Recuperamos posiciones de nuestra zancada anterior que dejamos en el espacio de la antigua Huerta de San Felipe Neri, donde acabó levantándose un edificio que hoy alberga la Biblioteca Nacional con entrada por el paseo de Recoletos y el Museo Arqueológico, que la tiene por la calle de Serrano. En cualquier caso, en el entorno a la plaza de Colón que es nuestro objeto. Así que vamos a ubicarnos en este último punto y seguimos adelante.
El Museo Arqueológico Nacional ocupa una tercera parte del edificio que forma junto a la Biblioteca Nacional. De similar estilo a su compañero, a este museo se accede por la calle Serrano y bajando una pasarela hasta el sótano, las escaleras que vemos de frente al entrar son para observarlas y admirar sus columnas y el equilibrio rectilíneo de sus formas. Sin embargo, encontramos dos estatuas de 1892 a los lados, de igual trazado que en la Biblioteca, corresponden a Alonso González Berruguete (1490-1561) obra del escultor José Alcoberro y Amorós (del que ya vimos otras estatuas), y la de Diego de Silva Velázquez (1599-1660) obra del escultor Celestino García Alonso. Y delante de ambas, sendas Esfinges, del escultor madrileño Felipe Moratillo Parreto, que en perfecto equilibrio con el conjunto descansan en dos bases de hormigón expresamente construidas para ellas; originalmente custodiaban la escalinata que daba acceso a la puerta central, siendo el resto ventanas que se abrirían posteriormente ensanchando la escalinata también.
La primera sede del Museo Arqueológico estaba en el Casino de la Reina, cuyo Parque y edificio conocimos en nuestra zancada titulada "de la Puerta de Toledo a Embajadores" (ver aquí), donde se exhibían todos los objetos, provenientes del fondo creado por Isabel II en 1867, hasta que en 1895 se situó en su actual ubicación, mostrándose como la recopilación de colecciones y de recuerdos ordenados que conocemos actualmente, provenientes unos de particulares, otros de adquisiciones y, por supuesto, las cesiones de otros museos (similar al proceso seguido y que relatamos en el Museo de Ciencias Naturales, visto en una de las Zancadas de la serie de la Castellana, ver aquí). Así que animaros a visitarlo, consultando horarios antes, claro. En el jardín previo encontramos un arco de piedra con unos vistosos capiteles y columnas procedentes del claustro del monasterio de Santa María la Real de Aguilar de Campoo, más una reproducción de las Cuevas de Altamira en una gruta artificial creada adrede entre 1962 y 1964; el origen de ésta se encuentra en el interés que el Museo Alemán homólogo mostró por hacer una copia de las pinturas de la cueva original, España impuso dos condiciones: que no se tocaran jamás los dibujos primitivos y que las copias fueran dos, la que ellos pedían más otra para quedarse aquí; gran visión del que se le ocurrió exigirlo. Por si acaso la réplica estuviera cerrada, aquí os dejo un vídeo donde se puede visitar virtualmente la mencionada réplica:
Por cierto, fijaros en un detalle: las rejas que rodean el edificio en las dos calles. Recordemos que son obra también de Jareño, el arquitecto que mejor usó el hierro en sus construcciones, las tres puertas (dos en la Biblioteca y una en el Museo) también son obra suya y son completamente iguales, constan de un frontón donde figura el escudo de España acompañado de dos leones tumbados y encuadradas entre dos voluminosas columnas de estilo griego, adornadas con dos medallones por el exterior con la efigie de Venus en el de la derecha y Atenea en el de la izquierda. La verja está trazada de forma modular para que puedan repetirse sus ornamentos. Y destacar también las farolas que acompañan la subida por la escalinata principal de la Biblioteca.
Damos la vuelta al edificio y observamos el Frontón de la Biblioteca Nacional, que seguro que nos llama la atención. Realizado por Agustín Querol en mármol, usó como principal atracción, la representación de las Letras, las Artes y las Ciencias como símbolo de la Sabiduría cuando trabajan juntas para la Paz y en paz (figura central). Está rematado por dos estatuas alegóricas de el Genio a la derecha y el Estudio a la izquierda (en las esquinas superiores) que rodean a la dama que sostiene el laurel de la Sabiduría, que no es otra que España misma representada como fémina junto al león de Castilla. Dentro del frontispicio, ese gran triángulo bajo las figuras dichas, la Paz se alza en el centro y a sus lados se extienden el resto de alegorías. En concreto, de izquierda a derecha de un lado, aparece la Guerra rompiendo una espada y le siguen la Poesía, la Elocuencia, la Música, la Arquitectura, la Pintura, la Escultura, la Filología, la Industria, el Comercio y la Agricultura; al otro lado, la Filosofía, la Jurisprudencia, la Historia, la Astronomía, la Etnografía, la Geografía, la Química, la Medicina y las Matemáticas. Además, en la escalinata (que podemos ver en la foto de portada de esta Zancada) nos esperan las estatuas de mármol que representan sentados a Alfonso X el Sabio y San Isidoro esculpidas por José Alcoberro y Amorós (1835-1910) en 1892. Arriba y en pie junto a las puertas, están esculpidos en ese mismo año y en piedra (de izquierda a derecha) las figuras de Antonio de Nebrija, realizado por Anselmo Nogués García; Luis Vives, tallada por Pedro Carbonell Huguet; Lope de Vega, esculpido por Manuel Fuxá y Leal; y Miguel de Cervantes de Juan Vancell Puigcercós. Luego vemos hasta 11 medallones, de los cuales cuatro están en la fachada sobre las estatuas descritas, estos corresponden a Calderón de la Barca, Juan de Mariana, Fray Luis de León y Francisco Quevedo; en la parte superior por detrás de la columnata se ve a Santa Teresa de Jesús en el centro rodeada hacia la izquierda por Arias Montano, Hurtado de Mendoza y Garcilaso de la Vega; y hacia la derecha por Antonio Agustín, Tirso de Molina y Nicolás Antonio. Bueno, pues una vez que subamos la escalera, ya podremos entrar y adquirir la sabiduría que emana del laurel que sostiene España por encima del frontispicio.
En la planta baja, sin subir las escaleras, se encuentran las salas de exposiciones temporales, por cierto, de gran interés y calidad, muy variadas. Y unos jardincillos donde podemos aprovechar para un pequeño respiro y que antaño estuvo labrado de esculturas diversas. Hoy tan solo dos cabezas nos observan. La de Antonio Machado, gesto serio que parece que le deben dinero (o quizá era al autor al que se lo debían) realizada por el escultor Pablo Serrano en 1966, siendo ésta de aquí una copia patrocinada por Endesa. Y la otra, junto a la entrada de coches por la calle de la Armada Española, representa al pintor Antonio Muñoz Degrain (1840-1924) elaborada el mismo año de su muerte por su amigo y escultor José Capuz Mamano. En el jardín de la medianera y justo delante de la salida de Renfe de Recoletos, el gremio de los libreros de Madrid promovieron una estatua que se situaría en donde se celebra tradicionalmente la Feria del Libro de Madrid inaugurándose el Día del Libro de 1984, luego trasladado en una remodelación a la ubicación actual; obra del escultor Manuel García Vázquez (que firma con el nombre de su pueblo natal, Buciños) y el arquitecto Joaquín Roldán Pascual que realizó el basamento, representa a dos niños concentrados en la lectura de un libro, con la espalda ligeramente inclinada hacia atrás y los pies colgando. Justo ahí se abre el semáforo para cruzar a la otra acera.
Nada más cruzar nos espera en el bulevar central una escultura de Andrómaca, obra de José Vilches (1815-1890) elaborada en Roma en 1853, merecedora de una medalla tres años después; en 1863 se depositó en el Real Conservatorio de Música trasladándose a su actual ubicación frente a la Biblioteca Nacional más tarde; representa a la figura mitológica inmortalizada en La Ilíada por Homero, esposa de Héctor e hija de Aecio, rey de Tebas. En el bulevar central se encuentra el monumento a Juan Valera, obra de su sobrino, Lorenzo Coullaut Valera, erigida en 1909, a propuesta de los hermanos Álvarez Quintero, para lo cual habían abierto una suscripción popular con tal fin. El busto en caliza preside el conjunto donde una mujer está sentada a sus pies, se supone que es Pepita Jiménez, y un bajorrelieve pastoral de Dafnis y Cloe en la trasera. El conjunto fue restaurado con motivo de la celebración de "Madrid, capital de la cultura" de 1992. Ubicado en el centro de una pradera y rodeado de flores, mira hacia la Biblioteca Nacional, que es a donde vamos ahora.
Al fondo y tras cruzar las vías del carril secundario del paseo que aquí comienza, asoma el Casino Gran Madrid con el Museo de Cera en sus bajos, inaugurado el 14 de febrero de 1972, siendo su primer figura la de Cristóbal Colón. Actualmente cuenta con muchas más de diferentes ámbitos, como la historia, el deporte, las artes, etc. y atracciones de terror, grutas heladas, tren fantasma, etc. En la acera vemos La rana de la suerte, la cual inauguró el actor Paco León en su inauguración en el 2014, había sido regalada por el Casino al Ayuntamiento para un periodo de exhibición de un año, pues aún sigue ahí; elaborada por el escultor Eladio Mora "dEmo" en un azul turquesa que es el color de la fortuna, tiene en su panza tatuados hasta 34 símbolos de la suerte, cuenta con más de cinco metros de altura y dos toneladas de bronce.
No dirigimos ahora al cruce con la calle Génova, en la isleta peatonal que se abre entre los dos sentidos de circulación de vehiculos, hay otra estatua que destaca por su voluptuosidad, es de Fernando Botero. Se trata de Mujer con espejo, la cual está dando "salva sea la parte" a las famosas torres ubicadas en esa dirección, será por casualidad, pero es. Se trata de una mujer tumbada y desnuda de volúmenes muy contundentes, que se apoya sobre una mano y en la otra mantiene un espejo, con un ligero toque de sensualidad, está realizada en bronce y descansa sobre hormigón en medio de una isla de césped, ¡ah, no, que ha desaparecido! Bueno, pues directamente en la acera. En 1994 Botero hizo una exposición de sus obras en el Paseo de Recoletos, regalando ésta al Ayuntamiento de Madrid (en la Plaza de San Juan de la Cruz vimos La mano, adquirida por la Fundación Telefónica y cedida a la ciudad de Madrid, dentro de la serie sobre la Castellana, ver aquí).
Y vamos ya con las Torres de Jerez, en cuya base, esquina a Génova, se encuentra la escultura "Herón" realizada en 1975 por el artista José Luis Sánchez (1926-2018) en bronce, con unas medidas de 170x330x120, encargada por el arquitecto de las torres, Antonio Lamela, y cuyo nombre tributa a la empresa que fue propietaria de los edificios por un tiempo. Una serie de volúmenes se articulan de forma abstracta surgiendo de una base de piedra, la cual en realidad tapa una salida de ventilación del garaje ubicado en el subsuelo. Detrás, pegado a la pared y en una sucesión con el interior, vemos un Olivo plantado en maceta de buen tamaño.
Las Torres de Jerez, el originario nombre dado por Rumasa que fue su primer dueño cuyo conocidísimo Presidente era natural de Jerez de la Frontera, se hicieron famosas por que se decía que fueron "construidas desde arriba hacia abajo", lógicamente, tras instalar el armazón principal, porque si no a ver cómo sostenían las tejas en mitad del cielo, que era lo que los más pequeños nos preguntábamos cuando oíamos decir esa frase. El sistema que se usó fue la distribución de cargas hacia la parte superior y concentración en un núcleo central de hormigón que se dirigía a los cimientos, en la parte superior dos estructuras unidas coronan ambas torres y desde allí se comenzó la construcción hacia abajo. También hubo una operación especial en los garajes, a fin de no invadirlos por columnas y, dada la escasez de planta, perder plazas. Para ello se construyeron unas plataformas sobre las que descansa el peso de las torres. Aunque no son paralelas, están unidas pero se dejaron tres huecos en su vertical, dos para ascensores en el centro de cada una, más otro para conducciones diversas, formando ese soporte del que hablamos. ¿Sabías que se planteó por un arquitecto el instalar entre ambas un huevo translúcido? me figuro que en homenaje "al huevo de Colón"; por suerte no se admitió, hubiera quedado en los anales del españolismo más gamberro.
Las Torres de Colón son las mismas, pero pasado el tiempo tanto su aspecto como su denominación y dueños han cambiado en diferentes ocasiones. Concebidas como residenciales en un primer momento, pasaron a un proyecto de viviendas turísticas (un adelantado a su tiempo el tal de Rumasa) que aún no eran lo problemáticas que son hoy, pero finalmente se quedaron en oficinas, cuyo coste de construcción era menor. Levantadas entre 1967 y 1976 por el arquitecto madrileño Antonio Lamela y los ingenieros Leonardo Fernández Troyano, Javier Manterola y Carlos Fernández Casado. Se ubican en lo que era parte de la Huerta de Loinaz que ocupaban desde la calle de Génova a la de Almagro y al paseo de la Castellana, un solar con la casa palacio de Luis de Silva y Fernández de Córdoba y un bloque de pisos cuya fachada seguía la curva de la plaza, también denominados «Edificios Gemelos», que fueron proyectados por Lorenzo Álvarez Capra y levantados en 1881. En ellos, vivió y escribió algunas de sus obras más importantes Benito Pérez Galdós. En 1964, el promotor inmobiliario vasco José María Osinalde adquiere los inmuebles, que pertenecían a la familia Azpiroz, en el número dos de la Plaza de Colón. Año en el que Antonio Lamela presentó un proyecto titulado Ordenación de la Plaza de Colón «abogando por la edificación abierta y en altura». En 2020 comenzó la remodelación del arquitecto Luis Vidal que le quitó el remate superior de estilo Art-Decó pero que todo el mundo conocía como el enchufe, para sustituirlo por un añadido de cuatro plantas más, como se ve ahora. En 2025 el despacho Garrigues se lo quedó en alquiler por 12 años.


A su lado un pequeño edificio que bien podría parecernos el Ayuntamiento de alguna población menor, es en realidad un palacete proyectado en año 1879 por el arquitecto Antonio Ruiz de Salces, responsable de la finalización de la obra de la Biblioteca Nacional. Actualmente propiedad del grupo bancario francés Crédit Agricole Indosuez, se conserva casi igual que se construyó. A su lado está el Palacio de Villamejor, sede del Gobierno español entre 1914 y 1977 en el que se trasladó a la Moncloa. Actualmente es sede del Ministerio de Política Territorial, pero la verdad es que no es tan llamativo como el anterior comentado. Lo que sí destaca es lo que vemos en la foto superior al lado, que es la representación de la Sagrada Familia en el portal de Belén (sin nada más que las tres personas) formada con luces, en el cruce con la calle Génova, y detrás el edificio del Casino adornado de Navidad. El cual nos sirve de despedida de este entorno tan particular.
@ 2026, by Santiago Navas Fernández

















