jueves, 15 de julio de 2021

SERIE PASEOS, PARQUES Y JARDINES DE MADRID XLIV: PARQUE JUAN CARLOS I (2 de 4): LA ESTUFA FRÍA Y EL JARDIN DE LAS TRES CULTURAS.



La ESTUFA FRÍA se encuentra dentro del Anillo Central, junto a la Ría y la plaza Central, a un tiro de vista del Jardín de las 3 Culturas, por un camino que viene  recto desde el Pórtico principal por el Paseo de los Cipreses. Fue construida en 1996 por los mismos arquitectos que hicieron posible el Parque. La idea era crear un centro abierto de iniciación a la botánica, un jardín climatizado didáctico donde el visitante se adentrase entre la vegetación mediterránea. El problema es que se dejó un poco de la mano de la madre naturaleza a partir de su inauguración en 2001, por lo que siete años después, "la selva" tuvo que ser restaurada. Hoy día se encuentra un poco triste tras el paso de Filomena, que también ha dejado su huella aquí. No obstante, hay que saber que consta de doce espacios diferenciados que recorrer a lo largo de unos agradables paseos; desde un jardín japonés, pasando por las plantas acuáticas, palmeras, zona de bosque de ribera, cítricos, etc. según vemos en el plano que hay a la entrada y que reproducimos encima de este texto. Ya el edificio de por sí llama la atención desde lejos al ver asomar del suelo e ir creciendo unas ruedas dentadas que en realidad son la parte alta, el tejado de un edificio de estilo post industrial en su estructura abierta para dejar pasar los rayos del sol y el aire, por eso se llama fría, porque carece de calefacción artificial, se templa porque está excavada contra el norte sobre el terreno y así recoge el calor natural, mientras unos aspersores procuran la humedad necesaria en sus 4.000 m2. No te puedes perder el mirador sobre la Ría junto a la entrada sobre la plaza Central, una explanada artificial de hormigón con unas escaleras a modo de graderío que permiten subir a la Estufa.


Diversas imágenes de la Estufa

El JARDÍN DE LAS TRES CULTURAS. Salimos y caminamos a través del olivar adivinando en el horizonte unas columnas que nos anuncian este Jardín. Realizado entre diciembre de 1990 y marzo de 1992, quinto aniversario de la expulsión de los judíos sefardíes y de la toma de Granada, mientras Colón hizo lo que hizo. Obra de la paisajista argentina y judía descendiente de judíos exiliados rusos residentes en Argentina, Myriam Silber Brodsky, la cual se educó en Israel viviendo en varios kibutz, hasta que viajó a Madrid y en 1986 entró a formar parte del equipo creador de la escuela de Jardinería de la Quinta de los Molinos (ya citada antes), dependiente del Ayuntamiento de Madrid. Las tres culturas que recoge este Jardín son la Cristiana, la Judía y la Islámica, tres religiones que convivieron pacíficamente muchos años en la Península Ibérica, todas de carácter monoteísta, que comparten pasajes comunes en sus historias y libros sagrados. Como símbolo de la tolerancia y la convivencia, se presentan con carácter universal, cada uno con sus símbolos más característicos, establecidos a una misma altura que veremos tras pasar un puente que simboliza la entrada a El Paraiso. Al que accederemos desde una plaza previa en la que comienzan las distintas señales, un banco de madera protegido por un tejadillo nos permite descansar brevemente antes de preparar "la ascensión" simbólica, enfrente un estanque del que emerge una especie de jardinera con tres cipreses y chapada con láminas de granito y cuatro traviesas de madera al frente, contiene una inscripción con alusiones de diferentes literatos españoles. Visto todo ello, ya estamos listos para ascender.

Pasarela, Arbol de la Vida y Palmeral del Paraíso

Esta pasarela ligeramente en cuesta, hace de senda iniciatica hasta el centro elevado, su suelo es de tablillas de madera sustentadas por tirantes metálicos que la unen con las dos estructuras de hormigón que se elevan hacia el cielo, las cuales simbolizan El árbol de la vida del que habla el Génesis y cuyo pasaje esta escrito en una placa. Ambas columnas se asientan en una plataforma escalonada, dando la impresión que son la entrada a algo, en sus jambas de madera (de nuevo el elemento orgánico) se asientan dos hojas metálicas que junto con otras unidas a ambas estructuras, dan un aspecto arborescente al conjunto.

La Fuente del Paraíso es lo siguiente que nos encontramos, cuatro arroyos parten de debajo de la plataforma, los cuatro ríos nombrados en el pasaje del Génesis reproducido en la base del Árbol de la Vida recién cruzado (capítulo 2, versículo 12 a 18, si lo quieres leer). Las acequias desembocan en la lámina de agua de un estanque tras un recorrido por una acequia perimetral que lo delimita, según el libro sagrado, la vegetación crecía exuberante en el lugar y así quiere representarse con el palmeral enclavado en el lugar, antes de que dicho agua descienda hacia los jardines de las tres culturas, que ya podemos visitar.

El primero que nos encontramos es el Jardín cristiano ó EL CLAUSTRO DE LAS CANTIGAS, obviamente su nombre hace referencia a Alfonso X el Sabio, protector de los eruditos judíos y musulmanes, de la cultura y de la ciencia, en especial, de la música. Un pórtico gótico con una campana nos recibe como en cualquier entrada de monasterio, al principio había una cuerda para hacerla sonar, pero la ignorancia convierte el uso razonable en abuso inconsistente y tuvieron que retirarla. Entramos en una planta cuadrada, en principio, delimitada por 12 columnas en cada lado y un banco corrido junto a un suelo enlosado simulando el pasillo, que nos recuerdan a un claustro conventual, más teniendo a la vista en el centro un templete abierto a base de arcos ojivales góticos de medio punto, como los que hay en cualquier catedral que se precie, incluyendo unos cristales en la cúspide a modo de vidrieras, está inspirado en las ilustraciones de las mencionadas Cantigas y hecho a cuatro espacios abiertos como si a continuación se trazasen las naves de la catedral gótica que falta por hacer; su uso hubiera sido como escenario para pequeños conciertos musicales. Situado en una plazoleta cuyas cuatro esquinas son estanques de agua que los separan de la columnata por jardines cuadrados, cuyos caminos forman pequeñas cruces dentro de la mayor que forma los dos pasillos centrales al cruzarse bajo el templete. La vegetación se relaciona con el mundo cristiano: lirios, romero, rosas, lavanda, laurel, manzanos... y simula ser la misma que solía cultivarse en los conventos para el alimento (hortalizas, verduras y frutas), la ornamentación (flores) y la salud (hierbas medicinales). Los estanques citados estaban llamados a ser órganos de agua, pero finalmente no se ejecutaron, eso sí, se dotaron de graderíos que representan los lugares de reunión y estudio de los contertulios monacales.

De ahí pasamos al Jardín islámico llamado LA ESTANCIA DE LAS DELICIAS, donde la geometría, la matemática y el agua son los elementos característicos; en el centro una fuente de mármol con una figura cónica como un piñón, surte de agua que una vez rebosa, escurre sobre un pequeño estanque octogonal de ladrillo, el cual a través de unos agujeros también octogonales en su base, lo deja correr hacia otros recipientes bajo la fuente que asoman su ladrillo y azulejo típico y colorido, se divide entre cuatro acequias que representan el agua, el vino, la leche y la miel, y  parten hacia dos aljibes bordeados por cipreses, situado al norte pero en plano más bajo que el de la fuente, dejándose caer en pequeñas cascadas a la par que unas escaleras descienden acompañándolas; lo cual crea un trazado perimetral como protegiendo el recinto. Diversa vegetación relacionada con la cultura islámica, tales como naranjos, rosas, jazmines... se incrustan en jardines adyacentes sobre una planta octogonal, atravesados por caminos que parten del centro del octógono. Sobre la fuente, un templete octogonal también, metálico acabado en celosía y pintado de blanco, recrea arcos de herradura árabes que señalan el camino de entrada al paraíso que, según la tradición, tiene ocho puertas como las descritas, hechas de oro y coronadas de diamantes y esmeraldas. Sobre gravilla y cemento, en cada esquina exterior del recinto, se distinguen cuatro palomares preparados para este ave, pero su influjo negativo sobre los monumentos, los ha dejado vacantes, eso sí, el trazado de ladrillo nos recuerda al alminar de las mezquitas árabes, verdadera inspiración cuando se hizo el jardín.

El siguiente y último es el Jardín judío, EL VERGEL DE LOS GRANADOS, usando este frutal como seña de identidad junto al mirto, al olivo, la vid... Una muralla como si del templo derruido se tratara, formada en parte con piedra traída de Israel, limita el cubículo donde se simulan las calles de la ciudad ideal relatada por el profeta Ezequiel; así mismo un manantial surte a una acequia que como el río que describe el profeta, va a desembocar en el Mar Negro, un oasis tranquilo, en este caso un estanque ubicado al final de la acequia y rodeado de olivos, con piedras que sobresalen del agua y las riberas cubiertas de vegetación típica, incluso alguna isla mantiene más olivos verdes y bien regados; el manantial es una fuente vertical de chorro y luces, sobre la estrella de David dibujada en el suelo, ubicada en un lateral de la plaza, cuya agua desemboca a través de una estructura piramidal de cinco vasos, sobre la acequia mencionada, que a su vez es atravesada por una pasarela símbolo de la llegada a la Tierra Prometida. Al este de la muralla se abre una puerta adintelada sobre la cual figura un pasaje de El Cantar de los Cantares, procedente del Canto Cuarto, versículos 12 al 15.

      

Entre la Estufa y el Jardín pasamos por el OLIVAR DE LA REINA SOFIA, se trata del antiguo olivar de la Hinojosa recuperado, al cual se le dio este nombre a partir de 1992 en la inauguración a la que asistió el matrimonio real. Su nombre reza en una placa situada cerca, sobre una acumulación de rocas graníticas colocadas de forma particular, emulando el paisaje original. Muy cerca de allí se encuentra la placa que nos recuerda el hermanamiento de este Olivar con el de Lima, Perú. Y un par de columnas de hormigón denominadas Hito I (foto superior izquierda) e Hito II trazan una línea imaginaria que señala el viejo camino del Olivar, que enlaza en el horizonte con los hitos que se levantan junto al Pórtico principal cerca de la entrada principal al Parque y también con otro hito situado en la plaza Este (foto superior derecha), al otro lado de la Ría, tras cruzarla sobre la pasarela que baja desde el Jardín de las 3 Culturas, plaza que mantiene un pequeño jardín a base de cuadrados arbustivos y bancos que forman otro cuadrado superior y una estructura de hormigón cuadrada a la que se ha añadido un tercer elemento que nos hace imaginar una puerta siempre abierta, evidentemente, una invitación a  traspasarla y adentrarse en el Anillo mágico que recorre circularmente el Parque, distinguiendo el interior nuevo del viejo exterior, la ciudad ideal de la ciudad caduca.

Jardín japonés en la Estufa Fría

En total son cuatro capítulos, al final de los cuales encontrarás un enlace al siguiente, así te ahorras volver al navegador. Y en el último están los enlaces a los otros tres anteriores, por si quieres repasar algo.

Pincha aquí para continuar la visita con LA SENDA DE LAS ESCULTURAS.


@ by Santiago Navas Fernández, 2021


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