miércoles, 18 de agosto de 2021

SERIE PASEOS, PARQUES Y JARDINES EN MADRID XLIX: CUATRO CAMINOS, UN PASEO POR EL TETUAN DE LOS JARDINES.

 

Un buen punto para iniciar esta visita es la glorieta de Cuatro Caminos y más en concreto la calle de los Artistas ¿no os sugiere ese nombre multitud de cosas? a mi me encanta. Este va a ser nuestro paseo por estos dos barrios de Tetuán, Cuatro Caminos y Castillejos, que se ubican uno a continuación de otro entre la calle de Bravo Murillo y el Paseo de la Castellana como el cuerpo de una lanza cuya punta acaba en la Plaza de Castilla. Entre ambos barrios, juntan la mayoría de parques, jardines y zonas de ocio del distrito, ya visitados en anteriores paseos, tal y como expliqué en el artículo referido a dar algunos apuntes antes de iniciar esta mini serie (volver a ver aquí), por lo cual nos los vamos a saltar siguiendo con la costumbre de este blog de no repetir recorridos. Podemos señalar las calles Dulcinea o Aviador Zorita como una frontera entre los dos mundos tan distintos, hasta su final en la avenida del General Perón, y luego continuar por la calle de la Infanta Mercedes hasta el Triángulo de Oro, cerca ya de la Plaza de Castilla.


Empecemos por esta calle arbolada con Aligustres del Japón. Uno se figura la calle de los Artistas como una sucesión de escaparates con escultores, carpinteros, pintores, músicos, luthiers, costureras y sastres, etc. pero no. Cuando la calle de Raimundo Fernández Villaverde aún no existía, ya existía esta vía llena de artesanos (según ciertos autores) y vecinos, los primeros podrían haber usado el nombre de artista para distinguirse de los segundos, en todo caso, su importancia radicaba en que era uno de esos cuatro caminos que daban nombre a la plaza. El desnivel sobre la citada de Raimundo Fernández Villaverde (de cuyo titular hablamos en uno de los paseos por la Castellana) crea situaciones singulares como por ejemplo las escaleras de la calle Cicerón, en cuya esquina inferior hay una conocida librería (para los aficionados) de segunda mano, desde arriba de estas escaleras se obtiene unas bonitas fotos, como la que hay sobre este texto, del Hospital de Jornaleros o Palacio de Maudes (lo visitamos aquí)

También dicho desnivel se ve compensado con unas escaleras en la calle Dulcinea (foto sobre este párrafo), y un ascensor adicional, todo muy metálico, creando una plaza justo abajo, por cierto como un desierto, todo piedra y algún escuálido Aligustre y/o Cerezo del Japón en lo que podría ser un espacio cómodo y amable si de dotase de más arbolado, jardines, bancos y alguna zona de juegos infantiles. Un poco más abajo, la calle de Don Quijote nos ofrece también unas escaleras para salvar el desnivel. No serán las únicas, a imitación de las de la calle Dulcinea, nos encontramos al final de Artistas unas escaleras y ascensor para salvar el gran desnivel que ha ido haciéndose más grande hasta aquí, donde acaba junto a unas casas bajas de aquellas que podemos suponer datadas alrededor de finales del XIX o principios del XX (foto debajo de este párrafo). La calle que estamos recorriendo es sinuosa, no tanto como el Paseo de la Dirección, pero algo sí y quizá con ese medio cumpliera el fin de ir descendiendo tranquilamente hacia el arroyo Carcabon (que circulaba por lo que hoy es la Castellana y antes solo campo, como ya explicamos en otro artículo).

Nada que añadir sobre la denominación de Dulcinea y don Quijote o Cicerón para las calles así llamadas, pero sí hacer notar que las tres son paralelas y descienden cruzándose con la calle Hernani, sometida a ampliación y en cuyos nuevos espacios se van montando arbolado (Aligustre del Japón como en toda la zona) y algunos bancos, convirtiéndola en un agradable lugar para pasear observando sus numerosos comercios. Y respecto del aviador, decir que se trata de Demetrio Zorita Alonso (Ponferrada, 1917 - Torrejón de Ardoz, 1956), el cual alcanzó el honor a tener su nombre en una calle cuando en 1954 se convirtió en el primer piloto español en romper la barrera del sonido en un avión, eso sí, hay que aclarar que fue con las fuerzas aéreas francesas, en un curso que realizó allí.

Podemos pasear por el entorno de estas calles pero siempre en dirección hacia la plaza de la Condesa de Gavia, un lugar ligeramente ajardinado y dotado de Aligustres del Japón, Cerezos de flor y algún Platanero de sombra, a los cuales podían unírseles zonas de jardín; está a la espalda del Mercado de Maravillas. En especial la confluencia de la calle Oviedo, toda dotada de Perales de flor, y la calle de San Antonio, la cual forma una pequeña plazoleta con la calle Palencia que goza de cierto arbolado que sumar a las variedades dichas, com es el Árbol del Amor. Ver las fotos sobre este texto.

Sabemos que lo más antiguo que se registra en el lugar del actual Mercado de Maravillas, es una fábrica de papeles pintados así llamada. Ya dijimos en el artículo de introducción a esta serie de paseos por Tetuán, que la frontera de Madrid se situaba en Cuatro Caminos y una creciente población se ubicaba cerca, atraída por las diversas fabricas, huertas, etc. En 1889 se vende el solar de dicha fabrica a los Hermanos de las Escuelas Cristianas (de la Salle) que lo transformaron en un noviciado, pero al cabo de tres años lo trasladan y, en su lugar, en septiembre de 1892 comienza a funcionar el Colegio Nuestra Señora de las Maravillas, que se mantendría en activo hasta mayo de 1931 cuando un incendio devoró el edificio convirtiéndolo en un solar. El alcalde Pedro Rico encarga al arquitecto Pedro de Muguruza (autor de obras como la Estación del Norte, el Palacio de la Prensa, el Coliseum, etc. y años después del Valle de los Caídos) un proyecto para construir el mayor mercado de abastos de España, ¡y de Europa!, dada la creciente demanda de este barrio que cada vez está más poblado por humildes trabajadores. La Guerra Civil interrumpe su construcción que no se recupera hasta 1939 y tres años después lo inaugura el nuevo alcalde, Alberto Alcocer. Desde 1985 aparece catalogado con nivel de protección 3; son 20.000 m2 en total en dos plantas, de los que casi 9.000m2 están dedicados a uso comercial en una sola planta a 2 metros de altura sobre la cota de la calle de Bravo Murillo. Uno de los más visitados de la capital. Por cierto que, como casi toda Bravo Murillo, nos podemos resguardar del sol gracias a los Plátanos de Sombra que hay por las aceras.

Seguimos por la calle Bravo Murillo hacia arriba. El crecimiento de la ciudad hizo plantearse al párroco de Nuestra Señora de los Ángeles la necesidad de establecer un lugar religioso al otro lado de Cuatro Caminos, así que aprovechando la presencia en su Parroquia de dos padres capuchinos, les propuso la idea. Dicho y hecho, los capuchinos compraron un solar en 1939 donde anteriormente hubo un convento de Mercedarias que unos exaltados anticlericales habían quemado ocho años antes, justo más o menos cuando ardió también el colegio de Nuestra Señora de las Maravillas que citamos antes ¡qué casualidad!. Tras diversos intentos, por fin se colocó la primera piedra en 1944 gracias a la religiosidad de doña María del Carmen Fernández de Córdoba y Pérez de Barradas (en el callejero figura con su título: Condesa de Gavia, que si no había que hacer una placa como un mural, la que figura en la plaza a las espaldas del Mercado de Maravillas), hacedora económica del hecho por otro lado, que no solo con fe se levantan paredes. En 1947 se inauguró oficialmente con el nombre de Santuario de San Antonio de Padua, en junio del año siguiente se instaló el órgano ofreciendo un concierto, pero poco más. En diciembre de 1949 falleció la condesa, por su expreso deseo descansaría en un mausoleo dentro del templo embalsamada con el hábito de capuchino pobre, siendo trasladada desde su casa en el Paseo de la Castellana y entrada a hombros de los obreros de su finca de Mudela, con toda la iglesia revestida de terciopelo negro.


Bajo el Camarín donde se encuentra la imagen de San Antonio, acompañado de un ángel y un joven al tiempo que sostiene al Cristo-niño habitual, está el altar inaugurado en 1951; se deben destacar dos murales a cada lado de la cruz que forma la nave, policromados sobre la misma pared, con representaciones alusivas al santo titular y a San Francisco. Un poco antes en un lateral, encontramos la imagen de la patrona de Venezuela, Nuestra Señora de Coromoto (aparecida en la ciudad de Guanaré en 1652, un 8 de septiembre, coincidiendo casualmente con la festividad católica de multitud de otras "Vírgenes" por diversos pueblos y ciudades de España). La nave de la iglesia tiene a un lado un edificio con diferentes servicios para los habitantes del barrio. Además cuenta con un colegio a sus espaldas donde hoy impera la multiculturalidad reflejo del actual barrio.



En un lateral del templo está la calle Tiziano que si la andamos desembocaremos en los Huertos Urbanos de dicho nombre, junto con una serie de solares vallados que mantienen un largo conflicto de propiedades en el que no vamos a entrar por no ser tema de este blog. Pero esta calle que debería desembocar en la de Dulcinea, se halla cortada en un determinado punto por una valla que rodea un edificio moderno, incluido el espacio de la propia calle, con un cartel que anuncia que aquella es una propiedad particular (en la foto sobre el párrafo, la de las escaleras vista desde Dulcinea).


Así que para llegar hasta la calle Reina Mercedes hay que salir a la calle de Teruel, según planos antiguos esto no debería ser así. Merece la pena, pues la de la Reina Mercedes es una calle ajardinada que guarda una mezcolanza entre Plátanos de sombra, Aligustre del Japón, Olmos siberianos, etc. casi por igual a ambos lados, solucionando así los desniveles existentes y dándole una gran frescura al barrio, eso sí, siempre por debajo de la imaginaria frontera de la calle Dulcinea. Y paralela a ella, entre los edificios modernos en posición perpendicular a dicha calle, existen unas zonas abiertas y accesibles mediante escaleras.


Otra curiosidad que hay, está en el principio de la calle Lérida casi esquina con la calle de Aquilino Domínguez, donde encontramos varios Arce campestres. En realidad dicha calle debería empezar en la calle de Teruel, pero un edificio de poca altura, de abolengo y estilo sino neo mudejar madrileño lo parece, se lo impide. De hecho, desde la calle Lérida se ven las galerías del citado bloque asomar sus barandillas como si fueran el balcón del consistorio del pueblo, dicen que un problema administrativo ha impedido el desalojo de estas viviendas para prolongar la calle Lérida que a ese paso va a llegar a la de Tiziano. Por cierto, que la de Lérida es muy larga y en muchos puntos ya ha conseguido un buen ensanche, dotándola de arbolado y pequeños jardines privados ante algunos edificios. Quiero insistir, como ya hice en otros artículos, sobre la mención que hay de tantas calles con el nombre de provincias y pueblos, así denominadas quizá en memoria de aquellos inmigrantes que iban llegando y agrupándose por familias, procedencia, etc. prueba de ello es que en muchos negocios se adoptaban gentilicios de diferentes lugares.


Volvamos a salir a la calle Bravo Murillo subiendo por la calle Ávila, un desierto sin arbolar. Nos habíamos dejado dos construcciones históricas, el Cine Europa y el Colegio Jaime Vera en la misma esquina. El Cine Europa ha sido testigo y protagonista a la vez, en la historia del barrio. Inaugurado en 1929 tras proyecto del arquitecto Luis Gutiérrez Soto e iniciativa de Francisco de la Vega y Manuel Vicente, estaba concebido como un gran centro de ocio, pues aparte de las 2.500 butacas distribuidas en tres alturas y palcos que tuvo al principio, contaba con un bar en la esquina y salas en el primer primer piso, billares en el segundo y servicio de barra en la azotea (que no llegó a funcionar, pero se construyó). Una magnífica fachada con un gran ventanal y alguna terraza, diseñada en redondo, por lo que se tuvo que construir una calle adicional que se conoce como pasaje del Europa, se elevaba sobre las obreras casas bajas a su alrededor. Sus impresionantes huecos interiores, la lampara del vestíbulo, las magníficas escaleras, etc. constituyeron un hecho inigualable. Fue testigo de un mitin donde la Falange inauguró su "cara al sol" así como diferentes mítines y reuniones de diferentes grupos y partidos; actuaciones musicales y teatrales; y durante la guerra, sirvió de cuartel revolucionario, cárcel y checa de titularidad anarquista. Dadas sus características, fue un lugar de reuniones multitudinarias, en particular políticas, incluso al volver la Democracia. El cine como tal cerró en 1985, tras sufrir diferentes reformas para adaptarse a los tiempos: unos grandes almacenes, una tienda de regalos, un hotel en sus plantas superiores (para lo que fue transformada hasta su fachada)... pero al final sufrió un gran deterioro planteándose su derribo hasta que "Saneamientos Pereda" lo adquirió en 1995 y lo transformó en una gran centro comercial propio, recuperando parte de su antigua fachada, tal y como podemos verla hoy. Volveremos a ver algo de este estilo modernista original en el distrito, pero si queréis ver multitud de fotos antiguas, os recomiendo pinchar en cordelesdehesavilla.


Justo al lado se levanta el Colegio Público Jaime Vera (no confundir con el IES que está en la calle San Germán, mismo nombre, mismo distrito, distinto barrio, mismo proyecto, que luego veremos). Entre los arquitectos Antonio Flórez Urpadilleta y Jose López Sallaberry (municipal) proyectaron este edificio para el destino que sigue teniendo,  Grupo Escolar, inaugurado en 1929 (como el cine). Un proyecto gubernamental inspirado en las teorías modernistas proclamadas por la Institución Libre de Enseñanza, hizo construir diversos grupos escolares a lo largo de todo Madrid en los comienzos de la II República, con ánimo de promover la educación y el conocimiento entre toda la población de forma libre y gratuita. Impresionan sus grandes ventanas que dejan entrar toda la luz y así "parece que se está trabajando al aire libre" como dijo Giner de los Ríos en 1932. Durante un prolongado tiempo recibió el nombre de General Zumalacárregui (lo que para los peques ya debía ser una tortura pronunciarlo), cambiando tras la transición al de Jaime Vera, como recuerda la placa que hay en su fachada.


Al final de la calle Ávila, que no es estrecha y cuenta con dos carriles, comienza la Avenida del General Perón (doble ancho) y el arbolamiento irregular de la calle de la Infanta Mercedes a de Plátanos de sombra, sobre todo, aunque más adelante podamos disfrutar de algún Olmo y otras variedades. También por allí está la calle Fortunata y Jacinta, en recuerdo de la obra del gran cronista Benito Pérez Galdós (ver biografía aquí), que encuentra reflejo en los citados jardines ya citados en anteriores recorridos de General Perón. Un poco antes del final de Avila, está la pequeña calle de Gabriel Díaz, en perpendicular da acceso a garajes y sirve para cruzar hasta la calle de Juan de Olías por su zona peatonal dotada de Aligustres del Japón, a la cual podría mejorarse dotándola con algún banco. 


Que Tetuán fue una zona industrial ya no nos cabe duda, la falta de arbolado en las calles que nos esperan es testimonio suficiente, aparte de que si accediésemos a la calificación administrativa de uso de muchos de los bajos de los edificios, comprobaríamos que aún existe tal catalogación, lo que a veces ha dado más de un quebradero de cabeza a los vecinos. Una muestra de ello es la gran manzana de solar creado por derribo de las viejas naves industriales, a lo largo de la calle Lérida y sus perpendiculares calle Salamanca, calle de las Mercedes, calle Asunción Castell, calle Manuel Luna, calle La Coruña... donde se van construyendo modernos edificios de viviendas, pero sin zonas verdes comunes, sólo la perspicacia de algún constructor ha creado espacios verdes acotados para los propios vecinos. Aún se conservan numerosos talleres, locales e industrias que nos recuerdan un polígono, con hoteles pequeños, restaurantes, etc. pero sobre todo, el curioso edificio Tecnus dotado con un parking público, fachada de cristal azul y destino final de la mencionada calle Salamanca, ancha y sin embargo con apenas acera para permitir dos carriles que den servicio de entrada y salida de vehículos a este recóndito lugar que no se adivina al pasar por Bravo Murillo y, sin embargo, a su altura en la mencionada calle, hay un horrible edificio desgarbado, que contiene un cash & carry en los bajos. Seguimos adelante.

Y nos detenemos en la esquina de las calles de La Coruña y Lérida para conocer un curioso lugar denominado Museo Trifológico de la ONCE (accede a la web aquí). Hay que desmitificar: no es un museo restringido, todo el mundo puede disfrutar de él, tenga o no discapacidad visual, porque como dicen en la web es un museo para ver y tocar. El nombre deriva del griego typhlós, ciego, y fue inaugurado en 1992. Alberga una exposición permanente de obras de autores con dificultad de visión en diferentes grados, una sala con maquetas de monumentos nacionales e internacionales que "se pueden tocar", sala de material trifológico y sala bibliográfica, además de exposiciones temporales de artistas con discapacidad visual. Y ¡cómo no! la historia del Cupón de la ONCE, establecido por R.D. el 13 de diciembre de 1938 al crear la Organización Nacional de Ciegos de España que reunificaba diferentes grupos independientes y adquiría la protección del Estado para la consecución de sus fines; veremos como desde antes de este hecho hasta nuestros días, ha evolucionado el sorteo (no es por nada, pero cerca de allí está el edificio de los Servicios Centrales de la Agencia Tributaria, el Departamento de Recaudación y el INSS, yo ahí lo dejo).

Andando un poquito llegaremos a la calle de San Enrique, donde se encuentra el Mercado de dicho nombre, inaugurado en 1965 y remodelado no hace mucho, en 2008, tiene 40 puestos de venta de alimentación, peluquería, etc. y un Mercadona en sus bajos, además de un amplio aparcamiento, lo que le da dinamismo a la zona. No corramos mucho, que ya estamos llegando al final del barrio. En la calle Anastasio Herrero encontramos "La Enredadera" un Centro Social creado en el barrio por gente del barrio con inquietudes de las que no salen en los telediarios, no sin cierta polémica claro, pues nunca llueve a gusto de todos, aquí podéis encontrar su web y saber lo que hacen, eso sí, procura conocerlo pronto pues cualquier día de estos los acaban por desalojar, cosa que ya se ha intentado en varias ocasiones sin éxito.

Casi enfrente se encuentra la Mezquita Central de Madrid, la más antigua de la capital si nos olvidamos de que Madrid es de origen árabe, con lo cual más antiguas hubo aunque hoy en día están perdidas. El edifico es obra del arquitecto Juan Mora Urbano para la Asociación Musulmana de España y fue sufragada por las contribuciones de sus fieles creyentes, cuatro plantas con alminar y cúpula, donde se sitúa el recinto religioso, las oficinas y además guardería, escuela, biblioteca, auditorio, sala de reuniones y carnicería halal (es decir, carne saludable y autorizada sin contaminación, por ejemplo, sin mezclar con cerdo en la cultura árabe). Se inauguró en 1988 como primera mezquita aljama (mezquita mayor en árabe castellanizado) de la capital, hoy también existe la de la M30. Es sede de la Comunidad Islámica de Madrid (Mezquita de Abu-Bakr) y de la Unión de Comunidades Islámicas de España; mantiene desde 1998 un convenio con la Comunidad de Madrid y también participa desde 1992 de un acuerdo de cooperación con el Estado Español a través de su Comisión Islámica de España. Forma imames para la Universidad de al-Azhar, creada en Egipto en 975 y actualmente escuela suní. Realiza diferentes funciones en su cometido pero además organiza visitas guiadas y otros actos abiertos al público. Os recomiendo echar un vistazo en madridarabe.es para conocer más lugares de esta cultura y religión en Mayrit.

Bueno, pues la siguiente calle ya es el final del barrio de Cuatro Caminos. Llegamos a San Germán, donde por fin volvemos a ver algunos árboles en las aceras, aunque sólo sean Aligustre del Japón y estén en la acera de enfrente (que ya es otro barrio) y como habréis notado, no hemos nombrado ni un solo jardín ¡y menos un parque!, por el contrario, hemos pasado por calles y calles apenas dotadas. Ya os dije que este barrio se divide en dos zonas claramente distinguibles por la cantidad de zonas verdes y en esta, "la pobre", lo que más podemos disfrutar es de alguna calle arbolada y con bancos. Sin embargo, en la otra parte, "la rica", hay zonas verdes y de ocio a cada paso. Y no lo podemos achacar a la antigüedad del barrio, pues la zona de la avenida de General Perón hasta San Germán, también contiene unos edificios (os recuerdo las torres como rascacielos antes de San Amaro) de entre los 50 ó 60 levantados para militares y empleados púbicos que ya se hicieron con sus jardincitos y todo; en "la zona pobre", también hay edificios muy modernos pero sin nada de ello, salvo la excepción que confirme la regla, cierto es que las modificaciones urbanísticas de un largo tiempo a esta parte, van ensanchado calles y dotándolas de alcorques en su acerado, pero sin parques ni jardines. No estaría mal que alguna de esas manzanas que se derriban, se reconvirtieran en una buena zona verde con área infantil, de mayores, canina, etc.



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Para ir al recorrido por el barrio de Berruguete, pincha aquí.
Para ir al recorrido por el barrio de BellasVistas, pincha aquí.
Para ir al recorrido por el barrio de Valdeacederas, pincha aquí.
Para ir al recorrido por el barrio de Castillejos, pincha aquí.
Para ir al recorrido por el barrio de Almenara-Ventilla, pincha aquí.


@ 2021, by Santiago Navas Fernández




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