Cuando pensamos en Teatro Clásico, se nos va la cabeza al Siglo de Oro; y cuando hablamos de Teatro de la Comedia, una sonrisa nos inspira de qué va. Por eso, don Silverio López de Larrainzar, empresario de salas de juego (de las de entonces), dedujo sobre la segunda mitad del XIX, que Madrid necesitaba un lugar donde reírse y olvidar los tristes sucesos que España encadenaba dentro y fuera de la Península. Así que compró una manzana (edificio) con puerta a la calle del Príncipe, principal y fachada, y a la de la Gorguera, para los servicios propios del negocio ¿Y por qué aquí? Tengamos en cuenta el tamaño de Madrid en esa época, otras circunstancias como precio y oportunidad, más el hecho de que era zona de antiguos Corrales de Comedia, como el de la Cruz, en activo desde 1579 a 1859 derribado por Real Orden, o el del Príncipe hoy Teatro Español, desde 1582.
La calle de la Gorguera contaba con una entrada para coches de caballos, pero además, oculta una leyenda recogida por Pedro de Répide. Dicen que el nombre le viene a la vía citada, no por el adorno de cuello para damas estilo XIX, sino por la trasposición popular de la palabra "agorera", que es como se conocía a una adivina que había sido expulsada de Burgos por sus prácticas de hechicería, e instalada en una casa fuera de la ciudad madrileña, que cogió tanta fama de agorera que hasta un fraile de una iglesia cercana se acogió a sus artes a pesar de ser rechazadas por el catolicismo. Y por eso un día la adivina se presentó en la parroquia sin más ánimo que visitar al religioso, el cual estaba en altar y al volverse creyó ver un animal mitológico maligno trepar por las lámparas cuando en realidad era la lechuza que se le escapó a la hechicera y que buscaba beberse el aceite de las linternas. Hecha la denuncia, la condena no se hizo esperar y, acogiéndose a un Orden de Juan II en 1411, la mujer fue ahorcada y luego enterrada bajo las piedras de su propia casa. El pueblo denominó a la calle como de la Gorguera desde entonces, hasta que a primeros del siglo XIX le otorgó el nombre actual de Núñez de Arce.
Así pues, el empresario Larrainzar contó con el arquitecto Agustín Ortiz de Villajós (Quintanar de la Orden, Toledo, 06/12/1830 - Madrid, 8/10/1902) en 1874 para levantar el edificio sobre el solar, con un patio de viviendas al uso en medio. Fue inaugurado por Alfonso XII y su hermana Isabel, el 18 de septiembre de 1875, con la representación de la Comedia de Bretón den los Herreros "Me voy de Madrid". Villajós usó el estilo conocido como ecléctico, mezcla muy personal de varias tendencias arquitectónicas y decorativas. La estructura y decoración usan el hierro colado y la madera para hacerlos de aspecto más ligero. Tanto arquitecto como empresario son responsables de su decoración, así, vemos detalles como el de las balconadas de los tres pisos, donde aparecen los palos de la baraja o liras insertos en círculos labrados. A Villajós le conocimos al hablar de la Iglesia del Buen Suceso o del Teatro del Circo Price, autor de otros muchos edificios, incluido el Teatro de la Princesa en 1885 actual Teatro María Guerrero. La fachada, de inspiración clásica, era lisa y sin vanos por lo que Villajós le añadió ventanas y balconadas. En la planta baja se abrieron cinco portones, uno para acceso al portal de vecinos, dos centrales para el vestíbulo y los otros dos para llegar a las taquillas, realizadas en arcos de medio punto con pequeños frontones irregulares y las sugestivas liras en las pechinas. Esta decoración varía en cada planta, añadiendo capiteles con volutas y hojas de acanto, máscaras, enrejados y balcones, columnas con capiteles corintios, medallones laureados, etc. y el desaparecido medallón de la Comedia en lo alto. Una fachada digna de observar mejor, pero la amplitud de la calle no da para más. En 1897 el arquitecto Francisco Andrés Octavio en colaboración con el arquitecto municipal José Luis Salaberry realizó modificaciones en las puertas de taquillas colocando un arco partido que las aúna.
Aunque la costumbre era dar a los teatros el nombre de la calle, aquí se aplicó la Ley de 1850 que ordenaba que se denominarían según el género que se usaría mayoritariamente. La Sala Principal o patio de butacas está diseñada en forma de herradura, a la italiana, rodeada de tres plantas con doce palcos cada una, seis a cada lado. La decoración está inspirada en la Alhambra, algo típico de la época, usando dos colores en su mayor parte: blanco y oro. Así en el escenario tiene la embocadura con un marco de madera decorada en dorados y plateados, Sebkas (adornos de origen andalusí que entendemos mejor como filigranas geométricas), columnas gemelas, arcos polilobulados estilo árabe y un gran medallón coronando el arco con las letras de la Comedia y la Estella de David, mientras que los palcos se separan entre sí con columnas del mismo estilo. Ya desde la entrada podemos apreciar toques donde se mezcla el oro con el rojo que luego encontraremos en las butacas. El primer telón fue diseño del pintor José Vallejo, representaba el Templo de la Inmortalidad con un pórtico de estilo jónico, en el centro una estatua con los brazos abiertos simbolizaba la protección a las musas sentadas a los pies del pedestal sobre el que se eleva, a saber: arte, comedia, tragedia y música, accesibles por unas escaleras en forma de basamento desde el suelo, en el que aparecen figuras humanas identificadas con Cervantes, Lope de Vega, Calderón, Tirso de Molina, Bretón de los Herreros, el duque de Rivas, etc. Desapareció en el incendio de 1915.
Tirso García Escudero de la Torre (Huércanes, Logroño, 1863 – Madrid, 1950) fue su propietario único desde la temporada 1896-97 hasta su fallecimiento en 1950, habiendo sustituido a su primer propietario y director Luciano Berriatúa. A don Tirso le heredó su hijo Tirso García-Escudero hasta su fallecimiento en 1973, y a él, el tercer Tirso García-Escudero, que en 1998 y tras un alquiler de doce años, lo vendió en 1998 al Estado Español que lo convirtió en la sede de la Compañía Nacional de Teatro Clásico en 1986, cuando fue creada por Adolfo Marsillach para dicho fin, convirtiéndose en uno de los cuatro teatros nacionales que pertenecen al INAEM. También adquirió cinco viviendas de las que había en el edificio. En 2002 se proyectan obras de reforma y adaptación que no comenzarían hasta siete años después, por los arquitectos Araujo y Nadal, donde se recuperan espacios, se amplia el proscenio, se eleva el escenario hasta 1 metro sobre el suelo del patio de butacas, se construye un gran aljibe para el sistema contra incendios y se añade una quinta planta dotándola con la Sala Tirso de Molina, con grada de asientos removible, visibilidad completa y capacidad para un ciento de espectadores.
En 1878 se inaugura el alumbrado público en Madrid, en concreto en la Puerta del Sol con motivo de la boda de Alfonso XII con doña María Mercedes. Y el Teatro de la Comedia se ilumina con electricidad en 1887, con gran descontento de los vecinos por el ruido y vibración del generador instalado. Con ello llega una época de esplendor en lo social: de industrialización y del ferrocarril, las artes escénicas y otras como la recién nacida fotografía se desarrollan notablemente, nace la burguesía, la ciudad crece y acudir a los espectáculos era obligado para todo aquél que quisiera destacar, de hecho, los palcos del propietario y de sus majestades, están abajo y a cada lado del escenario para que todo el mundo les vea y ellos también ver. Hoy en día, esos palcos se usan para albergar focos. Hasta entonces y desde 1822 la luz había sido de gas y esa iluminación era molesta para los actores, así que Egidio Pícoli (maestro escultor, imaginero y maquinista teatral de origen italiano que trabajó en varias salas españolas) instaló un aparato regulador que disminuía la intensidad en el escenario y apagaba la Sala. Pero el 18 de abril de 1915, un cortocircuito originó un incendio que acabó con el interior del Teatro, sin víctimas por suerte, y hubo que reconstruirlo casi por entero. Los arquitectos Luis Bellido y José López Salaberry que triunfaban en Madrid entonces, toman los planos de Villajós y reconstruyen el interior usando hormigón, conforme al nuevo reglamento para este tipo de edificios. Suman más escaleras y un vestíbulo, además de una cafetería anexa (se llamó "el gato negro") dotada con un sistema de aviso de que la función iba a comenzar y los clientes entraban directamente a la Sala, en ella estableció una tertulia Jacinto Benavente, muy ligado a este Teatro. Lo que no se pudo solucionar es el tamaño reducido de los camerinos ya que Villajós no los había creado pensando él que los actores ya iban vestidos desde sus casas. El teatro se reinauguró el 22 de diciembre de 1915 con la obra "La propia estimación" de Benavente. ¡Ah! se me olvidaba decir que el telón descrito más arriba se quemó y hasta el techo se hundió.
Por cierto y hablando de accidentes, en 2025, estando el Teatro vacío, se cayó la lámpara central. Testigo queda el gancho donde colgaba. Por cierto que el techo que se ve es un óleo pintado abajo y luego elevado a esta posición. Obra de José Vallejo y Galeazo (Málaga, 15/08/1821 - Madrid, 19/02/1882), representa un cielo transparente con trampantojos, alegorías sobrevolando por dicho cielo y con toques de arquitecturas árabes en sus pechinas.
Pero no sólo teatro hubo en este local concebido para el ocio. De hecho hubo una estructura para reconvertir la Sala en zona de baile consistente en elevar su desnivel hasta la altura del escenario como platafoma única, que duró hasta la maldita Guerra Civil que acabó con todo. Se celebraron congresos, conciertos, mítines políticos, conferencias... Ortega y Gasset en 1914 sobre la vieja y nueva política; el II Congreso de adhesión a la revolución rusa celebrado por CNT en 1919; el Partido Católico Tradicionalista con su fundador Juan Vázquez; el anarquista Ángel Pestaña... Durante la dictadura de Primo de Rivera, amigo personal de don Tirso, cesó toda actividad. En 1933 el hijo de don Miguel, dio aquí el discurso fundacional del Partido Falange Española, erigiéndose en la fachada una placa conmemorativa que no se conserva. Al estallido de la Guerra Civil, el teatro se cierra durante siete meses, tras los que vuelve a abrir por orden del Gobierno de la II República. Y tras el fin de la contienda aprovecha para constituirse en un referente, en los años 70 es pionero en obras con polémica, como "Castañuela 70", entre la revista musical y el teatro bufo, parodia del franquismo, es atacada por grupos ultras y finalmente se suspende por la autoridad a pesar de su gran éxito; o "Equus" en 1975, donde se produce un desnudo integral en escena. Así mismo, iniciada "la transición", se adapta y representa "Cabaret". Hasta 2002 que, como he explicado más arriba, se cierra el teatro tras la representación de "La dama boba" de Lope de Vega y su conversión en sede de la Compañía Nacional de Teatro Clásico que hoy conocemos.
@ 2026, by Santiago Navas Fernández















