viernes, 12 de marzo de 2021

SERIE PARQUES Y JARDINES DE MADRID XXXIII: ¡EL PARDO, A UN PASO DE RÍO!

 

Enrique III mandó construir en 1405, un "cazadero" en el actual lugar de El Pardo,  reflejado con más o menos exactitud en el cuadro "Vista de la torre de la Parada" de Felix Casteló (1640), exhibido en el Museo de Historia de Madrid. Hay menciones a El Pardo desde Alfonso XI, valorado por su riqueza cinegética, así que el monarca, además, mandó construir un camino por el cual llegar hasta allí y que hoy conocemos como SENDA REAL (de la cual tenemos por ahí un artículo que puedes releer si pinchas en el nombre). Pues bien, un día, cual Trástamaras regios, unos amigos hemos querido emular tan luengo caminar, aunque sin caballo, y nos hemos ido hasta allí, ahora bien, hay que aclarar que, sus alrededor de 20 kilómetros se tardan en recorrer sus buenas horitas, con lo cual es preferible disfrutarlo en tramos más cortos, aquí los he separado en tres, por poner un ejemplo. 


Salimos de la Glorieta de San Vicente, dado su gran significado en este camino real, pues tanto cuando sólo había una pequeña fortaleza en donde hoy se encuentra el Palacio Real, como cuando ya estuvo el Palacio y Carlos IV engordó el Sitio de la Florida, Real Sitio también, era paso obligado bajar por la cuesta que corría el arroyo de Leganitos, hoy homónima de dicha glorieta, o atravesar por el actual Campo del Moro para tomar rumbo a El Pardo (para saber sobre el Sito de la Florida y su entorno, ver el final del artículo de la Senda Real aquí). Aquí podemos optar por seguir por el Paseo de La Florida o bien por la orilla del río Manzanares, paralelo a la calle de Aniceto Marinas, en ambos casos, al llegar al Puente de los Franceses, debemos optar entre la SENDA REAL o el ANILLO VERDE. Ambos nos llevarán hasta el Puente de San Fernando, donde haremos un pequeño alto.


En definitiva, vamos a seguir la ruta que siguieron tantos reyes pero adaptada a nuestro tiempo a través de la SENDA FLUVIAL DEL MANZANARES. Un proyecto que a día de hoy está prácticamente concluido, pero que nosotros vamos a presentar ya, incluso antes de su inauguración, que luego todo son apreturas y empujones. Al final del artículo, doy más referencias del asunto.

PRIMER TRAMO: del de los franceses al de San Fernando

Y tratándose de una senda fluvial, vamos a optar por el Anillo Verde, para lo cual debemos cruzar el río pegados al Puente de los Franceses y una vez lo sobrepasemos, por un camino perfectamente señalizado para peatones y bicicletas, cruzar un semáforo que nos permitirá salvar la entrada de la M30 hacia la avenida de Valladolid. Una pequeña lengua de tierra nos permite bordear la elevación que sostiene la salida de vehículos hacia la Carretera de Castilla y rebasar la autovía citada por un paso subterráneo bajo ésta, junto al cauce (ver foto arriba), es un pequeño sendero que se une enseguida a la ruta del Anillo Verde. También podremos incorporarnos antes a ésta si en vez de recorrer el Paseo de la Florida, desde la propia Glorieta nos vamos hacia la Casa de Campo y nada más pasar el puente del Rey giramos a la derecha en busca de dicha Vía; al final atravesaremos por debajo de las vías del tren uno de los ojos del Puente de los Franceses y luego, sobre una pasarela elevada cruzaremos la M30 para unirnos al camino ya descrito antes, en el punto que muestra la foto de debajo de este texto, kilómetro 46,320 del Anillo Verde. Para que nos orientemos más, el río queda a nuestra derecha.

No nos olvidemos que la ruta del Anillo es una plataforma de 6 metros, cuatro para los carriles de bicicletas y 2 para viandantes, es lógico que a veces nos vayamos un poco de la raya porque además hay tramos donde la señalización está un tanto deteriorada, pero debemos respetar el espacio señalado. Carece de altibajos, cargada de belleza y frescura, y en ciertas épocas del año muy rica en olores y colores, donde además podremos encontrarnos con multitud de pájaros cuyo canto nos acompañará, vegetación de ribera y riparia y, con un pelín de suerte, otros animales acuáticos como el ánade real. 


Un poco más adelante, enfrente más o menos del Palacio de la Moncloa, que se eleva sobre una loma, vemos al otro lado del río la Planta de Compostaje de Migascalientes, la Depuradora y los Viveros municipales, ninguno accesible a pesar de los puentes de madera que nos encontraremos. A la izquierda tendremos un muro que nos separa del Club de Campo de la Villa de Madrid. Por cierto ¿sabéis de dónde procede la denominación de Migascalientes?: se trata de una isla donde paraba a descansar y recuperar peso, la ganadería que viajaba andando hasta Madrid, igual que ocurría, como os conté en su caso, con la Dehesa de la Villa, antes de acabar en Matadero, entonces los pastores también descansaban y comían y se cuenta que lo más habitual era hacer "migas calientes". Leyendas aparte, lo cierto es que aquí se asentó un Jardín botánico en tiempos de Felipe II, llamado del Soto de Migascalientes, que Fernando VI mandó trasladar. En 1997 se montó la Planta de Compostaje municipal sobre un gran plancha de cemento levemente inclinada al lado contrario del río, para aprovechar las aguas de lluvia y de paso evitar vertidos no controlados. Para la preparación del compost se usa exclusivamente material de poda procedente de los propios jardines: una vez triturada y amontonada en almiares, se va mezclando con el agua de lluvia recogida en una balsa subterránea y/o con agua depurada de la cercana Depuradora en la medida apropiada, mediante un sencillo pero controlado proceso químico, para obtener el fertilizante que luego se devolverá a los jardines públicos; se aprovecha hasta el último recurso, incluso  los trozos de ramaje que aún no se han convertido en fino compost, se usan para proteger la tierra extendiéndolos como una capa sobre la superficie, de forma que guardan la humedad, preservan de contaminantes y fertilizan al mismo tiempo. Desde nuestro paseo se ven los almiares y las máquinas trabajando.


También en este tramo nos encontraremos con los restos de un puente proveniente de la Guerra Civil, dataría, si se conservase, de noviembre de 1936 cuando se produjo un intento de penetración por parte de los sublevados, que fracasó y no fue hasta unos meses antes del fin de la contienda, cuando se acabó otro de hormigón con el que se pretendía tomar Madrid por esta parte. De sus restos, aún podemos encontrar algo, si no lo han vandalizado mucho. Pero mejor os pongo los puentes de madera, que son más bonitos (ver sobre estas líneas) aunque mucho más recientes. 


Y andando andando, llegamos a la vista de la Puerta de Hierro (la foto está tomada desde la Senda Real, pero supongo que si no lo digo, lo mismo ni lo notas), aislada en una isla inaccesible en medio de autovías, rodeada de conejos felices; no siempre la Puerta de Hierro fue un monumento en medio de la nada, fue concebida como la salida/entrada hacia El Pardo que mandó construir Fernando VI tras vallar todo el Real Sitio; posteriormente, por su arco central pasó el tranvía de la línea La Florida-El Pardo y estuvo accesible hasta que se trasladó apenas los metros suficientes para dejar pasar las carreteras que la circundan. Poco más allá llegamos a un cruce de caminos, nosotros tomaremos la pasarela sobre la A6, al fondo el Hipódromo y a la izquierda ascienden los senderos en dirección a Pozuelo y Aravaca por la serpenteante avenida del Padre Huidobro.


Nos encontramos con el Puente de San Fernando, al que le sigue una pasarela elevada que da continuidad al Anillo Verde, por el otro lado de la M30, hacia Fuentelareina, sólo que este tramo, no tiene carril peatonal. Coincide y es parte de la Senda Real que recorrimos hasta dicho punto en el artículo correspondiente. El origen del Puente de San Fernando está en una pasarela "verde" que daba acceso al camino hacia El Pardo y que Felipe V ya pensó en ampliar y hacer algo más resistente, pero no sería hasta Fernando VI cuando en 1749 lo encargó al arquitecto Jaime Bort y Meliá y las estatuas a su hermano, el escultor Vicente Bort; en un principio constaba de dos partes, una a cada lado de un machón sobre el que se apoya en una isleta central, a la izquierda cuatro arcos de medio punto y dos rebajados, a la derecha tres, que se convirtieron en seis tras la riada de 1856 que dañó el tramo más cercano al machón y, en la reparación posterior, se triplicó el número de arcos. Es posible que hubiera motivos ornamentales, pero solo se conservan las estatuas de Fernando VI y su esposa Bárbara de Braganza. En 1921 se acometieron obras de ampliación, fue un buen testigo de las batallas en torno a Madrid, sirvió de enlace entre la A6 y la M30 hasta que a finales del XX quedó cerrado al tráfico y actualmente es parte del Anillo Verde. ¿Un descansito?




SEGUNDO TRAMO: de puente a puente y sigo ¡que se me lleva la corriente!


En realidad este tramo a día de hoy (9 de marzo de 2021) no está completamente acabado, pues faltan por alisar unos 200 ó 300 metros desde el Puente de San Fernando hasta la pasarela peatonal que cruza hacia el Club Puerta de Hierro, además, falta vallar el perímetro del dicho Club. Si no queremos arriesgarnos por dicho inconcluso tramo, podemos optar por cruzar sobre la M30 y seguir el Anillo Verde hacia la calle Arroyofresno para sortear la autovía y, abandonar dicha ruta por otra pasarela peatonal que hay voladiza tras el nudo de carreteras y volver a la Senda Fluvial que está tras el Club. Pero en cuanto esté acabada, seguiremos el cauce del río desde el Puente de San Fernando, nuestro objetivo es sobrepasar el Puente de la carretera de entrada a la Zarzuela hasta el afluente de la Trofa. En la foto debajo de este texto se ve el camino en construcción y al fondo la pasarela citada que viene de los aparcamientos del Club.


Un poco más adelante nos encontramos la isla que fue el espacio dedicado a montar en las barcas en los tiempos del conocido "Parque Deportivo Sindical Puerta de Hierro" actual Parque Deportivo Puerta de Hierro, y que tiene pinta de que volverá a ser algo interesante algún día, pero actualmente luce así, aunque ya advierto que no se puede cruzar tan atractiva pasarela:


Durante la República se constituyó el proyecto de la Playa de Madrid en respuesta a las reclamaciones de las organizaciones sindicales y políticas de izquierda acerca de un espacio para los trabajadores y sus familias, de la mano del arquitecto Manuel Muñoz Monasterio, abriría sus instalaciones con gran éxito en 1932, una año después de que el arquitecto Luis Gutiérrez Soto inaugurara "La Isla" del Manzanares, hoy inexistente pero cuya piscina estuvo abierta para disfrute general un poco más abajo del Puente del Rey, pero eso ya es otra historia. Tras la Guerra Civil, se le encarga al mismo arquitecto Manuel Muñoz, autor de la Plaza de Toros de las Ventas y estadios como el Santiago Bernabéu o el Ramón Sánchez Pizjuán, el complejo deportivo que se inauguró en 1955 tras los II Juegos Deportivos Sindicales. en 1958 se inauguró la piscina, la mayor de Europa. Su éxito fue notorio y obtuvo el singular nombre de "el charco obrero" entre otros. ¿Que no? pues ahí va un "bonito" vídeo de la época, nostálgico para los que lo hemos conocido:



Bueno, aunque hoy mantiene algunos usos, es verdad que la mayoría de sus instalaciones están "embarrancadas"...


Seguimos disfrutando del paseo, tras pasar junto a los campos de golf de la Federación Madrileña y de la Escuela que ésta tiene, donde podemos ver practicar y jugar a este deporte, y con el Hipódromo de la Zarzuela al otro lado del caudal, llegamos al espacio de la antigua "playa de Madrid" (¡vaya, vaya!), justo donde desemboca el Arroyo del Fresno. Como parte del mejoramiento de la Senda Fluvial y de la adaptación del río, se ha retirado la antigua presa. En las diferentes explicaciones del proyecto lo veremos.



Un poco después y tras pasar por debajo de la pasarela de la calle Tapia de Casariego (foto sobre este texto), llegamos a la M40, aquí encontramos un picadero y casi sobre él y las cuadras de los hermosos caballos, el nudo de la autovía con sus varias derivaciones. El camino sigue una pequeña vaguada para salvarlo que contrasta con el rectilíneo sendero que traíamos.


El camino continúa junto a las verjas del complejo familiar El Tejar y los campos deportivos de la Federación de Hockey... hasta llegar al cruce con la carretera que conduce al Palacio de la Zarzuela, se reconoce fácilmente. Aquí podemos optar por pasar por debajo del puente pegados al río, nadie te lo impide, tras saltar un arroyo y bajar y subir mientras que una cámara te observa y acongojas al vigilante; o bien, evitar todo esto y tomar el camino en dirección como si fueras a salir a la carretera de El Pardo, verás un restaurante muy apetecible, rodéale y habrás salvado el lugar. Estamos junto al Club Somontes, que lo sepas. Aquí ya hubiéramos llegado al final del tramo según el proyecto oficial del Sendero Fuvial, pero como somos algo rebeldes, continuaremos admirando el río y el florecimiento de los cerezos hasta la desembocadura del arroyo de La Trofa.


Esta incorporación fluvial causaba un verdadero desastre en el río Manzanares, pues el tal afluente pasa por terrenos de aluvión y arrastraba al caudal todo lo que se encontraba (restos vegetales, arena...), finalmente se ha construido una especie de filtro y se ha amortiguado su entrada para salvar dicha circunstancia. En la imagen de abajo, aunque no se ve bien, si os fijáis, podéis apreciar algo que no es propiamente natural, como si fuera una dentadura muy mellada o una empalizada con los troncos muy separados, por ejemplo. Pero cuya observación nos sirve para despedir este tramo.



TERCER TRAMO: del arroyo al pantano.



Aunque ya hemos pasado el pequeño pero bucólico puente de madera, hay que decir que al atravesarlo llegamos a la zona del aparcamiento y merenderos que hay a continuación de Somontes. 


y nos encontramos con una playita casi natural donde nos saluda un espléndido cisne, claro, está acostumbrado a la mano del ser humano que le trae comida pero... ¡¡ peligro !! No hay que darles de comer alimentos nuestros, ni pan siquiera, les causa un colesterol muy alto que acaba atrofiando sus órganos y les provoca la muerte, tened en cuenta que los animalitos no tienen Seguridad Social, ni Centros de Salud donde pedir cita para contar sus dolores y molestias. Es mejor hacerse con comida apropiada a sus estómagos en la tienda especializada del barrio y dársela.



Un poco más adelante nos encontraremos con el Viaducto del Ferrocarril, de grandes ojos bajo los cuales pasaremos junto al río. Puesto en servicio en mayo de 1964 sólo para mercancías, pasó a ser también para viajeros en noviembre de 1967 cubriendo la línea Madrid-Pinar de las Rozas, con sus siete vanos tenía previsto pasar más cerca de El Pardo en el proyecto que se desarrolló durante la República, que al no ejecutarse del todo, se retrasó posteriormente hasta las fechas dichas. Está en conexión con otro puente, de un solo ojo, que pasa por encima de la carretera.


Lo mismo durante el paseo os fijáis en unas formaciones que parecen naturales pero que no lo son, rocas y restos vegetales estratégicamente situadas por el ser humano para crear movimientos en la corriente y provocar sedimentos de diferente sensibilidad, diferentes velocidades, profundidades, lechos... que provocarán la creación de diferentes hábitats y así una mayor variedad ambiental ¡fíjate!, se denominan "hidrotecnias" y se encuentran cerca de la llegada al pueblo.


Tal vez os distéis cuenta de que hay un sendero estrecho pero señalizado, que paralelo a nuestra ruta, sube y baja por la orilla del río, es otra alternativa aunque más costosa y con el aliciente de encontrarnos con restos vegetales que saltar o cortes por las crecidas del agua que vadear ¡la aventura es la aventura!. Tras un tramo acerado, llegamos al Puente de Capuchinos, que soporta la carretera que sube a la Ermita del Cristo de El Pardo, pero sigamos, porque volveremos por aquí. Más arriba del curso nos encontraremos con el Azud del Pardo, una represa que contiene una rampa para peces de forma que estos puedan seguir su camino río abajo, salvo que aparezcan salmones, que ya sabéis que esos "escalan" ríos, aunque lo dudo en estas latitudes. Disfrutad de los miradores al río, como el de la foto de arriba. Enseguida el cauce da un giro de noventa grados y se nos abren las praderas de Mingorrubio, un inmenso lugar poco arbolado, la verdad, pero que durante la mayor parte del año permanece agradablemente verde. Una gran encina nos permite descansar un ratito a la sombra en unos oportunos bancos. Frente a ella, la pasarela peatonal por la que cambiaremos de orilla para volver, si bien es verdad que aún se puede seguir, hasta el muro de la presa de El Pardo, pero en todo caso, la vuelta será "cambiando de acera" y es la  pasarela la única que nos permite hacerlo.


La presa de El Pardo es inaccesible al estar en zona protegida, sólo podemos admirar su aliviadero, se construyó en 1970 ocupando un fértil valle, alterando así el equilibrio ecológico de la zona; por tanto, la regeneración posterior tuvo que ser intensa y hoy se puede gozar de gran variedad encontrando gaviotas reidoras, águilas pescadoras, cigüeñas negras y varias especies anfibias y piscícolas; el pantano almacena hasta 45 hm3 y en la zona más alta alcanza casi los 30 metros, linda con el cementerio del pueblo y el término de Colmenar Viejo. En cuanto a la pasarela, la que hay actualmente sustituye a otra anterior que era demasiado baja, es una estructura metálica abierta que permite vadear el río pero que está preparada para soportar posibles crecidas. Al otro lado ascendemos un poco y encontramos la senda de retorno junto a la verja que nos separa del coto, puede que con un poco de suerte veamos algún gamo o cervatillo saltando a lo lejos, aunque también podría tratarse de jabalís, zorros, gatos montés, tejones, garduñas, etc. pero tranquilos que ya no hay lobos, osos o linces, tampoco nutrias. Volando puede pasar el águila imperial, buitre negro, búho real, urracas, palomas, etc. El enclave mantiene un bosque mediterráneo donde predomina la encina rodeada de la jara, pero también el quejigo, los alcornoques y el pino piñonero que tanto se utilizó para repoblar durante un tiempo; y por la senda además, pasaremos entre olmos, plataneros, cerezos, robles, chopos, fresnos, sauces... y una extensa variedad de vegetación de ribera, tanto en este tramo como a todo lo largo de la Senda Fluvial.


En la foto de arriba, el mirador sobre el Azud visto desde este lado. Y por este camino, regresamos hasta el Puente de los Capuchinos, donde se acaba nuestro paseo. Eso sí, en El Pardo hay una buena cantidad de cosas que visitar y bares donde reponer fuerzas, a vuestra elección. ¿A qué ha valido la pena?. Para regresar hay dos lineas de autobuses, es Zona A del Consorcio Regional. Y por si os ha faltado algo, en la Pos Data os dejo un poco de Historia del lugar.


El Corredor Ambiental del Río Manzanares es un proyecto del Ministerio correspondiente (no pongo el actual, porque luego cambia de nombre y la liamos) que puedes consultar en una web específica creada por la Confederación del Tajo en restauracionfluvialriomanzanares.es, la idea es la de regenerar la orilla del río para hacerlo transitable y facilitar el transcurso de las aguas para recuperar su naturaleza de río vivo, hay que añadir que su estado actual es francamente apetecible para un paseo muy cómodo, accesible a todo el mundo en casi todos los tramos.

POSDATA (que aunque extensa, entretenida).- Enrique III de Castilla "el Doliente", Burgos, 1379-Toledo, 1406 (ver biografía en Real Academia de la Historia), fue el que mandó construir el cazadero que dio origen a este asentamiento. En 1405 ya adquirió la categoría de Sitio Real, es decir, propiedad de la Corona. Fue Carlos I quien en 1547 mandó construir un Palacio, nada que ver con el actual, pero que gozaría del favor real con sucesivas remodelaciones y las de su entorno, albergando incluso los primeros habitantes al servicio de sus majestades. Felipe II manda embellecer el Palacio con obras de Tiziano, Antonio Moro y Sánchez Coello, pero en 1604 un incendio lo destruye todo. Felipe III ordena reconstruirlo coincidiendo en  fechas con la edificación del monasterio de los Capuchinos, que contiene un Cristo yacente obra de Gregorio Hernández (o Fernández, ver biografía aquí). Felipe IV amplió la Torre de la Parada donde albergó notables obras de arte. Fernando VI lo declaró Real Sitio (¿pero no lo era ya?, pues no sé, cosas de reyes). Y por fin, con Carlos III, comienzan a construirse casas para los empleados del real lugar, conformándose así el inicio del pueblo como tal, además de remozar todo el Palacio según encargó al arquitecto Sabatini en 1772. Alfonso XII falleció en él en 1885, Alfonso XIII impulsó un campo de experimentación y cultivos agrícolas. En el pueblo llegó a residir Goya y en el Palacio hicieron noche antes de la boda, las futuras reinas María Josefa Amalia de Sajonia (casada con Fernando VII en 1819), María Cristina de Habsburgo-Lorena (con Alfonso XII en 1880) y Victoria Eugenia de Battemberg (con Alfonso XIII en 1906). Y en 2003 celebrarían su compromiso Felipe VI y la futura reina Letizia Ortiz. Pero no olvidaros de que hubo una Guerra, durante la cual se convirtieron en Cuartel Militar del Ejército Republicano los antiguos Asilos (actuales acuartelamientos de la Guardia Real, por cierto, tienen un museo muy interesante). Desde 1940 fue residencia de Franco hasta su muerte en 1975 y a partir de ahí, se dedicó a hospedar a insignes mandatarios extranjeros de visita oficial en España.

El Real Sitio de El Pardo pasó a convertirse en población en el siglo XIX como municipio perteneciente al partido judicial de El Escorial (otro real Sitio Real), viéndose incrementado por nuevas viviendas y la colonia Mingorrubio, construida para alojar al personal al servicio de la Jefatura del Estado. Pero en 1951 "fue absorbido", como tantos otros municipios, por la ampliación de Madrid, pasando posteriormente a ser un barrio del distrito de Fuencarral-El Pardo, eso sí, el barrio más extenso de Madrid y el de menos densidad de población. Dentro de sus límites encontramos un gran coto cerrado y el Palacio de la Zarzuela, residencia real de la Familia Real.

Aquí te dejo una interesante web de turismo sobre El Pardo: elpardo.net. Y no te olvides que el Palacio es Patrimonio Nacional.


@ 2021, by Santiago Navas Fernández

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