Cuando pensamos en Teatro Clásico, se nos va la cabeza al Siglo de Oro; y cuando hablamos de Teatro de la Comedia, una sonrisa nos inspira de qué va. Por eso, don Silverio López de Larrainzar, empresario de salas de juego (de las de entonces), dedujo sobre la segunda mitad del XIX, que Madrid necesitaba un lugar donde reírse y olvidar los tristes sucesos que España encadenaba dentro y fuera de la Península. Así que compró una manzana (edificio) con puerta a la calle del Príncipe, principal y fachada, y a la de la Gorguera, para los servicios propios del negocio ¿Y por qué aquí? Tengamos en cuenta el tamaño de Madrid en esa época, otras circunstancias como precio y oportunidad, más el hecho de que era zona de antiguos Corrales de Comedia, como el de la Cruz, en activo desde 1579 a 1859 derribado por Real Orden, o el del Príncipe hoy Teatro Español, desde 1582.
