martes, 13 de octubre de 2020

SERIE PARQUES Y JARDINES DE MADRID XX: PASEAR POR LA DEHESA DE LA VILLA (y 2ª parte)

Cada vez que voy a pasear por la Dehesa me surge la misma duda ¿por dónde entro hoy y qué recorrido hago? Y esto es porque la Dehesa es un Parque abierto, sin puertas ni muros. Los vecinos de Valdezarza, San Federico, San Nicolás, "los guardias", Francos Rodríguez, Pirineos, etc. lo tienen fácil pues viven colindantes, pero alguien que venga de fuera puede dudar entre varias posibilidades, porque hay multitud de rutas que patear, tanto que aquí voy a intentar mezclarlas en una sola aunque sea algo larga; además, ya no existe ninguno de sus famosos kioskos donde hacer un alto, por lo que os recomiendo llevar algo de agua.


Sobre estas líneas el plano que podéis conseguir en el Centro de Información y Educación Ambiental o descargar de la web madrid.es/DehesaVillaFolleto.pdf, os servirá de guía.


Voy a empezar en las Escuelas Bosque, de las que hablábamos en la primera parte; bajando esta calle del Santo Ángel de la Guarda nos encontramos a la derecha con el polideportivo Fernando Martín y enfrente de él, un pequeño parque y lo que fue el barrio de "los guardias", así conocido popularmente por ser bloques donde vivían miembros de la "Policía Armada" destinados en el cercano cuartel desde mediados del siglo pasado, se le conoce como el PARQUE DEL SANTO ANGEL DE LA GUARDIA, igual que la calle. 



Hubo allí un campo de fútbol donde ahora nos encontramos con dos modernos edificios descomunales que se han comido el territorio verde en buena parte, no serán los últimos, por desgracia, pues ya están amenazando con algún otro más, a un precio que ni te cuento, por cierto. La especulación no encuentra frontera en lo verde, sino un argumento para engrandecer sus márgenes comerciales, esos jardines y parques de todos que de esta forma constituyen "otra ventaja" más que añadir a la oferta.

Un poco más adelante dejamos a la derecha el recoleto PARQUE DEL HOYO que salva el gran desnivel del terreno con el barrio de Valdezarza, aportando una solución para cubrir el talud que se prolonga hasta la zona "de arriba" de este mismo barrio, allá por la calle Arciniega y otras (que visitamos, pulsa aquí, junto con Saconia y Belmonte). Enfrente comienza una de las puntas de la Dehesa, en el barrio de "los guardias" y continúa por las tapias del IES La Paloma, decoradas con multitud de grafitis, algunos francamente extraordinarios, la otra frontera la crea la calle del Alcalde Martín de Alzaga (alavés de nacimiento, se le reconoce como héroe de la reconquista de Buenos Aires tras la invasión inglesa de 1806, de donde consiguió ser Alcalde, y posteriormente abogó por el enfrentamiento con los franceses invasores napoleónicos de España. Tras participar en una Asonada y otras vicisitudes, murió fusilado. Cuenta con una placa en su honor). Una zona de pinos y frescos jardines se abre para envolver al campo de futbol de San Federico, hoy vallado, donde tiene su sede la escuela del RCD Español de Madrid, émulo del de Barcelona, en lo que se denomina PARQUE DE LOS PINOS-SAN FEDERICO, integrado en la Dehesa de la Villa. 

Un poco más adelante, el Parque acoge una zona de descanso con área infantil y aparatos de gimnasia para adultos; en la esquina de la calle dedicada al Alcalde Martín Alzaga con la calle de Antonio Machado (el tramo que se conoce como la cuesta de la Dehesa de calzada de doble sentido desdoblada) podemos disfrutar de un mirador y de unas notables escaleras hechas para salvar el desnivel, buenas sin duda para quien quiera hacer algo más de deporte; al otro lado de la calle a la que conducen, hay otro mirador (aquí te dejo un par de fotos, por si te lo quieres pensar) pero eso ya es parte de Valdezarza y hoy... ¡no toca!

Sigamos pues. Pegado al muro del IES La Paloma, un paseo llega hasta el final donde se encuentra con la calle de Francos Rodríguez, donde en su día daban la vuelta los tranvías que venían de Cuatro Caminos, luego sustituidos por unas "caminonetas" verdes y estas por los autobuses municipales actuales, rotonda que estaba al lado de la Casa del Escudo que citamos en el primer artículo, sea suficiente saberlo para atar cabos. Desde el final de "la cuesta de la Dehesa" que decíamos, cruzamos a la avenida de los Mártires Maristas, que separa una hilera de chalets modernos (eran casas bajas donde los más viejos recordarán alguna sala de fiestas) del Parque, y que acaba en unas largas escaleras en dirección hacía la Ciudad Puerta de Hierro. A ver quién encuentra un capirote que en esta zona está muy enterrado por la falta de atención y el arrastre de material durante las lluvias. Bajando llegaremos hasta el mirador sobre la entrada al túnel de la calle Sinesio Delgado, por donde se esconde el tráfico de la M30 y la A6 camino del interior de la ciudad, solución que como ya contamos en el anterior artículo, se dio al antiguo proyecto de una autovía que atravesara la Dehesa para enlazar con la calle Francos Rodríguez, gracias a la oposición vecinal, ver noticia aquí (abajo una foto hecha con la nevada de enero de 2021 desde dicho mirador).



Ahora nos encontramos en el pretil del puente, viendo los vehículos entrar o salir del túnel, a mano derecha hay una serie de jardines que no tienen nombre ni pertenecen a la Dehesa, sin embargo, sí tienen una continuidad con ésta, pues preceden la explanación del "canalillo", de la que hablamos aquí. Viene dicho camino doblando el itinerario de la calle Isla de Alegranza, desde los campos de deporte de Antonio Machado (ver dos imágenes debajo de este texto).


Vamos a subir monte a través, para darle más aliciente, claro. Desviándonos ligeramente a la derecha encontramos una plataforma de hormigón que emerge de la tierra, es uno de los viejos búnkeres, recuerdo de la guerra de 1936, enterrado como el resto por cuestiones de seguridad, de hecho, desde ahí y si nos fijamos en unos árboles que hay muy juntos casi enfrente, sobre el camino de más abajo, veremos otra plancha de hormigón y unas grandes piedras rodeadas de cedros, bien, pues es otro. Pero subamos aunque nos parezca empinado, llegaremos enseguida a un camino que hace como una especie de rotonda, tras la cual y a lo largo suyo, encontramos varios elementos de gimnasia y bancos donde es habitual encontrar tertulianos, jugadores de tute... una pista de chito y un pino centenario protegido por un gran alcorque cargado de corteza para su protección y, tal vez distingamos, un capirote de los viajes del agua. En el mapa, esta es una ruta punteada de color verde, pero no la vamos a seguir pues acaba en la rotonda que citábamos como el fin de la calle Francos Rodríguez.
 


A la derecha nos habremos fijado en una estatua, hacia allá vamos. Se trata del monumento a Andrés Bello, del cual hablamos en la primera parte de la Dehesa de la Villa, pero está en el camino que nos lleva a uno de los varios miradores de este Parque, demasiado frondoso en su frente como para dejarnos ver con amplitud el horizonte, pero muy romántico con el paseo formado por viejos Almendros, Pinos y Cedros entre otros, fruto de la reforestación que se lleva a cabo. 


Podemos reponer nuestra cantimplora en la fuente de piedra. Desde aquí podemos bajar al gran camino, antigua carretera que estuvo en funcionamiento hasta 2004, cuyo uso se prohibió gracias a las presiones vecinales (bueno, no de todas las asociaciones, hubo una que planteó una duda muy razonable según nos explica la Federación Regional de AAVV aquí). El caso es que unía el final de la calle Francos Rodríguez con la avenida de Miraflores y la de la Complutense.


La carretera fue protagonista de competiciones de coches de rally y de bicicletas, pero también de un tráfico que llenaba de ruido los bosques. Dos años después del cierre, comenzó su adaptación a lo que es hoy día, una pista ciclista y un paseo para viandantes, separadas y perfectamente identificadas ambas funciones, lo malo es que a veces no se respetan y eso puede dar lugar a accidentes. En dicho camino se ha replantado, entre otras especies, Encinas, característico árbol de cualquier Dehesa. El sinuoso recorrido que podéis ver bien señalado en línea continua roja en el mapa del principio, incluye la llamada "curva de la muerte", llamada así por lo cerrada que era, aunque no la única, hoy es un amplio mirador para apreciar todo el paisaje desde Moncloa hasta la sierra y al fondo, hasta donde la claridad del día os deje. También destacamos aquí los almendros que en su momento, adornan el camino con su bello florecimiento.



Paralelo a este tramo hasta dicha curva, transcurre a un nivel inferior el ramal del Sendero Real y que aparece en el mapa con puntitos rojos, hoy es parte de la senda GR124 (está señalizada), por cierto, que aprovechando esto vamos a hablar algo de la señalización de rutas y senderos. Está homologada en su forma y colores a través de la FEDME (Federación Española de Deportes de Montaña y Escalada) cuya página web es www.fedme.es/index.php?mmod. En ella podréis encontrar gran información y enlaces a temas relacionados, incluido buscar a nivel local y regional en la Federación correspondiente, rutas y senderos. La forma de diferenciar las rutas está recogida en este cuadro de la propia Federación, pero ojo, nadie puede poner estas señales más que la propia Federación y sus Regionales, porque están registradas a su nombre:


Para interpretar correctamente los símbolos, mira aquí, aunque ya te digo que son muy intuitivos. Sigamos. En la siguiente curva por esta carretera nos encontramos a los pies del búnker oculto por unos cedros que dijimos y algo más arriba enfrente, el otro que asoma vagamente. También el mirador sobre la entrada al túnel de la calle Sinesio Delgado. Es aquí donde comienza el paseo del "canalillo", objeto de un artículo propio.


Seguimos bajando por la antigua carretera, hoy pista ciclista y de paseo, y nos cruzamos de nuevo con el ramal del GR124 citado (por cierto, si queréis conocer más de él, ver aquí) justo junto a la entrada del área de empleados del CIEMAT, de hecho, podemos ver sus pistas de deporte, piscina, restaurante, terraza, etc. que pertenece ya al terreno de la Ciudad Universitaria. El Sendero transcurre paralelo a nuestro camino por el otro lado, volviendo a juntarse en la gran rotonda donde confluyen con la avenida Complutense (Ciudad Universitaria), con la avenida de Miraflores (Ciudad Puerta de Hierro) y la carretera de la Dehesa de la Villa (subida o bajada a la M30 y A6). A la derecha hemos dejado una cuña de la Dehesa que se conoce como zona de "Pedrete", se compone de un bosque sin ajardinar, al final del cual hay una central de transformación de Iberdrola con los muros decorados con grafitis de múltiple colorido.


Estamos en la parte baja de la Dehesa y los terrenos que vemos enfrente, pertenecen a la Universidad y a la Ciudad Puerta de Hierro, como rezan los carteles de sus calles, del conocido Club de Golf nos separa un muro infranqueable. Vamos a volver subiendo por el Sendero Real. Nada más pasar la entrada del CIEMAT nos encontramos con una gran vaguada, originada por el curso de un río, donde hay unos paneles de naturaleza que nos hablan de las aves del lugar, con bancos para sentarnos a escuchar el silencio y el canto de los pájaros, con el Pino Rey protegido por un inmenso alcorque relleno de cortezas de pino y donde en sus tiempos hubo un kiosko y se celebraban festejos diversos (¡doy fe!).


Tal vez el origen de ese curso acuoso esté en la Fuente de La Tomasa, la que vemos ahora está totalmente reconstruida, por supuesto, cuenta con un mirador observatorio de aves y un panel explicativo, siempre hay un "cacharro" con agua para que los animales de la zona bajen a beber. En sus tiempos, la humedad del arroyo creó un espacio casi selvático, hoy más abierto, nos deja ver un sencillo paso que salvaba el antiguo curso que transcurría hacia el Manzanares, sabemos que así fue, pues una vez salvadas las construcciones de la Ciudad Universitaria, vuelve a aparecer junto a la pasarela del Sendero Real, abajo del todo, una profunda zanja protegida contra posibles accidentes (¡atención!, no es recomendable usar este agua para nada). Ni que decir tiene que la Fuente de la Tomasa recibe el nombre de una famosa vecina que atendía a sus clientes por aquí, está junto a lo que fue el "canalillo", al otro lado del cual se ha propuesto hacer un pequeño lago aprovechando el desnivel del terreno, para reposo de aves acuáticas, de todas formas, aquí os dejo el enlace al Plan-Director-Dehesa-de-la-Villa a ver qué encontráis, porque yo no he sido capaz.



Pero sigamos la ascensión, llegamos a otra fuente y un antiguo kiosko que se reconvirtió en baños públicos pero que se cerró inmediatamente. Desde entonces ahí está, sin que muchos de los actuales visitantes sepan qué es. Y también veremos el vallado y silueta del único edificio que hay dentro de la Dehesa de la Villa, es el Instituto de Prevención de Riesgos Laborales del Ayuntamiento de Madrid, Fabiola de Mora y Aragón, de cuya historia hablamos en la primera parte.

 

Recordemos que este centro se comunica con el final de la calle Francos Rodríguez a través de una carretera asfaltada propia que se llena de coches los fines de semana, a pesar de que está prohibido aparcar en ella. Sigámosla andando y atravesemos el parking de vehículos que hay en un lateral, hasta volver a los pinares y la zona de repoblación, otra de las muchas que se ha hecho, en dirección hacia el Cerro de los Locos.



Una antigua torre de distribución eléctrica que hoy está coronada por antenas de telefonía, nos recibe. No está claro de quién es la propiedad y, por tanto, quién cobra los alquileres de dichas antenas, en su caso, aunque la verdad, no es misión de este blog saberlo; lo cierto es que la torre es un habitáculo donde se guardan utensilios diversos y que sirve a los que van a disfrutar del frontón en esta explanada; un tal Ángel, de los más antiguos del lugar y que desde muy joven se dedicaba a ensayar sus números circenses en este punto, tiene las llaves y anualmente, por mayo, hace una exposición de fotografías de aquellos tiempos. En el entorno del también llamado "Cerro de las Balas", se encuentran restos de construcciones, todas recuerdo de la Guerra del 36, salvo las que han hecho los interesados en mantener este punto de ocio y encuentro. Antes había hasta una fuente donde cabía una persona de pie bajo el chorro y que se utilizaba como ducha, pero el Ayuntamiento decidió "enterrarla", literalmente, bajo el pretexto de que el desagüe provocaba corrimientos de tierra, ¡tal cual! y prometió hacer una nueva... hace años... Vale, una de las construcciones "de la guerra", es una plazoleta levantada sobre la base de antiguas estructuras que denominan "el parlamento", resulta muy agradable sentarse a tomar el sol y charlar, por cierto, reconstruida por los dichos asistentes. La zona ha sido repoblada con Pinos y otras especies. Una escalera une el Cerro con el camino del "canalillo".



Desde este mirador bordeado de trincheras que hoy se han diluido en caminos que hay quien se cree que son naturales, podemos ver un horizonte casi infinito: el elevador de Moncloa, la Ciudad Universitaria y el Hospital San Carlos, el colegio de Ferroviarios, el cerro Garabitas y la Casa de Campo (incluso alguna de las altas atracciones del Parque de dicho nombre), la A6, el Hipódromo y los pueblos que tanto nos suenan hasta la sierra, Valdemorillo, Colmenar Viejo, la Bola del Mundo, etc. y, eso sí, unas puestas de sol maravillosamente espectaculares:

Este sería un buen final ¿verdad? ¡Vamos a continuar!. Regresamos por donde hemos venido, a la derecha vemos otro pequeño mirador con una fuente de piedra, tomemos esa dirección y bajemos hacia una gran vaguada, otra más que formaron las corrientes de agua y donde podremos apreciar varios capirotes que nos recuerdan que caminamos sobre los viajes del agua, un gran pinar que atraviesa la ruta punteada en oscuro en el plano del inicio.


Subiendo llegaremos por aquí hasta el Centro de Información y Educación Ambiental de la Dehesa y luego ver los dos últimos kioskos que tuvo este Parque (¡qué ganas tengo de corregir el pasado de esta frase y cambiarlo a presente), donde podías sentarte y tomarte algo fresco y reconfortante. También hay áreas infantiles y zonas ajardinadas, así como varios Cedros muy interesantes, entre pinos y otras especies menos abundantes. Y así, nos acercamos a la calle Pirineos.



Precisamente lo que os propongo ahora es seguir dicha calle desde el interior del terreno de la Dehesa. Lo primero que nos encontramos en la esquina de Francos Rodríguez, es el lateral del antiguo colegio Andrés Manjón (Colegio Giner de los Ríos que hablábamos en el anterior capítulo) y cruzando la pequeña calle de María Auxiliadora, con las Escuelas del Santísimo Sacramento, coronada con una cúpula preciosa que la distingue en la distancia. Estas escuelas religiosas salesianas, se construyeron y comenzaron a funcionar a partir de 1919 bajo la protección del matrimonio Oriol y Urquijo; tras el período de la República y Guerra Civil, durante los cuales quedaron abandonados los edificios con el consiguiente deterioro (casi estaban en la línea de fuego), se recuperaron a mediados del siglo pasado con el apoyo del colegio de la misma adscripción religiosa situado en la calle Villaamil. Mirar cómo asoma su silueta entre las ramas de los Cedros en la foto de abajo.


Poco más adelante está la actual Clínica Isadora, especializada en ginecología y cirugía de la mujer, autorizado por Salud Madrid para realizar técnicas de interrupción del embarazo, por lo que se hizo acreedora de protestas (y algún fanático ataque) en sus tiempos. De estilo neomudejar toledano, levantado a primeros del siglo XX, más o menos cuando el colegio salesiano, albergó una fábrica de sombreros y era la vivienda de la familia propietaria que se hizo "un hotelito en las afueras" siguiendo la costumbre de la época. Posteriormente albergó un centro de acogida a jóvenes. Por cierto, que circula por ahí una fotografía de un lateral donde se aprecia un boquete (restaurado, claro) que dicen que es el recuerdo del impacto de un obús durante la Guerra, dado que esta zona fue de gran intensidad en ese período, es muy probable que así sea.


Y del mismo arquitecto, un poco más abajo nos encontramos con la entrada de lo que fue "La Quinta del Mirador", una casa de construcción familiar siguiendo esa costumbre dicha y que desapareció con el milenio, para convertirse en una suerte de viviendas que han tenido el gusto de conservar dicha puerta. En el blog madrid-art-deco podrás leer algo más sobre éste y otro edifico que había cerca, "el Castillo", que mencionamos en el anterior artículo y que siguió igual suerte que el presente, te recomiendo seguir también los comentarios de la publicación, se adivinan viejas historias de vecinos.


Siguiendo este agradable paseo, llegamos al final de la calle Pirineos y nos encontramos con el antiguo edificio del Colegio de Huérfanos Ferroviarios, reconvertido hoy día en varias cosas: CUNEF, Universidad Antonio de Nebrija, Fundación Universitaria San Pablo-CEU y además cuenta con dos añadidos, la Residencia para la Tercera Edad Rafael Alberti y la Residencia para Estudiantes Antonio Gistau (que fue el impulsor de la organización del Colegio de Huérfanos Ferroviarios). En 1922 nació este proyecto para proteger a los hijos que pasaban a esta situación por fallecimiento de sus padres, empleados de ferrocarriles; en mayo de 1930 el rey Alfonso XIII inauguró el colegio. Abajo os dejo una foto de la entrada y otra hecha desde el Cerro de los Locos, y también un vídeo sobre su historia. 



Y una vez aquí, si queremos podemos bajar por la calle empedrada lateral a este edificio y su anexo de ladrillo que da hasta grima arquitectónica verlo. Si nos fijamos en la zona de pinares, pegado hay una plataforma de cemento, otro búnker. Y al final, el "canalillo", aunque para no cansarnos, lo vamos a dejar para otro artículo independiente, se lo merece. Para concluir, veamos los números de la web del Ayuntamiento:

Superficie: 645.309  m2
 
Árboles: 9240
Pino piñonero 56%
Pino carrasco 8%
Almendro 7%
Olmo de Siberia 4%
Arbustos: 481
Espirea 12%
Adelfa 9%
Tuya 9%
Macizos arbustivos: 17.580m2
Jara 10%
Romero 9%
Jara pringosa 7%


Y por último, recomendaros que sigáis todos los enlaces dados y además, siempre el oficial de cada parque:





@ 2020, by Santiago Navas Fernández

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