás Demostrada, alguna vez nos descubre algo irrelevante de su vida (es un toque de humor referido a un supuesto personaje que es protagonista de historias no ciertas que pulula por algunas entradas del blog como "Loca Academia"). Vamos sin más.


Al llegar nos encontramos a mano izquierda sentido bajada, con la primera curiosidad: la Plaza de Margaret Thatcher, delante del antiguo Banco de Madrid y al fondo, el Centro Comercial La Platea (actualmente uno en reconstrucción y el otro cerrado). A destacar el mural (en la foto superior, a la izquierda) llamado Iris, obra del pintor y escultor barcelonés José María Subirachs Sitjar, que lo realizó en 1993 por encargo del Banco de Sabadell que era el propietario del edificio y de la plaza en sí, donde encontramos en particular Castaños de Indias; a su vez, esta plaza era el lugar donde se ubicaba el palacete y jardines de la llamada Casa del Pastor desde el siglo XVIII, extramuros y cerca de la puerta de Recoletos; el mural está hecho en placas de piedra de travertino claro que muestran un astro circular sobre dos serpientes enlazadas a la izquierda y un arco iris insinuado, en el centro arriba, esculpidos en un desértico paisaje abstracto del que parece surgir una gigantesca ola. Dos cubos de granito, uno a cada lado, figuran con las correspondientes inscripciones. Aunque algunos detalles están muy perjudicados por la climatología y la falta de cuidado, a mi el árido aspecto del conjunto me inspira una escena de El Principito.



En 1861 se inauguró la nueva Casa de la Moneda en la Plaza de Colón, obra del arquitecto Francisco Jareño (ver foto superior de la plaza en los 60). Un año después se proyecta instalar una estatua de Cristóbal Colón realizada en bronce por el escultor José Piquer, pero que no se llegó a hacer. En 1877, con motivo de la próxima boda de Alfonso XII con María de las Mercedes de Orleans, se retomó el proyecto mediante un concurso convocado por el conde de Casa-Valencia que ganó el arquitecto Arturo Mélida Arinari que, además, realizó el pedestal en estilo neogótico isabelino en piedra caliza blanca para la estatua de Colón, ésta en mármol realizada en Roma por el escultor Jerónimo Suñol Pujol. Cuando en 1885 ya estaba todo listo, va el rey y se muere, por lo que deciden retrasar la entrega hasta el 12 de octubre de 1892 aprovechando el cuarto centenario del arribo al nuevo Continente. En el proyecto se interpretaba la puerta de La Latina y se ubicaba en el centro de un pequeño estanque rodeado por una verja, con motivos de los Reyes Católicos en sus adornos labrados en las diferentes caras, con los vértices achaflanaos y una figura en cada una de ellas. Sobre él se levanta otro cuerpo compuesto por visibles capas como un tejadillo con cuatro penachos en las correspondientes esquinas y que es la base de unas columnas que se elevan salvando los escudos labrados en el interior del hueco. Y sobre todo ello se alza un pedestal en forma de columna encabezada por la figura de Colón, que mantiene una postura en suave movimiento, agarrando la bandera recogida en una mano y la otra extendida señalando algo. Sería excesivo publicar los detalles uno a uno mediante fotos y descripciones, pero os dejo abajo un detalle del basamento.


Dado el deterioro de la Casa de la Moneda, en 1970 se procede a su derribo, el terreno pasa al patrimonio municipal con la intención de hacer unos jardines alegóricos al Descubrimiento, que en 1972 se encargó al arquitecto municipal Manuel Herrero Palacios. Así que el monumento se desmontó y trasladó a la esquina con la antigua calle Jorge Juan (hoy de la Armada Española) que quedó elevado sobre la acera en 2 metros y se añadió una cascada de agua al frente de los jardines simulando el cruce del océano que supuso el viaje. Se inauguró el 15 de mayo de 1977. En cuanto al monumento, hubo que acometer una reubicación de la figura de Colón pues estaba completamente al revés, pero cuando en 2009 se reordenó el tráfico de la plaza, se le devolvió al centro de la misma, donde hoy permanece contento y feliz. La zona donde estaba la vieja Casa de la Moneda quedó con el Centro Cultural Municipal Fernando Fernán Gómez debajo de la plaza, que cuenta con sala de exposiciones, restaurante, teatro, etc. y es dinamizador de la actividad cultural, donde se instalan todos los años un altar mexicano de muertos. Había sido proyectado un intercambiador de transportes, pero todo se quedó con el autobús al aeropuerto y un aparcamiento público solamente.
 

Los JARDINES DEL DESCUBRIMIENTO ocupan una superficie de 1,87 hectáreas, contienen algunos árboles y pocos jardines, donde pueden encontrarse ejemplares de Pino Piñonero, Ciruelo rojo, Ciprés de Arizona, Magnolios, Fotinia, Laurel, Adelfa, Junípero, etc. con una buena parte del terreno como espacio de paseo, reconvertidos desde las antiguas praderas de césped, a espacios de gravilla debido al coste de mantenimiento tan alto que tenían según dijo la municipalidad. Encontramos también varios hitos que detallo a continuación. En el lateral que da a la calle Goya, se conservan jardines de flores de temporada y césped que salvan el pequeño desnivel. En el área paralela a la calle Serrano, el escultor y arquitecto Joaquín Vaquero Turcios realizó lo que se conoce como "macros", es decir, unos descomunales bloques donde está grabada la historia del descubrimiento y una lámina de agua a todo lo largo, simulando el océano. Diría que uno de los macros me recuerda a una ballena con la cola asomando por encima de las olas y, por tanto, el resto de esas macros podrían ser las carabelas que realizaron la hazaña de cruzar el océano, como vemos en las fotos debajo de este párrafo.


Están elaborados en hormigón rosado cuyos moldes fueron ubicados en el PARQUE DEL OESTE, de donde se llevaron a la plaza de Colón. Cuentan con dibujos abstractos y una serie de textos proféticos sobre el descubrimiento, la relación del viaje, descripciones de los que llegaron allí, etc. Unos se apoyan sobre el suelo y jardines, otros sobre plataformas elevadas creando espacios de paso que puede recorrer cualquier persona con la paciencia suficiente para intentar leer dichos textos. Todos ellos asomándose al pequeño estanque. 


En el lateral con la calle de la Armada Española hay una estatua dedicada al almirante Blas de Lezo y Olavarrieta (Pasajes, Guipúzcoa, 03/02/1689 - Cartagena de Indias, Nueva Granada, 07/09/1741), obra del escultor Salvador Amaya, elaborada en bronce sobre un pedestal de granito, erigido por suscripción popular con la colaboración de la Armada y el Ayuntamiento en 2014, representa al marino referido ya tuerto, cojo y manco tras las arduas batallas en las que participó, motivo por el que recibía el nombre de "Mediohombre" y que no le impidieron convertirse en un héroe nacional gracias a las victorias conseguidas, la figura mira con orgullo fijamente hacia la descomunal bandera de España instalada en la plaza de los Jardines, la mayor de la nación en un alarde sobre ponderado que casi llega a los 300 metros cuadrados. A su lado está el ancla dedicado al ingeniero naval, científico, humanista y almirante Jorge Juan y Santacilla (1713 - 1773), monumento inaugurado unos meses antes, de 1.200 kilos de hierro fundido, rodeado con una cadena de seis metros del mismo material, depositados en una peana de hormigón con sus nombres de pila. Con esto se inició el "paseo de la fama" de la Armada Española, a donde se anunció la llegada de Elcano y Magallanes en un futuro no muy lejano, se ve que aún están navegando porque ya van años esperando.


En la esquina de esa calle de la Armada Española con la Castellana, donde un día estuvo el monumento a Colón, se alza la cabeza de Julia, un bello perfil femenino, una cara amable, depende desde que ángulo la mires así la percibirás, pero si pasas en coche ¡y no conduces tú!, aprovecha para seguirla con la vista, te seguirá con la supuesta mirada desde que entras por una esquina hasta que sales por la otra. En 2018 se instaló esta obra de Jaume Plensa con carácter temporal, al cumplir el año fue renovada por uno más y así seguimos, disfrutando de su presencia. Está realizada en resina de poliéster con fibra de vidrio y polvo de mármol blanco, representa la cara de una niña con los ojos cerrados, parece respirar en calma y desprende serenidad frente al ajetreo del tráfico, y ante la invasión del populismo extremista en la plaza, ella intenta imponer un poco de paz y armonía. La propietaria, Fundación Masaveu, afirma su deseo de que cuando corresponda, deberá ser una figura itinerante; por cierto, que la Fundación María Cristina Masaveu Peterson está muy cerca de allí, en la calle de Alcalá Galiano que discurre entre el Paseo de la Castellana y la calle Monte Esquinza, la entrada es gratuita y contiene una gran cantidad de arte en cuadros y esculturas desde Goya, incluyendo otros trabajos de Plensa.


Sobre estas líneas una foto de las "setas" (o hexágonos si las miramos a vista de pájaro) realizadas en hormigón y otra de la escultura de AICO, monumento instalado en 1981 a solicitud de la Asociación Iberoamericana de Cámaras de Comercio (de ahí el nombre, por las iniciales más o menos), elaborada por los escultores Arcadio Blasco Pastor y Natividad Navalón Blesa; sobre piedra caliza se alza un pilar de hormigón en el que se cruza otro tumbado y desplazado sobre el eje central hacia un lado, y encima la pieza de bronce que recupera la vertical en el centro, que a mi me recuerdan a dos pinzas-clip superpuestas una sobre otra, un tanto abstractas, pero muy propias de una oficina. Al otro lado de la calle de la Armada Española vemos desde aquí un gran edificio que vamos a ver con detalle en la segunda parte, pero ahora lo vamos a conocer un poco más sin llegar a sus puertas.

 

La Huerta de San Felipe Neri era conocida como La Solana, situada junto a la puerta de Recoletos, sus propietarios Joseph Suñol y María Lisano, la cedieron antes de 1757 a los padres del Oratorio de dicha advocación, de ahí su nombre, pero la desamortización de Mendizábal la convirtió en terreno público, el que ahora ocupa la Biblioteca Nacional y el Museo Arqueológico Nacional, éste con entrada por la calle de Serrano. En 1793 se inauguró allí la Escuela de Veterinaria que, gracias al buen hacer de su primer director Carlos Risueño, alcanzó la categoría de Facultad, pero a mediados del siglo XIX fue derruido el edificio dejándolo en un solar y la Facultad trasladada al Casino de la Reina. En 1866 por orden de Isabel II y bajo la dirección del arquitecto Francisco Jareño, se comenzaron las obras del nuevo edificio de la Biblioteca Nacional que albergaría el legado iniciado por Felipe V cuando en 1712 fundó la Biblioteca Real, un edicto obligaba a todos los editores a depositar unos ejemplares de todos los libros que imprimieran. En 1836 cambió su nombre por el actual y fue durante este siglo XIX cuando consiguió la mayor parte de los libros antiguos que hoy almacena y conserva; por cierto, que el más antiguo que tiene es el Papiro de Ezequiel, datado entre los siglos II y III, perteneciente al primer códice del Antiguo Testamento griego conocido, aunque es solamente uno entre los más de 34 MM de piezas que sus amplios fondos acogen y objetos relacionados con el libro. Es muy famosa y valorada su Sala de Exposiciones. Las obras del edificio se ralentizaron por problemas de financiación durante tantos años, que el arquitecto original tuvo que ser sustituido por Antonio Ruiz Salces, que consiguió terminarlo a tiempo para la celebración del cuarto centenario en 1892, trasladándose las obras y libros acumulados por la Biblioteca Real, aunque no viajaron solos. Durante un tiempo compartieron sede con el Archivo Histórico Nacional, el Museo de Arte Moderno (hoy Reina Sofía), etc. El 16 de marzo de 1896 por fin, se abrieron las puertas al público en general. Así que las gentes pudieron entrar y salir bajo el laurel de la sabiduría que mantiene en alto en el Frontón bajo la bandera de España una figura femenina, lo cual que, según la leyenda, con solo pasar por debajo ya somos más listos (por desgracia me pasa como con la lotería, debe ser verdad, pero no lo puedo confirmar según mi experiencia particular).



Y con la visión de las farolas de la Biblioteca Nacional, acabamos aquí la primera parte del paseo por este enorme espacio que es la plaza de Colón.


@ 2026, by Santiago Navas Fernández

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