jueves, 18 de marzo de 2021

SERIE PARQUES Y JARDINES DE MADRID XXXVI: LA SENDA FLUVIAL DEL MANZANARES, 3ª zancada.


 
TERCERA ZANCADA: del arroyo de la Trofa al pantano de El Pardo.


Aunque ya hemos pasado el pequeño pero bucólico puente de madera, hay que decir que al atravesarlo llegamos a la zona del aparcamiento y merenderos que hay a continuación de Somontes. 



y nos encontramos con una playita casi natural donde nos saluda un espléndido cisne, claro, está acostumbrado a la mano del ser humano que le trae comida pero... ¡¡ peligro !! No hay que darles de comer alimentos nuestros, ni pan siquiera, les causa un colesterol muy alto que acaba atrofiando sus órganos y les provoca la muerte, tened en cuenta que los animalitos no tienen Seguridad Social, ni Centros de Salud donde pedir cita para contar sus dolores y molestias. Es mejor hacerse con comida apropiada a sus estómagos en la tienda especializada del barrio y dársela.



Un poco más adelante nos encontraremos con el Viaducto del Ferrocarril, de grandes ojos bajo los cuales pasaremos junto al río. Puesto en servicio en mayo de 1964 sólo para mercancías, pasó a ser también para viajeros en noviembre de 1967 cubriendo la línea Madrid-Pinar de las Rozas, con sus siete vanos tenía previsto pasar más cerca de El Pardo en el proyecto que se desarrolló durante la República, que al no ejecutarse del todo, se retrasó posteriormente hasta las fechas dichas. Está en conexión con otro puente, de un solo ojo, que pasa por encima de la carretera.


Lo mismo durante el paseo os fijáis en unas formaciones que parecen naturales pero que no lo son, rocas y restos vegetales estratégicamente situadas por el ser humano para crear movimientos en la corriente y provocar sedimentos de diferente sensibilidad, diferentes velocidades, profundidades, lechos... que provocarán la creación de diferentes hábitats y así una mayor variedad ambiental ¡fíjate!, se denominan "hidrotecnias" y se encuentran cerca de la llegada al pueblo.


Tal vez os distéis cuenta de que hay un sendero estrecho pero señalizado, que paralelo a nuestra ruta, sube y baja por la orilla del río, es otra alternativa aunque más costosa y con el aliciente de encontrarnos con restos vegetales que saltar o cortes por las crecidas del agua que vadear ¡la aventura es la aventura!. Tras un tramo acerado, llegamos al Puente de Capuchinos, que soporta la carretera que sube a la Ermita del Cristo de El Pardo, pero sigamos, porque volveremos por aquí. Más arriba del curso nos encontraremos con el Azud del Pardo, una represa que contiene una rampa para peces de forma que estos puedan seguir su camino río abajo, salvo que aparezcan salmones, que ya sabéis que esos "escalan" ríos, aunque lo dudo en estas latitudes. Disfrutad de los miradores al río, como el de la foto de arriba. Enseguida el cauce da un giro de noventa grados y se nos abren las praderas de Mingorrubio, un inmenso lugar poco arbolado, la verdad, pero que durante la mayor parte del año permanece agradablemente verde. Una gran encina nos permite descansar un ratito a la sombra en unos oportunos bancos. Frente a ella, la pasarela peatonal por la que cambiaremos de orilla para volver, si bien es verdad que aún se puede seguir, hasta el muro de la presa de El Pardo, pero en todo caso, la vuelta será "cambiando de acera" y es la  pasarela la única que nos permite hacerlo.


La presa de El Pardo es inaccesible al estar en zona protegida, sólo podemos admirar su aliviadero, se construyó en 1970 ocupando un fértil valle, alterando así el equilibrio ecológico de la zona; por tanto, la regeneración posterior tuvo que ser intensa y hoy se puede gozar de gran variedad encontrando gaviotas reidoras, águilas pescadoras, cigüeñas negras y varias especies anfibias y piscícolas; el pantano almacena hasta 45 hm3 y en la zona más alta alcanza casi los 30 metros, linda con el cementerio del pueblo y el término de Colmenar Viejo. En cuanto a la pasarela, la que hay actualmente sustituye a otra anterior que era demasiado baja, es una estructura metálica abierta que permite vadear el río pero que está preparada para soportar posibles crecidas. Al otro lado ascendemos un poco y encontramos la senda de retorno junto a la verja que nos separa del coto, puede que con un poco de suerte veamos algún gamo o cervatillo saltando a lo lejos, aunque también podría tratarse de jabalís, zorros, gatos montés, tejones, garduñas, etc. pero tranquilos que ya no hay lobos, osos o linces, tampoco nutrias. Volando puede pasar el águila imperial, buitre negro, búho real, urracas, palomas, etc. El enclave mantiene un bosque mediterráneo donde predomina la encina rodeada de la jara, pero también el quejigo, los alcornoques y el pino piñonero que tanto se utilizó para repoblar durante un tiempo; y por la senda además, pasaremos entre olmos, plataneros, cerezos, robles, chopos, fresnos, sauces... y una extensa variedad de vegetación de ribera, tanto en este tramo como a todo lo largo de la Senda Fluvial.


En la foto de arriba, el mirador sobre el Azud visto desde este lado. Y por este camino, regresamos hasta el Puente de los Capuchinos, donde se acaba nuestro paseo. Eso sí, en El Pardo hay una buena cantidad de cosas que visitar y bares donde reponer fuerzas, a vuestra elección. ¿A qué ha valido la pena?. Para regresar hay dos lineas de autobuses, es Zona A del Consorcio Regional.


El Corredor Ambiental del Río Manzanares es un proyecto del Ministerio correspondiente (no pongo el actual, porque luego cambia de nombre y la liamos) que puedes consultar en una web específica creada por la Confederación del Tajo en restauracionfluvialriomanzanares.es, la idea es la de regenerar la orilla del río para hacerlo transitable y facilitar el transcurso de las aguas para recuperar su naturaleza de río vivo, hay que añadir que su estado actual es francamente apetecible para un paseo muy cómodo, accesible a todo el mundo en casi todos los tramos.


@ 2021, by Santiago Navas Fernández

No hay comentarios:

Publicar un comentario