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sábado, 4 de abril de 2026

LA CAJA DE CERILLAS.



Allí quedó, era una caja como aquellas que hicieron furor en los 90, colores vivos, doble raspador, 50 fósforos de cera blanca inmaculada y las cabezas de colores, unas amarillas, otras rojas, alguna lila... ¡una fantasía para un soñador! ¡una locura para un coleccionista! Brik la arrojó sobre la mesa y jamás se volvió a acordar de ella. Ahora tendría mechero, un precioso mechero dorado, lo había conseguido, con el emblema de la empresa labrado en cristal de rubí. Había dado el salto, era el día, por fin. Se lo dijo a Salma por teléfono "¡ya está!". Habían soñado con ello desde que se conocieron, intimaron, luego como pareja trazaron sus planes y ahora llegaba el premio, seis años de sacrificios, lejanía, esfuerzos, apariencia, locura, entrega... hasta que llegó su hora.

Esa noche tocaba brindar por lo conseguido, la pequeña recepción en el salón de plenos no se hizo esperar. Cositas de picar y buenos licores, una fiesta contenida que se alargó fuera de lo oficial. Acabaron en la discoteca de moda, borrachos, olvidando lo que eran, pero sintiéndose los reyes del mundo, no en vano tocaban la cima. Salma esperaba viendo las noticias, nada hablaban del cambio de dirigentes en la gran empresa, sólo se ocupaban de las noticias, veladamente no eran buenas, aunque la propaganda oficial las reconvertía en un tiempo de calma, de espera, negociaciones secretas... pero Salma ya para entonces había desarrollado una desconfianza crítica muy sutil. Algo no le gustaba de todo aquello que ocurría por el mundo. El Presidente del país abandonaba su residencia, el ministro de defensa estaba en un "lugar seguro" y... ¡en la empresa más importante del mundo quizá, cambiaba la dirección y nombraban director ejecutivo a su esposo! Un cambio muy sonoro, demasiado para quien sabía leer entre líneas.

A las 5 de la mañana Salma comenzó a preocuparse seriamente, más que por la ausencia de Brik, que ya había dado señales en otras ocasiones de saber prolongar la fiesta, por las imágenes en la televisión, algo confusas. Aviones pasaban sobre el cielo, las explosiones se sucedían en directo, pero nada decían del lugar donde ocurrían, y sin embargo ella, las sentía muy cerca, su corazón funcionaba como una cámara cerrada donde el eco no podía esconderse ¿Dónde eran esos sucesos? no podían estar muy lejos.

Dos horas más tarde un profundo silencio la despertó, la televisión no emitía nada. De repente un fuerte estallido, láminas de fuego y vehículos, farolas y otros elementos de la calle volaron. Algunos cayeron contra los ventanales de la casa y los hicieron añicos. Se oían gritos lejanos y, rápidamente, el sonido de un vehículo que frenaba ante la casa y una voz la llamaba con desesperación. Era Brik, por fin, descamisado, sangrante, herido levemente corría hacia la puerta medio derruida de la pequeña mansión en un barrio privado y bien vigilado hasta hacía unas horas, ahora un campo de batalla en plena ebullición, con fuego, destrucción, sangre y gente que corría asustada.

- ¡Al sótano, Salma, al sótano! -sólo dijo al entrar y ver que estaba mirándole con el terror en su labios.

Allí se encerraron, un refugio creado para eventualidades, una habitación del miedo de la que siempre se habían reído, un poco con desprecio, sabían que sólo era un escondite para unos días, si algo grave ocurría, aquello no les iba a servir. Igual que les pasó con el pequeño coche utilitario con el que emprendieron su primer viaje de locos jóvenes enamorados, cuando aún iban en vaqueros sin marca. Y luego el televisor, el pisito, la casa chalet sin piscina siquiera..., todo fue sustituyéndose por algo más grande, más impresionante, más caro, más completo... ¡era el camino del éxito, el sueño hecho realidad!

Entraron a la carrera y cerraron, pero se les olvidó conectar el control remoto externo. El protocolo exigía la operación para un correcto funcionamiento, no tendrían algunos detalles en activo, pero ahora eso no importaba ¿Qué más daba la visión nocturna de los alrededores o la iluminación artificial? había pilas y linternas suficientes... ¿¡o no!? No, no las había, obviaron guardarlas recordó Salma, permanecían en sus cajas al fondo del sótano, en la zona más oscura, apiladas sin darles importancia. Sin energía eléctrica, sin pilas, sin linternas... no había cocina caliente, no había calefacción, no había reposición artificial del aire ni del agua, sino que funcionarían por su inercia... 

Brik se acordó "¿dónde están las cerillas, Salma, dónde las dejamos?"... Eran bonitas, con sus cabezas de colores, apenas insignificantes... si no hubiera habido un ataque violento, si no estuvieran en un refugio, si hubieran aprendido lo básico y luego hubieran aspirado a lo máximo.

Aquella caja de cerillas que ahora, con el calor y la cercanía de las llamas había comenzado a arder, desprendía láminas de colores que se perdían desde la mesa del despacho donde quedaron, entre las volutas de humo negro y asfixiante que desprendía la hermosa moqueta. 

¡Qué bonita luz daban, que buen calor generaban!


@ 2026, by Santiago Navas Fernández