sábado, 30 de octubre de 2021

3 RELATOS PARA EL CAMBIO DE HORA

 


PASADO DE ROSCA ¿qué pasaría si al dar el cambio de hora te pasases dando vueltas atrás al reloj? ¿y si retrasaras también el calendario?

TRASNOCHADORA hay personas para quienes el cambio de hora no tiene transcendencia en su vida, porque lo que menos saben es qué es "hora" y "reloj".

OJO DE BRUJA toda su vida recordará cómo le pintó su madre para la que sería la última noche de "asustar", que aquel año coincidió con el cambio de hora.



PASADO DE ROSCA

Marcus volvió como cada sábado noche, al amanecer del domingo. A pesar del mareo que sentía, se acordó de que tenía que atrasar la hora “¡caramba, al final habré vuelto una hora antes que cualquier otro domingo!” se dijo riendo, estaba radiante. Estiró el edredón nórdico de plumas, conectó el canal de estrenos de videos musicales y fijó el móvil a una hora apropiada para despertarse… Había sido una noche espectacular: el coche que le había prestado el padre, una cena romántica con Lori en el camboyano de moda, la chica ideal que no le había hecho caso nunca esa noche se abrió a él, algunas copas y… vida de niño bien le decía su primo, pero bueno, el destino le puso ahí, no era cosa suya, lo sabía ¿qué iba a hacer, despreciarlo?... mientras recordaba el cuerpo desnudo de Lori, atrasó mecánicamente las manecillas del viejo reloj de bolsillo suizo con calendario que guardaba en un cajón, regalo del abuelo, valía un pastizal. Se durmió soñando que volvía a ser un bebé y una cigüeña se posaba a su lado.

 

Un rabioso rinnnngggg penetró su cabeza haciéndole saltar de la cama, un hombre con el aspecto de su padre le gritaba desaforado “¡ni has cambiado la hora, gandul!”. Iba sucio y mal aseado, con una garrota en la mano con la que parecía iba a darle, todo estaba en tiniebla. Una mujer con el aspecto de su madre corrió unas cortinas desconocidas para él, ajadas y descoloridas, para dejar entrar la luz a través de los sucios cristales que aún quedaban sin romper. Marcus miró a su alrededor… no reconocía el lugar, parecía un mal sueño, se tiró de la cama… no encontró su móvil, ni vio el televisor, ni el reloj estaba en el cajón, sólo algún poster de roqueros, raperos y lo que su madre llamaría quinquis de pelos de punta y cadenas colgando lucía en la pared junto a un armario cochambroso. Aquél no era su cuarto, ni ese su padre, ni esa su madre, pero le llamaban hijo: “Marquitos ¡vas a volver a perder el trabajo otra vez, levántate ya, joder!”

 

Le tiraron la ropa que se supone se debía poner ¡qué harapos!, pero se vistió no sin llevarse algún pescozón al que no quiso responder. La cocina con olor a verdura cocida, llena de cacharros, con los azulejos churretosos, le esperaba. Un vaso de leche con algo de color café y unas galletas ¿dónde estaba María, la cocinera, con el zumo de guayaba, el café oloroso, la leche descremada, las galletas horneadas, mantequilla, mermelada, distintos tipos de azúcares…? 

 

Marcus miró el reloj de la pared, miró el calendario… y lo comprendió todo en un segundo.






TRASNOCHADORA



- Bueno hermana, llevamos mucho rato al teléfono. Te voy a tener que dejar ya.


- ¡Ah, sí, claro!


- Que no se te olvide que esta noche cambiamos la hora. Qué pesadez ¿verdad?


- Jajajaja, a mi me gusta, hija mía.


- ¿Anda, y eso?


- Pues porque es el único día que las monjas me dejan trasnochar -la hermana al otro lado del teléfono no dijo nada- verás, siempre me acuesto a las 12, cuando suena el tic tic del reloj de pulsera que me regalasteis, pero cuando hoy lo cambie pondré las 11..., cuando vuelvan a ser las 12, en realidad será la 1 de la madrugada ¡habré engañado a las monjitas!


- Claro hermanita, jajajaja, me parece muy original.


- Es que estas monjitas que me mandasteis al palacio son un poco tiranas, hija mía, por cierto, a ver cuando traes a tu novio a que lo conozca. 


- ...un día, hermana, un día... -sollozó.


- ¡Ah! y no me llames más "hermana", hija mía ¡que pareces una de ellas!


"Lo soy Virginia, lo soy, cinco años y un vacío nos separan", se dijo para sí llorando, como siempre que llamaba a su hermana a la residencia.






OJO DE BRUJA



Aquél año casi coincidió también la noche de miedo con la del cambio de hora. Mi madre me disfrazaba de bruja, yo era una niña muy pequeña, ella lloraba y yo no comprendía el por qué. Sobretodo al pintarme el ojo..., ella lo tenía igual muchas veces aunque no fuera el día de disfrazarse de dar miedo. A pesar de que me decía que no, sé que le dolía, a mi no el mío... hasta aquella noche. Él volvió, me desperté y oí que estaban gritando... "a las 3 serán las 2", habían dicho en la tele, me dormí tarde, pero... "A las 3 serán las 2", decían ¡ojalá! si hubiera sabido lo que iba a pasar jamás en mi casa hubieran llegado las 3, hubiera roto los relojes en las 2... cuando él aún no había vuelto y mi madre dormía abrazada a mi en la pequeña cama, temblando... Me desperté, lo vi todo, y el ojo que me había lavado mi mamá volvió a ponerse morado... me estremeció su alarido y salí corriendo, la puerta estaba abierta, la vecina vino corriendo hacia mí, me abrazó y me llevó a su casa, cerró la puerta... luego escuché la sirena de la policía.


Como cada año, cambiaré la hora, a las 3 volverán a ser las 2 y yo me acurrucaré bajo la ropa de la cama, temblando, aunque ya no entrará nadie gritando. Lo sé, pero no lo puedo evitar porque jamás volví a ver a mi mamá.





@ 2021, by Santiago Navas Fernández


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