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sábado, 22 de agosto de 2026

PASEOS POR LOS PARQUES Y JARDINES DE MADRID CCXLIV: LAS COMENDADORAS DE SANTIAGO Y DE CALATRAVA.




Las Órdenes Militares como la de Santiago, que hemos visto en capítulos anteriores de este blog el 25 de julio (pincha aquí), nacieron hacia los siglos XI y XII en nuestra península en plena expansión del Catolicismo contra el Islam, de las cuales perduran cuatro en el Consejo de Órdenes de España pero con otro perfil no belicista. En su origen confluyen indicios y leyendas muy anteriores, pero su creación oficial es la que usamos: de un lado, caballeros que se unían en defensa de sus ciudades o para conquistarlas del dominio musulmán y, por tanto, bajo un supuesto mandato divino; y por otro, hubo intereses particulares que, disfrazando la función de dichas órdenes, las usaron en la defensa de los caminos y protección de lugares sagrados como promoción, por ejemplo, la ORDEN MILITAR DE SANTIAGO debía proteger las rutas y a los peregrinos que iban hacia Santiago de Compostela. Ese compromiso religioso, que no respetaba tan sólo el 5º Mandamiento, creó a los conocidos como monjes-militares acogidos a unas estrictas reglas, pero ¿hubo mujeres en dichas órdenes?. Pues algo así ocurrió con las llamadas "Comendadoras" que tan sólo figuran en las órdenes de Santiago y de Calatrava, que dejaron en Madrid dos lugares que vamos a visitar hoy.


El termino de "comendadora" deriva de "encomienda", que es el territorio o bienes que se ponen a cargo del "comendador". El término en femenino se adoptó para las monjas o freilas de las órdenes militares, las cuales solían vivir en clausura, y servían de apoyo o acogida a las familias de los caballeros. A la Priora del Convento se la denominaba Comendadora mayor. El primer monasterio de comendadoras fue el Monasterio de Santa Eufemia de Cozuelos en La Ojeda (Olmos de Ojeda, Palencia), fundado por Alfonso VIII de Castilla en 1186 y que subsistió hasta 1502. Hoy en día figuran tres lugares bajo la denominación de Comendadoras de Santiago en: Granada, Toledo y Madrid. En éste, en la plaza de las Comendadoras se ubica el Monasterio de Santiago el Mayor, dicen que el primero y más antiguo de la capital, ocupado por las monjas comendadoras que vivían en Valladolid y que fueron trasladadas en 1650 por Felipe IV; tras una visión de la Beata María Ana de Jesús, ahora os cuento. Sobre este párrafo la primera Comendadora, doña Mariana Vélez, con la Cruz de Santiago en la capa y a su lado, Santa Gertrudis Magna, dos de los muchos cuadros que se conservan en el recinto religioso citado.

En 1584 don Íñigo de Cárdenas y Zapata, señor de Loeches (dado los apellidos, tal vez tuvo algo que ver con el I conde de Barajas, caballero de Santiago, que conocimos aquí) fue nombrado por Felipe II Presidente del Consejo de Órdenes Militares cuando ya era Comendador de la Orden de Santiago, sucediendo en el cargo al mencionado conde de Barajas. Y ese mismo año, junto a su mujer doña Isabel de Avellaneda fundó en Madrid el Convento de las Comendadoras de Santiago a través de su legado testamentario en unos terrenos comprados ex profeso. Pero su construcción no comienza hasta 1669, año en que los arquitectos Manuel y José del Olmo ganan un concurso para la construcción de la Iglesia de Santiago el Mayor. En 1745, una vez construida, se aprueba el proyecto del arquitecto Francisco Moradillo para la construcción de la Sacristía de los Caballeros y otras dependencias del Convento. Por último, Francisco Sabatini es el encargado de concluir en el año 1777 el resto del Monasterio. Declarado BIC en 1970, goza de la máxima protección posible, mantiene sus fines fundacionales y se conserva íntegramente desde el punto de vista tipológico, ocupando la totalidad de la manzana entre la plaza de las Comendadoras y las calles Quiñones, Acuerdo, Montserrat y Amaniel. Lo vimos en la ruta del CAMINO DE SANTIAGO, ver aquí.

Faltan las monjas. El dilema se planteó si traerlas de Valladolid o de Toledo. Pero al final se decidieron por la primera opción, tras un sueño de la Beata María Ana de Jesús en el que vio unas estrellas viajeras en el cielo e interpretó como un mensaje divino. Así que en 1650 Felipe IV ordenó su traslado. Dicho acuerdo se firmó en la imprenta de María Quiñones, que estuvo en la esquina de la actual calle del Acuerdo con la de Quiñones, precisamente, a las puertas de la entrada al Convento (y centro de visitas). De ahí el nombre de ambas vías. Curiosamente también, en la imprenta Quiñones se imprimió en 1605 la primera parte de El Quijote cuando estuvo ubicada en la calle de Atocha 85, figuraba de impresor entonces Juan de la Cuesta, segundo esposo de doña María, la cual no podía figurar como titular de un negocio, ni contratar, ni firmar nada al ser mujer (esta aberración ha seguido existiendo hasta el final del franquismo), por eso ella no ha pasado a la historia como debería. Juan de la Cuesta no era impresor y al poco huyó a las américas, aunque la Quiñones consiguió hacerle firmar un amplio poder para ella seguir ejerciendo y así editó varias obras y en 1615 la segunda parte del Quijote. Su vida tiene mucha más historia, pero no es el lugar, sólo añadir que dicen que fue muy religiosa y amiga de la Beata María Ana de Jesús citada.

La historia del edificio no acaba aquí. Durante la Guerra Civil fue ocupado como checa, lo que dio lugar a la desaparición de obras de arte y mobiliario. Pero es que de ahí pasó a cárcel de republicanos tras la victoria de los golpistas. Hasta 1941 no recuperaron las comendadoras su Convento e Iglesia, que ha gozado de unas millonarias obras de restauración desde el inicio de este siglo hasta mas de una década, que invitan a su visita de una forma tranquila y abierta. Numerosas obras de arte jalonan el templo (con los vivos colores de sus paredes, el lienzo del altar, los pendones de pueblos y ciudades, los bancos logados, esculturas, etc.), o la Sacristía (ente otras riquezas cuenta con un impresionante órgano y un enrejado que permite a las comendadoras asistir a las misas sin ser vistas, etc.), pasillos y recoletas estancias (incluido el de las reliquias de San Vidal, etc.), la Capilla de las Niñas (foto sobre este texto), la Sacristía de los Caballeros (donde se celebran reuniones del Consejo de Órdenes, pues es sede oficial)... y un gran ambiente de reposo y recogimiento.

 

Y por no hacer de menos debo citar a las Comendadoras de la Orden de Calatrava, ya que son ambas las dos únicas que hubo en España; las otras dos Órdenes Militares, Alcántara y Montesa, sólo tuvieron hombres en sus formaciones (sin duda hay más órdenes en la Historia, pero estas son las que perduran con más eco popular). Desgraciadamente sólo nos queda en Madrid la conocida como Iglesia de las Calatravas de la calle de Alcalá, que vamos a visitar. Pero antes, y como curiosidad, los escudos de dichas 4 órdenes, donde la de Santiago destaca por ser diferente, una espada en referencia al "santo matamoros" de la leyenda. Y de las otras tres, la roja corresponde a la de Calatrava, la verde a la de Alcántara y la bicolor a la de Montesa.

La ORDEN MILITAR DE CALATRAVA fue fundada en 1158 bajo el reinado de Sancho III de Castilla, por el abad cisterciense Raimundo de Fitero, con la misión de la defensa de los territorios y plazas conquistados al sur de dicho reino. Su primera misión fue defender Calatrava la Vieja tras ser abandonada por los templarios. Y de allí acabarían fijando su sede en Almonacid de Zorita (Guadalajara). Obviamente adoptaron la regla Cisterciense, recordad que la de Santiago se había acogido a la de San Agustín. A poco se creó la rama femenina de las Comendadoras de Calatrava, dedicadas a la oración y atención de las familias de los caballeros. En 1.623 Felipe IV dio la orden de su traslado a la Corte para hacerse cargo de la educación de las hijas de los nobles, llegando a ser un referente muy valorado en la capital, lugar de reunión y encuentro de alto copete. Entre 1670 y 1678 se levantó el Convento de la Concepción Real de Calatrava y la Iglesia con fachada a la calle de Alcalá, aislado y dominando el paisaje con su gran cúpula. Parece ser que se debe al arquitecto barroquista Fray Lorenzo de San Nicolás, aunque la ejecución correspondió a otros maestros y constructores de la época.


Durante el Sexenio Democrático (1868-1874), se propuso derribar convento e iglesia, dado que desde la desamortización de Mendizábal de 1836, la mayor parte de casas religiosas habían quedado vacías. Finalmente el derribo se circunscribió al convento, conservándose la Iglesia. Fue en la "agria" sesión del 9 de marzo de 1870 en Cortes, donde Manuel Silvela defendió dicha solución que finalmente aceptó el Gobierno, leyendas aparte como la actuación de la duquesa de Prim o de cierto caballero de la Orden. Parece ser que el período de la Guerra Civil no fue tan cruel como en otro lugares, pero la falta de atención y mantenimiento la deterioraron interna y externamente, hasta que intervino la Administración Pública a primeros del siglo XXI haciéndose cargo de su cuidado. En el siglo XIX, el rey consorte Francisco de Asís mandó decorar el exterior a la moda romántica, según diseños del arquitecto Juan de Madrazo. De este modo, la fachada a la calle Alcalá presenta hoy un recargado aspecto de estilo neoplateresco y un llamativo enfoscado de color carmesí que recubre las paredes, repuesto tras la última restauración. Omnipresente tanto al exterior como en el interior de la iglesia aparece la Cruz de Calatrava, muy visible en el rosetón que corona el ingreso, rematando el conjunto en una hornacina con una estatua de la Virgen.

El interior es una obra de arte noble y religioso donde destaca el retablo del Altar, realizado por José de Churriguera en la segunda mitad del siglo XVIII, profuso de decoración y adornos como representante del Barroco más churrigueresco. En él encontramos varias figuras, incluida la del fundador san Raimundo de Fitero. También destacan los frescos de las cuatro pechinas que sostienen la cúpula, con decoración de Francisco Ruíz de la Iglesia, discípulo de Carreño, donde se representan a San Benito y San Bernardo, la aprobación de la regla por el papa Alejandro III y San Diego Velázquez. En las fotos sobre este texto vemos estos detalles, además de otros cuadros, altares menores, lámparas y ventanales. En cualquier caso, la mejor forma de disfrutarlo es hacer una visita, eso sí, asegúrate de los horarios de apertura, que son limitados.

Y con esto, damos por concluido este paseo que carece de jardines ni zonas verdes, pero merece la pena hacer el viaje, a fin de cuentas no están muy lejos una iglesia de la otra. 


@ 2026, by Santiago Navas Fernández.