martes, 8 de septiembre de 2020

SERIE PARQUES Y JARDINES DE MADRID XVI: LA QUINTA DE TORRE ARIAS

 


¿No os inspira esta puerta?, es la entrada a la QUINTA TORRE ARIAS, pero su estilo y hechura me trae recuerdos de EL CAPRICHO, de hecho, algo tienen que ver, como os contaré en este paseo de hoy por una de las pocas Quintas que se conservan y con más sabor, de la treintena que existió en la capital en sus buenos tiempos. Y por recordar, una Quinta era un espacio agrícola y ganadero que unos señores tenían en propiedad y daban a externos a cambio de un quinto de la producción, hasta que comenzaron a ser "de recreo" o simplemente, de producción, también hubo órdenes religiosas que las usaron para este fin y aprovisionamiento de sus monasterios, colegios, orfanatos, etc.





Actualmente cuenta con 51 especies distintas, pero esta finca que perteneció a la nobleza desde poco antes de 1600 hasta que en 1986 pasó a propiedad del Ayuntamiento (gracias a un convenio firmado siendo aún alcalde Enrique Tierno Galván) debió tener muchas más, entre ellas, especies de producción agrícola como viña, olivos (aunque de esos aún conserva), almendros (alguno hay también), frutales diversos y un montón de elementos más, pues está asentada sobre un terreno que era rico en agua, que le llegaba por dos vías: arroyos y los viajes del agua, entre ellos el de La Isabela, del cual se conserva una fuente más abajo del Palacio, y el de la Minaya, cuya fuente sí tiene agua, está protegida por vegetación y se la conoce como la Fuente del Tritón, animal que se representa en el frontal:


Pero vamos por orden, situémonos en la calle de Alcalá número 551 y entremos por la puerta de la foto del inicio de este artículo. No olvidar que este Parque sólo admite paseos andando, ni bicis (hay un aparcamiento para ellas), ni perros, ni comidas, ni bebidas, con un horario estricto y limitado, además, tiene ciertas zonas acotadas por obras o restauración, sin que se pueda acceder a todos sus recónditos espacios, que están rodeados de vallas o cintas que hay que respetar porque es muy importante para su conservación y recuperación, que así lo hagamos. Desde dicha entrada bajamos hasta la casa del guarda, dicen que junto al muro que da a la avenida (antigua carretera de Aragón) había unas  viñas de uva moscatel excelentes, pero, que no han llegado hasta nuestros días ya veremos en la historia del lugar por qué. 


Frente a la entrada de esta casita que tenía el hogar en el bajo, las habitaciones en el primer piso y el baño donde pillaras por los alrededores, hay unos extensos campos muy bien alisados (lo conseguían con un burro tirando de un rulo de hierro), que según dicen, estuvieron cubiertos de árboles frutales y cereales. A la parte de atrás, más de lo mismo, aunque también otros árboles como coníferas; los jardineros que lo restauran han elaborado una huerta (cuya producción reparten por las asociaciones de ayuda del barrio) y macizos florales diversos, tomaremos por ahí:


Nos adentramos a continuación, por un paseo de cedros y damos con la famosa Encina de más de 300 años; impresionante en su desarrollo, está protegida por un cordón para que nadie la toque, es una anciana, aunque de un atractivo aspecto, autóctona nuestra:


Poco más allá, pegado al mismo muro del perímetro de la Quinta, encontramos "el hotel de los insectos". Una construcción a base de restos de poda que intenta crear un refugio para que aniden abejas solitarias (¿sabías que hay cientos de especies distintas dentro de las abejas, avispas, abejorros, etc cada cual con su familia dentro de su especie? ¿y que había abejas que no viven en colmenas, sino que son "solitarias"? Pues yo me he quedado alucinando cuando me lo han contado); también pueden servir para otros insectos como "mariquitas", escarabajos, etc y su utilidad es aprovechar que todos estos "bichos" son beneficiosos para la agricultura. Es fácil construir los hoteles de insectos, tenéis montones de tutoriales en YouTube, pero la materia prima siempre son ramas, cañas o restos de poda, todo natural, a lo que hay que dar una facilidad para que los insectos aniden. En este caso, los jardineros de la Quinta además, han hecho arte, simulando un árbol, mirad:


Y es que la creatividad no tiene límites más que materiales y de esos, hay aquí de sobra, así que el espacio por toda la Quinta está cargado de pequeños detalles fruto de su arte. Aquí os dejo algunas muestras que deberéis ir descubriendo en vuestro paseo (no están todas): un lugar para dejar la bici (ya sabéis que no se puede circular con ella), un reloj de sol, un macizo de crasas, muñecos hechos con macetas viejas, un trenecito de troncos, etc.: 


Recuperemos nuestro paseo y volvamos al camino principal. Nos encontramos con los invernaderos, que están actualmente muy deteriorados, pero que destacan porque son los más antiguos que se conservan, instalados por el conde de Torre Arias tras comprar la Quinta, con una estufa a dos aguas, de forma que se mantuviera el calor más fácilmente:


Comienza una ligera ascensión que nos lleva hasta el antiguo cauce del arroyo de la Quinta, sobre el que se construyeron varios puentes que se conservan, aunque es necesario restaurarlos, por lo que están protegidos por vallas metálicas para que nadie se apoye sobre ellos. Dicho arroyo cruzaba la finca, seguramente surtiendo las huertas y jardines, pero debió de llevar cierta fuerza, pues los laterales del lecho se construyeron de ladrillo haciendo esquinas, de tal forma que la caída en tromba se atenuaba haciendo rebotar el agua de un lado a otro:


Una vez atravesado este puente, frondoso y salvaje en su vegetación, llevamos el mismo camino que hacía Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno, última condesa de Torre Arias, cuando venía cada mañana a relajarse en su finca, pues tras la muerte de su esposo en 2003 se volvió a su residencia donde hoy se ubica la Fundación que lleva su nombre, pero antes, vivieron en una casa hecha en la zona alta de la finca, por cierto, con un mal gusto que aún desluce cuando la ves. Pero eso es otro tema. Es muy recomendable echar un vistazo a la web de la Fundación: Fundaciontatianapgb.org, donde se esboza la vida de esta interesantísima mujer y su legado. Seguimos  hasta el "jarrón", junto al cual hay un pino carrasco centenario, se reconoce fácilmente por su altura, entre varios hermanos más:


Llegamos así a la parte alta de la Quinta, donde se ubicó el Palacio y a un lado la última residencia de Tatiana. Actualmente se encuentra en remodelación, al igual que los otros edificios, cuadras, piscina, etc. En 2016 el Tribunal Superior de Justicia de Madrid tumbó un proyecto por el cual se modificaba el destino de la Quinta, se permitía derruir edificios y se entregaban los terrenos a la Universidad de Navarra (el proyecto era de 2014 siendo alcaldesa Ana Botella ¿sorprendente?). La acción ciudadana a través de asociaciones de vecinos y otras entidades culturales, junto con el cambio de alcaldesa, dio pie a un proyecto de protección y reforma participativa, que es el que se ejecuta, según nos informa www.madridiario.es y www.abc.es, en el primer caso, incluyen planos de los edificios. 


A lo largo de los varios caminos que recorreremos, nos vamos a encontrar con un lavadero que estaba cubierto de pizarra y contaba con una estufa para calentar el agua, muy útil en invierno. Hoy sólo queda el suelo y la gran pila, pero más o menos podemos insinuarlo. También una fuente con estanque y la entrada del aljibe que recogía las aguas. Hay que decir, que la finca no tenía desagüe de fecales hasta que no se hicieron los cercanos pisos del INI, a cuyas alcantarillas se unieron. También encontramos otras construcciones bajando de vuelta, como la noria, el pozo, "la casa de las patatas" (hoy oculta por la maleza, pero era como la casa de los aperos y además servía de almacén), la piscina (no para bañarse, si no para recoger agua) a la que alguien ha puesto un surtidor, ...


Y podemos pasear por un lugar sombreado junto al lecho del arroyo, dotado con bancos en los que descansar y desde los que apreciar las antiguas acequias que iban a las tierras de labor, o pasear entre los tilos o sentarnos entre los pinos a imaginar qué fue aquel rincón hace años, también admirar el roble que está oculto por la yedra que ha hecho simbiosis con él y lo cubre totalmente junto a "la casa de las patatas" y la espada clavada en la roca, cuya foto ya vimos como una de las obras artísticas de los jardineros. Y también los viejos olivos y los soportes metálicos donde en su tiempo se colgaban los faroles que alumbraban los caminos y que están distribuidos por varios puntos de la finca...

Y siempre aprenderemos algo, como por ejemplo, a contar los años de un árbol talado, según sus anillos:


Y encontrarte con el homenaje vivo a uno de sus vecinos más activos en la defensa del patrimonio de la Quinta, Andrés Cabrera, fallecido en 2019 (ver información en aavvmadrid.org).


Vamos con un poco de Historia. La finca se sitúa en la línea de la carretera de Aragón, actual calle Alcalá, a lo largo de la cual se ubicaron otras quintas de recreo, sobre todo a partir de que la Corte se traslada a Madrid en 1561 como ya sabemos por otros artículos publicados en este blog. Y está en el antiguo término municipal del pueblo de Canillejas. Bien, pues en 1580 y hasta 1602, un indiano decide reunir tierras para hacer un legado de señorío a su hijo, era el conquistador Alonso de Alvarado y el hijo, el I conde de Villamor cuyo título otorgó Felipe III. Constaba de Palacio, Huerta y Palomar, requisitos muy importantes en la época. Se conoció como la Quinta de Canillejas. Pero cuando se une el condado de Villamor con el condado de Aguilar a través de una boda, pasaría a llamase Quinta de Aguilar. En 1670, la heredera casa con el conde de Frigiliana, el cual se decide a ampliar y mejorar la Quinta y sus jardines, adquiriendo los terrenos adyacentes al camino de entrada más un olivar. En 1710 reside en la Quinta el archiduque de Austria, candidato en la guerra de Sucesión, antes de entrar en Madrid y allí recibe los apoyos con que contaría para conseguirlo, que no fueron suficientes o el otro tuvo más. Así que la Quinta siguió su curso como productora agrícola y de recreo.


Pero las deudas se acumulan y en 1741 se la venden a la viuda del VII Duque de Osuna, abuela de la famosa Maria Josefa de Pimentel y Tellez-Girón que mandaría construir El Capricho (citado al principio para que, mediante el enlace, sigáis esa historia y la visita a dicho lugar). La nueva propietaria descubre que la finca es inhabitable, tal es el estado de abandono en que ha caído. A su muerte, los hijos deciden venderla, pues la madre se había endeudado hasta con dos hipotecas para levantarla y no se pudo. En 1750 sufre un incendio, alguien (un tal Antonio de Estrada) la compra con la intención de explotar su huerta, pero no le presta cuidados de reparación ni conservación. Finalmente se la entrega a los Dominicos que tenían el Colegio y Convento de Santo Tomás de Aquino en la calle de Atocha, que lo querían como huerta, pero tampoco pusieron demasiado empeño en su recuperación y mantenimiento. En 1772 la adquiere la rica industriosa navarra Maria Josefa de Arizcun Irigoyen, pero falleció sin llegar a recomponerla y sus herederos también la abandonaron (creo que debía haberse llamado "la Quinta de la falsa monea", porque nadie se la quea, en fin, bromas aparte...). La compra en 1818 el XV marqués de Cerralbo, que se declara carlista a la muerte de Fernando VII, por lo que tiene que exiliarse de España, siendo sus bienes confiscados en 1837 y durante los diez años siguientes, con lo cual la finca quedó abandonada otra vez. Vendiéndose por los herederos al X marqués de Bedmar en 1850, el cual inició un período de ampliación y recuperación y en 1861 se va a vivir allí con su nueva (segunda) esposa.


Parece ser que la viuda del marqués vendió la finca a la esposa del VII marqués de la Torrecilla, que la quería para regalársela a su hija, VIII marquesa de la Torre de Esteban Hambrán, con motivo del matrimonio de ésta con el VI conde de Torre Arias, Ildefonso Pérez de Guzmán el Bueno (padre de la famosa Tatiana que ya hemos conocido en este artículo). Cuando la hija lo hereda, ya es conocida como la Quinta de Torre Arias, y es cuando a cambio de unas rectificaciones de otros terrenos, la cede a término de su muerte al Ayuntamiento de Madrid, de forma que ella no gana nada, aunque sí con las recalificaciones obtenidas, pero el municipio no suelta ni un real con la propiedad. Y en 2014 se producen los hechos de intento de cesión a la Universidad de Navarra y la oposición política y ciudadana, la cual, junto con toda la historia detallada, os recomiendo leer (porque es muy interesante) en la página de la Plataforma Ciudadana Quinta Torre Arias, merece el esfuerzo (de donde he obtenido la anterior foto, por cierto). Y la imprescindible labor de Madrid ciudadania y patrimonio, por su solicitud de BIC y elaboración de informes.


Sólo añadir que el condado de Torre Arias fue instaurado por Carlos III y elevado a Grandeza de España por Alfonso XIII. Tras el fallecimiento de Tatiana sin hijos, el título paso a José Luis de Mesia y Figueroa, conde de Tamames, cuyos apellidos os sonaran de otro paseo que dimos por Carabanchel, ver en el artículo de El Parque de las Cruces en este mismo blog.


Además de la citada encina y pino carrasco centenario, podemos encontrar muchas variedades como arces, robles, almez, árbol del amor, almendros, pinos piñoneros, cedros, olivos, etc. arbustos y flores como rosas de pitiminí cuyo aroma nos recibe en la época adecuada. Y como la entrada es gratuita, podemos pasearlo en cualquier momento, eso sí, hay que comprobar los horarios no sea que nos demos el paseo "en balde", por cierto, que la estación del metro ya supondréis por qué se llama Torre Arias ¿verdad?


NOTA: esta estatua monumento al torero "Manolete" no está dentro de la Quinta pero sí al lado nada más salir del metro, coronando un pequeño jardín donde podemos ver huertos urbanos, zona de juegos infantiles y bancos para descansar. La estatua es obra en bronce del artista Luis Sanguino (que ha realizado notables trabajos en la ciudad de Madrid), inaugurada en 1997 en conmemoración ¡de su muerte! (sería por lo trágico), podían haber escogido conmemorar el nacimiento o la toma de alternativa, pero su fallecimiento fue muy traumático en el mundo de "los toros", pues Manuel Rodríguez (hijo, nieto, sobrino... de toreros) está considerado uno de los grandes maestros y ha sido sujeto de películas, canciones y diversas leyendas urbanas. Para más información sobre el monumento, ver el enlace patrimonioypaisaje.madrid.




Y no olvidaros de consultar más información en:







@ 2020, by Santiago Navas Fernández


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